Reconstruir el pasado es reconstruir la vida social develando mecanismos
de poder que identifican a una determinada sociedad a través de sus relaciones
sociales.
Claudia María Cóceres
Trabajo de análisis para el Seminario de Antropología Forense
1998 Facultad de Filosofia y Letras Universidad de Buenos Aires.
Realizado junto a Monica Aurand y Barbara Cutullé de la carrera de antropología.
1. Introducción
En
este análisis hemos querido desarrollar en forma descriptiva el proceso que
se produjo en Argentina desde 1976 hasta nuestros días. Dentro del contexto
histórico, político, social general buscaremos cómo repercutió en un área específica
-medios de información- y en los sujetos sociales que actuaron en ellos.
A
través de ello queremos identificar los mecanismos de violencia política tanto
ideológicos, discursivos como así también prácticas sociales y preguntarnos
acerca de su continuidad en el período post-dictatorial.
Hemos
intentado buscar todas las articulaciones posibles entre la cultura política
represiva y la sociedad que construye la significación de la violencia, no sólo
discursiva sino desde las instituciones donde se da una dinámica compleja. Es
en estas relaciones sociales de construcciones de significados en donde el poder
político puede plantearse como objetivos el ocultamiento o la verdad, el olvido
o la memoria.
2. Contexto histórico general
El
golpe de estado que se inició el 24 de marzo de 1976 se produjo por una crisis
económica y social. Los militares toman el poder sustentados por un marco político
represivo, siendo su objetivo transformar la economía y el comportamiento de
la sociedad. Para lograrlo se tomaron ciertas medidas: intervinieron la CGT
y a los principales sindicatos, prohibieron las huelgas, se eliminaron las negociaciones
colectivas de trabajo, se persiguió y reprimió a dirigentes sindicales y militantes
políticos, congeló los salarios por tres meses.
Se
eliminó el proteccionismo económico generando el sufrimiento de la economía
nacional frente a la competencia de los productos importados. En este período
tuvo auge la especulación sobre la inversión productiva y el riesgo empresario
empujando a las empresas a compensar sus pérdidas y sus quiebras en el circuito
financiero y de especulación.
La
crisis se extendió hasta el fin del gobierno militar, el peso fue devaluado
en un 400% y la inflación llegó al 100%.
Las
consecuencias de la transformación fueron: el aumento de la deuda externa, una
fuerte concentración del poder económico y del poder de decisión en unos treinta
grupos económicos y cien empresas transnacionales. Un proceso de desindustrialización
que reemplazó la producción por la especulación.
El gobierno político estaba constituido por la
Junta Militar compuesta por tres Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas.
El Congreso fue reemplazado por la Comisión de Asesoramiento Legislativo integrado
por nueve altos oficiales, tres de cada fuerza.
El poder judicial seguía funcionando pero había
áreas donde no tenía injerencia. Los jueces obedecían al poder dictatorial,
favoreciendo la represión ilegal. Sus objetivos eran:
o Sustracción
de civiles de sus jueces naturales para procesarlos ante tribunales militares
inconstitucionales.
o La
facultad del poder ejecutivo para disponer condenas de hecho.
o La
sanción de leyes que tenían función preventiva a las detenciones en manos de
las Fuerzas Armadas o que establecían que toda prueba recabada sobre la prevención
era considerada plena prueba hasta que se demostrara lo contrario.
Se prohibió la actividad de los partidos políticos,
de las asociaciones, confederaciones y sindicatos. Hubo un uso discriminatorio
de la ley y se inauguró un proceso de deslegalización de la vida social, se
suspendieron las garantías en tanto la legalidad constituía un obstáculo a la
violencia de la represión.
Las Fuerzas Armadas argentinas desarrollaron una
metodología y mística que justificaba toda clase de medios para desarrollar
la “Doctrina de Seguridad Nacional”, entre ellos, la tortura y el crimen.
Desde los aspectos culturales los valores que se
impusieron fueron los del orden y la sospecha, se pretendió desterrar el lenguaje
considerado subversivo prohibiendo dinámicas culturales. Se instaló el miedo,
el rechazo a determinados intelectuales y a la cultura letrada. Hubo una actividad
de control o de censura, basándose en la exclusión material o simbólica de los
autores y obras, asumiendo varias formas o modalidades.
Ya a fines del año 1981 el poder del régimen comenzó
a debilitarse y al año siguiente, la guerra de Malvinas buscó poner fin a la
declinación. “El gobierno tuvo entonces una victoria política, al sintonizar
con vetas nacionalistas y antiimperialistas de la cultura política argentina,
así como son sentimientos de formas más pueriles -chauvinismos, triunfalismo,
belicismo acrítico-. La sociedad que había festejado el triunfo argentino del
Campeonato Mundial de Fútbol ahora se alegraba de haber ganado una batalla y
con la misma inconsciencia se disponía a avanzar, si era necesario, hacia la
guerra”. (Sábato,1994)
3. Violencia política
Aquí
estableceremos la diferencia entre violencia estructural y violencia institucionalizada.
La
violencia como forma de dominación entre los sujetos sociales, dónde se debe
justificar el uso de la coerción y la violencia para gobernar. En este caso
en particular, la violencia, emana del estado terrorista, que se dirige a conseguir
un determinado objetivo político. Los objetivos que tuvieron los gobiernos dictatoriales
se basaron en la ideología proveniente de la “Doctrina de Seguridad Nacional”.
La
violencia está interpretada desde lo que está fuera del derecho o del orden
jurídico y que puede actuar abiertamente o de manera simbólica.
Él sistema jurídico-político que institucionaliza
la concepción bélica de la política es construido y justificado a través de
los siguientes mecanismos:
1- el concepto de Seguridad Nacional que depende
de la percepción coyuntural que tenga el mando militar: existe indefinición
acerca de la seguridad nacional, los derechos y las libertades; los tipos penales
no existen. Son vagos o están en blanco.
2- el sistema político es antipluralista y lo prohibido
cae en una indefinición dando la posibilidad abierta de "redefinir al enemigo
interno", transformando en factor dinámico y legitimante del régimen, negando
derechos y libertades a clases enteras de individuos. Se niega no sólo derechos
políticos, la protección de la ley y la justicia: "se les negó la identidad
nacional, su pertenencia social y se los convirtió en extranjeros y apátridas
dentro de su patria." (Valdés, 1987)
Mecanismos del sistema represivo:
Los siguientes son cuatro elementos originales:
1. La clandestinidad
2. La violencia
3. La figura
del “desaparecido” 11 "Debido a su naturaleza una desaparición
encubre la identidad de su autor. Si no hay preso, ni cadáver, ni víctima, entonces
nadie presumiblemente es acusado de nada" Amnistía Internacional, Desapariciones.
Editorial Fundamentos, Madrid 1983, citado por: Dussel, I., op.cit. (personas
secuestradas por fuerza del estado sobre las cuales nada volvía a saberse).
4. El ocultamiento
de los hechos que parecía destinado a ser el eslabón perpetuo de la cadena;
le seguía la negación de lo que había ocurrido y más tarde el olvido.
El secuestro, la tortura y la muerte fueron los
tres elementos básicos de la represión. La tortura fue la metodología empleada
en los centros clandestinos de detención donde las técnicas de destrucción psicofísicas
apuntaban a la desintegración de la persona. En los centros clandestinos de
detención era pésima la alimentación, desastroso el estado sanitario y de higiene,
de profundo antisemitismo y de colaboración de algunos prisioneros. La muerte
y el exterminio como consecuencia de la tortura por el fusilamiento colectivo
o individual o por el lanzamiento al mar fue “la ejecución de una fría decisión”.
4. Cultura e Ideología represiva
Como
sustentación ideológica de esta dictadura se implanta el terrorismo de estado
instaurándose en las políticas sociales, institucionales, represivas, educativas
y comunicacionales. La ideología en la cual se basaban derivaba de la Teoría
de Seguridad Nacional donde se suponía a las Fuerzas Armadas como la última
reserva moral del país ante la claudicación ética del poder civil y a su acción
del gobierno(CONADEP, 1984)
Dentro
de la implementación de la cultura del miedo y del terror instalado, imperaba
la filosofía del "por algo habrá sido" y "en algo andarían”.
Se construyó un consenso ideológico donde la sospecha legitimaba el método represivo.
Este
proceso se fue modificando en el transcurso del tiempo apoyando primero la represión
(porque humanamente el secuestro, la tortura y el asesinato generaron rechazo);
la sociedad no opinó de la misma manera sobre todos los secuestros y homicidios
del proceso. Si bien en un principio admitieron el estereotipo que le presentaron
los militares, poco a poco, lo fueron rechazando porque les resultaban extraños
y luego directamente repudiables y sólo finalmente terminó censurando todos
Para
justificar los métodos usados por los militares, éstos y sus defensores (abogados
o no) suelen decir que en la Argentina hubo una guerra, que además fue una guerra
sucia no convencional.
La
tortura se justificaba para obtener información que “salvaría vidas”
y según el general Harindeguy la justificaba como método de investigación para
lo cual era necesario detener a la gente para saber si sabían algo. Se justificaba
el procedimiento de los fusilamientos apelando a los antecedentes históricos.
Se justificó la persecución política e ideológica
discriminando por motivos religiosos, particularmente se fomentó el antisemitismo
por ser una deformación de lo cristiano y lo religioso en general. Se
forjó una identificación en todo el personal represivo “una moral de combate”
con el objetivo de tranquilizar sus conciencias y donde no se cuestionaba absolutamente
nada acerca de la persecución y castigo a las minorías terroristas o a las distintas
expresiones políticas, sociales, económicas y culturales.
Se
puede distinguir dentro de estas dictaduras elementos nacionalistas impulsados
por el ejército y la ideología fascista al igual que toda doctrina de carácter
totalitaria, integral y cerrada que pretendían erradicar las diferencias mediante
la imposición forzada del consenso para eliminar intereses y visiones diferentes.
"La ideología fascista no oculta que su visión es antidemocrática y admite
que demanda la oficialización de distintas formas de segmentación en la población
y la consagración del apartheid político".. (Tapia Valdes, 1992)
El poder como uso disciplinario no consiste en
suprimir ni el conflicto ni la violencia sino el hombre conflictivo, creando
un hombre adocenando y acrítico.
La violencia tuvo características de violencia
institucionalizada ya que se instauró desde las mismas estructuras de poder
que no permitían la posibilidad de opinar, legitimándose en el nombre de la
tradición y el bien común. El uso de la violencia se dio como una norma común
de relación con el opositor. Una forma legítima de recurrir a la violencia como
modo normal de relación y dominación, porque existe un "enemigo interno
y oculto".
Producción de Lenguajes durante el proceso:
La práctica discursiva del terrorismo de estado
también se basó en un léxico específico que lo caracterizaba. Por medio de las
letras “T” o “L” simbolizaban la suerte que correrían los secuestrados de la
E.S.M.A. la “L” significaba liberación, es decir, que al prisionero se le perdonaba
la vida, “T” era traslado, un eufemismo para referirse al homicidio. (DUSSEL,
1997:61)
Los lenguajes fueron también sectorizados. El discurso
sobre la mujer se coloca en su papel dentro de la familia, institución que pretenden
convertir en pieza clave de su proyecto de reorganización nacional. ¿Reorganización
nacional? ¿Reorganización familiar? una y otra no podrán hacerse sin reajustar
el rol de "la primera de las sociedades naturales" y el papel que
desempeñan en ellas las mujeres. Por cuanto las sociedades naturales tiene leyes
naturales previas a toda organización social, el camino será recomponer dicho
orden: autoridad paternal, subordinación femenina, policiamiento familiar. Cada
célula de la sociedad, pensada como una célula básica del régimen.
El ideario era presuntamente occidental y cristiano,
donde el militarismo y el patriarcado apuntalaban a las mujeres. Se fortaleció
la familia patriarcal organizada jerárquicamente, presidida por el padre, conservadora
en sus valores, represiva en sus prácticas, naturalizadora en su razón, esta
institución también fue utilizada para consolidar el proceso. Frente al discurso
y prácticas que impulsaba el proceso para las mujeres y sus familias se contrapuso
el de las maestras, militantes barriales y feministas, mujeres en los Derechos
Humanos planteando el contra modelo que luego tomaría forma en las Madres de
Plaza de Mayo.
El objetivo político era el de construir la "Argentina-Potencia"
teniendo como objetivo geopolítico poblar la Nación y cuidar las fronteras;
se tenía como valor el de alentar la procreación y prohibir los controles natales.
Otro de los ámbitos de control ideológico eran
las escuelas, los maestros, los libros y actividades que se desarrollaban en
las aulas. "El accionar subversivo se desarrolla a través de maestros ideológicamente
captados que inciden sobre las mentes de los pequeños alumnos, fomentando el
desarrollo de ideas o conductas rebeldes, aptas para la acción que se desarrollara
en niveles superiores (...) En este sentido se ha advertido en los últimos tiempos
una notoria ofensiva marxista en el área de la literatura infantil" (J.J.
Catalán, Ministro de Educación).
El control en el área comunicacional se dio a través
de los mecanismos de censura. Se detenta una "función resguardadora"
de lo que los demás deben saber o no en el plano de las prácticas sociales y
la ideología.
Visto desde el derecho político se constituyó en
una actividad administrativa tendiente a controlar la circulación y difusión
de ideas e informaciones entre los ciudadanos. El control de prensa, radio,
televisión, cine, teatro, discos y libros se llevan a cabo generalmente por
medio del examen previo; y el de correos y telecomunicaciones a través de su
intervención. La censura representó un impedimento a la libertad de expresión.
El lenguaje utilizado en esta cultura de violencia
daba cuenta de la perversión, el sadismo y la paranoia de dos mundos, uno público
y otro secreto y donde el lenguaje se transformó en un instrumento de tortura.
Se evidenciaban los objetivos de muerte en los discursos que pronunciaban los
militares y las contradicciones a la hora de convencer a la población.
La Junta Militar proclamaba, por ejemplo, "El
congreso tiene que ser disuelto para rejuvenecer a la democracia". "Nosotros
que creemos en la democracia pluralista estamos luchando una guerra contra quienes
idolatran el totalitarismo, aquí y hoy, contra quienes favorecen la muerte y
por quienes defendemos la vida", sostenía Massera.
"No vamos a luchar hasta la muerte, vamos
a luchar más allá de la muerte, hasta la victoria. Por el amor de la vida, por
el respeto a los que cayeron y a los que caerán, en nombre de los que están
por nacer, de aquellos que tienen miedo". El contexto de este último mensaje
era la Escuela de Mecánica de la Armada, ante oficiales de Marina encargados
de arrojar gente viva desde un helicóptero al Río de la Plata. Un capellán de
la Marina sentenció frente al mismo auditorio que "esa era una forma cristiana
de muerte". (Barón, 1998)
El lenguaje que coaccionaba y fortalecía el espíritu
de cuerpo era promovido por el alto mando con el objetivo de hacer algo grandioso
haciéndoles creer que los oficiales de las fuerzas armadas eran la reserva moral
de la población y que la salvación dependía de ellos.
El mensaje justificatorio era que ellos no estaban
asesinando, sino que la misión era vencer a la muerte. Massera proponía conducir
a la vida a través de la represión, la libertad y los asesinatos.
También se planteó la negación total de los hechos.
Videla cuando habla con los periodistas extranjeros, afirmó en una oportunidad:
"Desmiento enfáticamente que existan en Argentina campos de concentración
o establecimientos militares donde la gente sea detenida más del tiempo necesario
en esta lucha contra la subversión. Yo vivo con mi familia en una zona militar
y estoy seguro de que no vivo en un campo de concentración."
Existió además una declaración explícita de propósitos
de parte del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Ibérico Saint-Jean,
cuando dijo: "Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores,
después a sus simpatizantes y luego a quienes permanezcan indiferentes: y finalmente
mataremos a los tímidos”
Dentro de esta cuestión de vocablos de violencia
la palabra "desaparecido" fue utilizada desde el poder para poder
negar los secuestros y asesinatos de miles de personas. "De acuerdo con
el general Viola, un desaparecido era alguien que estaba ausenta para siempre."
(Barón, 1998). Desde el punto de vista oficial, un desaparecido era alguien
que no estaba ni vivo ni muerto, ni allá ni acá.
Existió palabras tales como "terapia intensiva"
que significaba tortura. "Parrilla" era la mesa metálica de tortura;
"asado" era la quema de los cuerpos de quienes morían durante la tortura.
La "huevera ", la cámara de torturas
en la ESMA, cuyas paredes estaban recubiertas con cartones de huevos para que
no se escucharan los gritos. "Trasladar" significaba llevar a los
prisioneros para el exterminio; "comida de pescado", prisioneros que
serían tirados al río. "Perejil" es una palabra que viene de la guerra
de Argelia y significa que una persona no vale nada.
¿Quién era el subversivo? Podía ser cualquiera,
era una categoría maleable y que podía adoptar cualquier forma. Esta guerra
a diferencia de la clásica, no esta materializado en el tiempo su iniciación,
ni tampoco hay una batalla final que corone la victoria. No tiene dimensiones
geográficas especificas; "esa guerra no tiene líneas claramente definidas
del lugar por donde corre el frente de lucha" (Discurso del general Viola).
El enemigo es identificado como sumiso a una estrategia coyuntural. "El
enemigo no tiene bandera ni uniforme y ni siquiera tiene rostro". "Esa
identidad disuelta en el oceánico anonimato colectivo se cristaliza en la siguiente
frase "Sólo él sabe que es el enemigo".
Construcción del otro
La construcción de identidades de violencia política
habla de cómo se plantea la resolución de las relaciones entre los sujetos.
No podemos definir identidades fijas ya que son actitudes que se actúan.
Desde el presente podemos ver las diferentes actitudes
frente a lo que se constituye como un "Patrimonio mortífero" y lo
que se construyó como el " museo del Terror".(Iplicjian, 1997)
Las distancias sociales son las que determinan
los tipos de relaciones.
Para el totalitarismo había que categorizar al
enemigo haciendo que los torturadores tengan una ruptura de lazos con el otro,
desconociendo su existencia, deshumanizándolo. Levis-Strauss habla de grado
de humanidad a partir del lenguaje y de los ritos funerarios; ambos constituyen
acciones sociales que expresan el pasaje de la naturaleza a la cultura. En el
caso de los desaparecidos se evita su libre expresión, su lenguaje, negándoles
su "cultura" y se los deshumaniza negándoles el ritual funerario que
lo identifican como "humanos".
Se hace un vacío del "Otro", se lo descalifica
ya que "Nadie tortura a su igual, nadie arroja a su igual por la puerta
de los aviones". En la tortura se pone en juego precisamente un mecanismo
de deconstrucción del otro, se trata de vaciarlo de su humanidad, de considerarlo
una cosa, un número. La desaparición forzada de personas fue la técnica del
terrorismo de Estado; donde los niños de los desaparecidos fueron tratados como
propiedades, como botín de guerra.
Iplicjian establece características de las actitudes
en esta cultura de violencia, definiendo como idiotas a los que no son ciudadanos
y desconocen al otro (como un igual y como ciudadano), la actitud de los que
estaban-están de turistas con una actitud de aquél que no entiende nada y sólo
adopta una posición voyeurista. Ellos, los turistas no sabían nada, se enteran
por los medios, "esto pasó pero le pasa a otro" hay una ruptura absoluta
de lazos sociales con el otro, desconoce la existencia del otro.
Este autor también categoriza a los torturadores
como imbéciles ya que la ley de obediencia debida establece que como adultos
no han podido distinguir entre lo que la moral promedio entiende por bien y
por mal y han actuado por cumplir sólo ordenes.
Estos turistas, idiotas y ciudadanos resolverán
que ha de acontecer en el campo de lo social.
En esta construcción del otro como víctima de la
violencia las víctimas fueron muchas; pero el verdadero objetivo eran los vivos,
el conjunto de la sociedad que, antes de emprender su transformación profunda,
debía ser controlada y dominada por el terror y la palabra.
-
Medios masivos durante la dictadura
Los gobiernos militares desarrollaron su actividad
de control y censura de la cultura basándose en la exclusión material o simbólica
de los autores y obras.
La
primera y más dramática exclusión fue la desaparición física de los periodistas,
el cual fue el sector más perseguido y reprimido, ya que tenían que silenciarlo
por el cuestionamiento público que pudieran generar.
La persecución hacia los trabajadores de prensa
se hizo notar ya desde el primer día con el comunicado número 19 en el cual
se hizo saber que: sería “reprimido con reclusión de hasta 10 años el que por
cualquier medio difundiere, divulgara o propagara noticias, comunicados o imágenes
con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar la actividad de las
fuerzas armadas, de seguridad o policiales”. (Nunca Más, 1984:367)
“Se
intervino militarmente a la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa;
se expulsó a corresponsales de agencias extranjeras y se requisó haciendo incinerar
numerosos libros de bibliotecas privadas y públicas” (Nunca Más, 1984:367)
El
aparato terrorista trataba de desalentar el menor intento de crítica al gobierno
y por esta razón se mantuvo desinformada la opinión pública sobre lo que estaba
sucediendo. En los primeros tiempos se evitaron la publicación de “solicitadas”
con la lista de las personas buscadas por sus familiares; luego fueron prohibidas.
Esto generó que la población creyera en la inexistencia del problema.
Pero
el poder autoritario no sólo emana de las instituciones sino que se ve en el
sujeto que es el periodista con el rol social que implica no sólo desde su profesión
particular sino en relación al medio en el que trabaja.
La agresión directa fue tomada como la imagen de
una amenaza social a su sociedad "Cada vez que los periodistas son asesinados,
arrestados o secuestrados, se produce un clamor público por un tiempo. Sin embargo,
cada vez que el horror y el shock, que acompaña al crimen ha pasado, el entusiasmo
por acciones efectivas decae y el problema es relegado hasta el último compartimento
de los intereses gubernamentales hasta la próxima tragedia".
La frase pertenece al sociólogo irlandés Sean Mac
Bride, quien coordinó una comisión de la UNESCO donde se reclamó un Nuevo Orden
Mundial en las Informaciones y las Comunicaciones. Pero Mac Bride no imaginó
entonces que doce años más tarde una comisión de seguimientos de atentados contra
periodistas de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) iba a develar
que por lo menos 515 de ellos fueron asesinados o desaparecidos en América Latina
entre 1970 y 1992. La Argentina tiene el penoso honor de contar con 126 de esas
víctimas entre sus periodistas: 91 desaparecidos y 25 asesinados.
-
Luchas simbólicas en los medios.
Otra
forma de exclusión era obligando a los intelectuales a huir del país o constituir
con sus nombres “listas negras” obligándolos a guardar silencio. También se
manejaban “listas negras” de obras “no aconsejables” “disolventes” o directamente
“inmorales” (Dussel, 1997:35), a causa de sus “ataques” contra la familia, la
religión, la moral, la tradición y otros valores de nuestro sistema de vida.
Además estaba como disciplina sospechosa el psicoanálisis, el marxismo, la historia,
la política y la matemática moderna.
Durante este período los medios que apoyaron los
gobiernos militares manipularon los discursos desde lo emotivo presentando a
niños "abandonados por sus padres montoneros" (SOMOS, 30-12-1979).
Esto lo hicieron sin especificar información fidedigna donde tampoco figuraba
el nombre del autor.
Las revistas femeninas llevaron al frente campañas
psicológicas para convencer con golpes bajos.
El control y el miedo también
se difundían desde los medios para que las madres pudieran ver "el mal
camino que sus hijos podrían seguir" y donde los organismos de derechos
humanos son colocados en tela de juicio. Desde los medios se pugna por representar
"el verdadero rol de una madre" contraponiéndolo con el de las Madres
de Plaza de Mayo, madres de los subversivos-terroristas. Algunos periodistas
encubrieron, fueron cómplices, colaboraron en la apología del delito, la corrupción
y política.
Las revistas mostraban las imágenes de jóvenes
que necesitaban ser guiados y conformistas ante el sistema autoritario; además
se alentaba a que delataran si en sus escuelas había "infiltración marxista".
Desde la revista Vosotras (edición del 24-9-79)
se exhortaba a apoyar al gobierno desde la dicotómica elección: totalitarismo
o democracia. Allí la imagen democrática era mostrada como el "caos económico"
y "donde el gobierno del pueblo entregaba las universidades a los guerrilleros
y sembraba el pánico y el terror".
En la revista Para Ti (edición del 14-12-81) desde
una encuesta se reafirmaba la falta de responsabilidad, la inmadurez, indiferencia,
desinformación, falta de compromiso, apatía e ignorancia para que la sociedad
accediera a las urnas y poder votar.
En un artículo de la revista Para Ti (edición del
11-12-78) se alertaba sobre la bibliografía que contenía ideología marxista
y donde estaba: “agazapado el enemigo". La nota llevaba como título "Más
libros que no deben llegar a nuestros hijos" tales como "La Biblia
Latinoamericana", "Dios es fiel", Historia de un Puente, La semana
boom de Manuel German y El evangelio en el aula. Este último libro de René Trossero
pretendía valorar a los jóvenes sus ideas de cambio, promovían la madurez en
decisiones propias fuera del paternalismo político y llevaba a reflexionar a
transformar la sociedad. Además buscaba profundizar la crítica del mismo sistema
educacional y sus objetivos estructurados y conservadores. Todos estos conceptos
eran totalmente condenados por el sistema y criticados por sus defensores.
El 24-9-79 surgió la propuesta de la revista Para
Ti "las argentinas le escriben a la comisión de derechos humanos",
ante la visita de dicha comisión, la revista "armó" una encuesta que
proclamaba con distintos testimonios lo "mal que se había vivido con el
gobierno anterior y lo bien que se estaba ahora". "Las Fuerzas Armadas
argentinas se ocuparon de liberarnos del flagelo del terrorismo que nos azotó"
hablan apoyando al sistema desde los testimonios.
Los medios masivos fueron un mecanismo de reafirmación
de los valores que se quisieron imponer desde los discursos en general y en
particular teniendo en cuenta los distintos sectores sociales.
Las radios también sufrieron de censuras, levantamientos
de programas, clausuras de emisoras así también temas y personas de las que
no se podía hablar "por órdenes superiores". Algunos artistas "prohibidos"
en las radios fueron: Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Horacio Guarany, José
Larralde, Sui Generis, Rodolfo Mederos, Arco Iris, Vox Dei, Litto Nebbia, Anacrusa,
Luis Alberto Spinetta, Almendra, Invisible, Charly García, Nito Mestre, Joan
Báez, Led Zeppelin, Frank Zappa, Génesis, Focus, Chico Buarque de Hollanda,
Vinicius de Moraes, Toquinho, Bob Dylan, Los Beatles, entre otros.
Las emisoras aparecieron como asesores literarios,
personas que en realidad se dedicaban a registrar todo aquello que se decía
al aire. Al igual que había ocurrido con los canales de televisión, las Fuerzas
Armadas se repartieron las emisoras radiales.
Casos concretos de diferentes formas de censura:
Walsh Repercusiones de la "Carta de un escritor
para la Junta Militar" (24/03/77). Rodolfo Walsh en su carta denuncia el sistema
económico, caídas salariales, aumento récord (9%) de la desocupación, disminución
de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional y la violación
de los derechos humanos. Walsh es desaparecido al día siguiente de la publicación
de la carta, la cual tuvo importante repercusión internacional.
Esto evidencia que no había un consenso compacto
y que los sujetos sociales buscaban alternativas, formas para hacer llegar lo
que internamente estaba sucediendo.
Dentro de los medios gráficos hubo quienes sustentaron
la ideología imperante, como por ejemplo la revista Para Ti. Y en contraposición
varias publicaciones asumieron posturas opositoras, como ser la Revista Humor:
fue una revista que generó códigos de resistencia entre sus lectores.
"El semanario representó un desafío audaz al régimen
a través de entrevistas y testimonios (como dejar que la gente hable en una
época de silencio) o ácidos libelos contra la corrupción militar y la decadencia
de la vida social. Combinó chistes atrevidos con informes periodísticos serios,
en una diversidad de temas que abarcaban desde las costumbres de las oficinas
y las clínicas hasta la censura y el exilio de artistas e intelectuales"22
Adaptado de MASIELLO, F., La Argentina durante el proceso: las múltiples resistencias
de la cultura, en: “Ficción y política. La narrativa argentina durante la dictadura
militar” Alianza, Buenos Aires, 1987, citado en: Dussel, I., op.cit.
7. Mecanismos de olvido y Construcción de la
memoria
El Informe Internacional de Ataques contra la Prensa
1991 editado por el Comité para la Protección de Periodistas da cuenta que las
agresiones continúan a los periodistas que pretenden dar visiones diferentes
a las que el gobierno de turno democrático pretende imponer y que claramente
no lo favorecen.
Desde diciembre de 1990 la Unión de Trabajadores
de Prensa recibió casi un centenar de denuncias sobre agresiones sufridas por
periodistas, tanto físicas, como presiones judiciales y psicológicas.
La UTPBA publica en su revista sindical que desde
diciembre de 1990 a mayo del 1993 se produjeron 50 agresiones físicas, 27 amenazas,
7 detenciones y por lo menos 13 enjuiciamientos por desacato, calumnias e injurias
y difamación.
La mayoría fueron agresiones producidas por funcionarios
gubernamentales, le sigue los ataques policiales, las fuerzas armadas y el poder
judicial; esto nos plantea interrogarnos en qué medida la violencia política
se reproduce institucionalmente. Los periodistas explican que "estas agresiones
son motivadas en general por el alcance de nuestras investigaciones" Rubén
Grobba periodista golpeado duramente mientras cubría las investigaciones en
el caso de María Soledad Morales. Jorge Greco de la revista Somos, que el 3-12-90,
recibió esquirlas de balas en el pecho en frente de la Casa de Gobierno, en
Capital, aseguró que existen ciertos dirigentes y varios personajes que se han
convertido en protagonistas y no pueden soportar que alguien cuente parte de
la realidad en forma objetiva y los deje en una posición incómoda.
Durante el año 1993 se publicó la revista sindical
del gremio de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, (año 1 N*1)
con la consigna "la peor opinión es el silencio". En esta publicación
en la sección Los Medios y La Dictadura se refieren a estadísticas que demuestran
que determinados medios publican la vida privada de quienes fueron ocuparon
cargos públicos durante la dictadura.
Se cuantifica allí la frecuencia de aparición y
los centímetros de espacio que se les dio a cada ex- dictador, señalando que
se los presenta "con hipocresía y oportunismo empresarial en las publicaciones
cholulas que disimulan de mala manera, que sólo se trata de darles espacio a
uno de los nuestros".
Los recortes discursivos que hace la revista sindical
demuestran que tanto la revista Gente como Caras, representan a Jorge Videla,
Onganía, Martinez de Hoz, Cacciatore, Bignone como cuidadanos comunes en familia
o concurriendo a misa como ciudadanos comunes y sin ninguna referencia a sus
pasados.
Sergio Darco camarógrafo del canal 6 de Caballito
que el 11-4-93 fue detenido y golpeado durante horas por efectivos de la policía
de la provincia de Buenos Aires afirmaba que "este tipo de agresiones buscan
amedrentar a los periodistas para que se informe sobre lo que se sabe, porque
les molesta la verdad; no quieren que trasciendan las cosas que les duelen al
poder". Revista UTPBA.
Los
efectos de la dictadura dejaron secuelas en toda la sociedad no sólo con los
desaparecidos, exiliados y censurados, sino también por las pugnas por reconstruir
esta historia que explicaba lo que una sociedad hizo sobre sí misma.
Si bien la defensa de los Derechos Humanos durante
este período recayó sobre organismos tales como, Servicio Paz y Justicia, Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos, Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos,
Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, Organización
de Madres de Plaza de Mayo, Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Madres
de Plaza de Mayo –Línea Fundadora -, Abuelas de Plaza de Mayo, Centro de Estudios
Legales y Sociales (C.E.L.S.), Hijos por la Identidad, la Justicia, Contra el
Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S.), desde los medios también se seguía tratando
de construir formas democráticas y contribuyendo a la memoria.
Escenificación de pugnas mediáticas de los
“nacidos en la sombra”
Analizamos el caso particular de los mellizos Matías
y Gonzalo Ricardo Tolosa, hijos de desaparecidos, nacidos durante el cautiverio
de su madre y criados por el ex-subcomisario Samuel Miara y su esposa.
Tomamos
este caso porque tuvo un debate público intenso donde los medios y periodistas
pugnaban significados sociales y ponían en escena los conflictos pasados.
Los
mellizos puestos en pugna frente a los medios en donde se decidía no sólo su
destino individual sino consideraciones históricas, la categorización de desaparecidos
y de sus hijos, sus derechos. En esa escenificación mediática se construía parte
de una explicación histórica donde los medios y los periodistas también interactuaban.
En
el caso de los "mellizos Miara" lo que se pone en juego es la identidad,
la manipulación de los medios desde el discurso, la cortina musical, la superposición
de la imagen de los mellizos entrando al estudio con fragmentos de “La historia
oficial”; la invitación de los compañeros del colegio de los Miara, el llamado
de Beatriz Miara, la pregunta sobre cómo se llaman; el rol del Estado en esa
Justicia de determinar la identidad.
"En
la presentación de lo mellizos se dio una manipulación de la información donde
se insertaron imágenes de la historia oficial como parte de la misma trama.
A nivel lenguaje se hace uso de una construcción como la de "padres históricos"
y se omiten referencias directas a los responsables de desapariciones, vejaciones
y muertes.." (APARICI, 1994)
La escenificación también se refuerza en el lenguaje
pretendiendo construir una imagen acrítica del hecho y de las palabras tales
como: libertad, sociedad, patria, derecho, madre, padre, y también desaparecido,
muerte, castigo, violación, tortura, asesinos, dictador, sádico; estas últimas
palabras no fueron utilizadas por los responsables de los programas. En el estudio
de un caso de manipulación hecho por periodistas de la UTPBA se percibe el "uso
deliberado del lenguaje para representar positivamente a unos individuos y por
el contrario; se utilizaron otros recursos para descalificar al entorno biológico
de los jóvenes". (APARICI, 1994)
Tal es el recorte que la película de “La historia
oficial” es usada para identificar negativamente a las Abuelas de Plaza de Mayo
cuando el personaje de Héctor Alterio dice: ¿Quién trajo a esta vieja aquí?.
Durante los distintos programas se pone en tela
de juicio las posibles decisiones del juez y su forma de hacer justicia haciendo
comentarios valorativos.
El poder en escena es sometido a críticas desde
los presentadores que manipulan la opinión pública a sabiendas del medio que
utilizan reforzados con manipulaciones a través de la emoción y de la negación
de determinada información. La omisión tuvo que ver con el contexto de los padres
biológicos y que ninguno de sus allegados fueran mostrados. En cambio Página/12
y Edición Plus hacen otro tratamiento del tema, y allí el matrimonio es asociado
a la represión y la familia biológica de Gonzalo y Matías Reggiardo Tolosa son
presentados como víctimas de la represión.
Estela Carlotto -presidenta de Abuelas de Plaza
de Mayo- opina sobre el programa y la manipulación que se hizo de los jóvenes.
También hizo referencia a que si el público se mostró en el programa como deseoso
de que los chicos "estuvieran con quien quisieran", no se tenía en
cuenta que cuando se le roba a una mamá su hijo en una clínica todos apoyan
la búsqueda con energía pero cuando son nuestros niños (hijos de desaparecidos)
un sector importante de nuestra sociedad opina que no hay que devolverlos.
Robar a un niño recién nacido en una clínica es
lo mismo que robar a un niño en un campo de concentración y la sociedad debe
defender a esos niños, no someterlos como sucedió ayer en la emisión del programa
de Gelblung". (Página/12. 27-5-94). Estos discursos se responden no sólo
con una simple escenificación ritual en los medios sino que los discursos accionan
en los significados sociales de una etapa histórica construidos por los sujetos
protagonistas. El hecho televisado también socializa el caso y replantea la
construcción de la identidad de sujetos que tienen una representación social-histórica
importante en la sociedad argentina, pero que ellos no quisieron asumir o no
pudieron por su historia personal (cuestión compleja que tiene que ver con la
problemáticas de las restituciones).
Se puso en juego en esta escenificación mediática
la figura del desaparecido y qué mirada social recibía por parte de la sociedad.
Se pudo escuchar con falta de escrúpulos a los portavoces del menemismo que
intentaron utilizar estos testimonios para renovar las críticas a las organizaciones
de derechos humanos y para poner en evidencia la vacuidad de sus reclamos (en
este caso, la búsqueda de niños desaparecidos). Lo cierto es que la mediatización
generó un efecto político muy distinto: que dos jóvenes renieguen de su pasado
e incluso de su estatuto de víctimas no hace más que reforzar el impacto que
ese drama ejerce sobre la población, un drama que vuelve a imponer una barrera
al olvido y obliga a tomar posición frente al horror. La figura del desaparecido
salió indemne de esas circunstancias y volvió a ubicarse en el centro del debate
social
La democracia tuvo después del proceso rasgos para
expresar rechazo frente a los brotes autoritarios y especialmente si provenían
de las fuerzas armadas y de seguridad o del poder. Así ocurrió con los casos
del estudiante Miguel Bru en La Plata, María Soledad Morales en Catamarca, Walter
Bulacio y José Luis Cabezas en Buenos Aires y del soldado Carrasco en Neuquén.
"La reacción colectiva y movilización frente a casos como los de la muerte
del soldado Carrasco, las amenazas a periodistas o la requisitoria de información
sobre activismo estudiantil en colegios secundarios revelan la profundidad del
cambio". (Sábato, 1994)
¿Dónde se instala la memoria?
La memoria social argentina del período autoritario
resulta escabrosa y presenta dificultades para caracterizar el estatuto del
desaparecido. En esta sociedad que lucha por la verdad de su pasado, donde las
organizaciones de derechos humanos siguen fortalecidas en su actividad a pesar
de que los gobiernos militares y civiles no hayan facilitado su tarea. Además
hay que verificar que los desaparecidos vuelven, el pasado asalta el presente.
(Moreira, 1998)
"La constitución de la figura del desaparecido,
reactualiza el terror vivido y no es un mero fragmento del pasado en la memoria
social: El desaparecido habita, literalmente, el presente" (Moreira, 1998).
Esto hace que aún cuando la problemática de los derechos humanos no sea una
reivindicación mayoritaria, los desaparecidos sí se han convertido en una instancia
ineludible de recuerdo colectivo sobre lo sucedido en la historia reciente del
país.
Alejandro Moreira describe al desaparecido como
un icono en el que el discurso y figura se ilustran a través de las actividades
de las Madres de Plaza de Mayo; "las cuales han sometido a los militares
a una condena que si sólo moral también es de por vida". (Moreira, 1998)
La perdurabilidad de desaparecido tiene que ver
con varias significaciones tales como que "el desaparecido denuncia un
crimen del pasado, atraviesa como un espectro del presente y se desplaza como
promesa de justicia hacia el futuro". (Moreira, 1998). El desaparecido
se constituye como una figura activa que en vez de sellar el pasado provoca
su emergencia en el presente.
Los escraches son "los instrumentos de denuncia,
de repudio, de construcción de la memoria popular. Escraches para impedir concesiones
del pasado. Escraches como contracara de los festivales del amarillismo periodístico
que montan los Mauro Viale y los Grondona con Scilingo y Echecolatz ante las
cámaras.
El escrache inscribe la bronca, se expresa en el
currículo del represor, en el sistema genocida que lo produjo y amparó, en la
complicidad de los gobiernos constitucionales que dejan impunes, en los políticos
que convierten la exigencia de anular las leyes de Punto Final y Obediencia
Debida en un negocio electoral.
El escrache no es un round entre el represor y
los familiares de quienes el escarchado desapareció, sino una certificación
de que la convivencia con los asesinos impunes es una agresión contra el pueblo.
Es una apelación exigente a la conciencia colectiva en dirección a la ruptura
de la forzada convivencia. No reemplaza a la justicia; advierte que está pendiente".
(DALEO, 1998)
El escrache es señalar un saber, a diferencia de
cuando se decía que no se sabía nada; y la pregunta luego del escrache es qué
se hace con ese saber?. El escrache señala también la impunidad, la ausencia
de castigo y de justicia; es una forma de memoria que se materializa en las
pintadas.
La materialización de la memoria también se puso
en evidencia en el Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de
Personas (CONADEP), en donde se publican las denuncias y pruebas acerca de las
violaciones durante la dictadura. Los integrantes de las Fuerzas Armadas acusados
de homicidio, privación ilegitima de la libertad y aplicación de tormentos fueron
llevados a juicio por decreto del poder ejecutivo tres días después de haber
asumido el gobierno de Raúl Alfonsín.
Luego de escuchar la acusación del fiscal por los
crímenes atroces se conoció el fallo que condenaba a Jorge Rafael Videla, Emilio
Eduardo Massera, Orlando Ramón Agosti, Roberto Eduardo Viola y Armando Lambruschini.
Según Hilda Sabato este fue un hecho decisivo en la construcción de una identidad
y la memoria colectiva de la sociedad. Después vino el indulto decretado por
el presidente Menem como fórmula de reconciliación.
Estas situaciones sociales vistas desde un proceso
se constituyen como un vaivén entre la memoria y el olvido donde los juicios
se constituyen en un reclamo y en una declamación acerca de los crímenes que
se sucedían y, por otro lado, el indulto (la otra cara de la moneda) una especie
de "bueno aquí está, esto sucedió así ahora, sellemos con el indulto esta
parte oscura de la historia y pasemos a otra cosa".
Indultar a los militares culpables y condenados
significó que el gobierno de Menem ha buscado el olvido, el entierro del pasado
y por lo tanto, la anulación de un tramo de la historia.
8. Conclusiones
¿Es posible que el antónimo del olvido no sea
la memoria sino la justicia?
La memoria social y el olvido son mecanismos que
una sociedad acciona para construir su “propia historia” y con fines que hacen
a sus sujetos sociales.
Estos dos mecanismos y su aplicación social hablan
de las lecturas que se desean imponer por un lado y pueden develar por oposición
los distintos grupos disidentes de este ”discurso impuesto”.
"Los olvidos, los silencios de la historia son
reveladores de los mecanismos de manipulación de la memoria colectiva". (Le
Goff, 1991).
Es importante analizar los roles de los grupos
que se constituyeron como representantes de la defensa de los derechos humanos
y los valores que sustentaban en un determinado momento histórico; luego para
que nuestro análisis pueda extenderse, ver cómo se desarrolla y cómo los sujetos
son protagonistas que accionan desde sus espacios de poder y configuran discursos,
representaciones y acciones constitutivas y explicativas de su historia.
Mientras
tanto la materialización de la memoria constantemente es tema de controversia
pero mirada desde el hoy porque se constituye como discurso político en el hoy;
el pasado es usado para sustentar las acciones políticas y para que la sociedad
fundamente/construya su historia-identidad. En esta construcción se refleja
los juegos de poder que los grupos impulsan en lo que es el poder simbólico.
Y también es cuestión de interrogarse acerca de
cómo la sociedad guarda su memoria en el tiempo y en el espacio y donde estará
su “reservorio de la memoria”. Nos preguntamos el uso social que se hace de
la memoria de los muertos y cómo es el concepto de muerte que maneja hoy esta
sociedad que pasó por esta experiencia en donde se decidía sobre la vida de
las personas. Tal vez una de las muertes ya sea el olvido y la memoria tenga
que ver con estar inscriptos en la memoria mediática (la cual implica otra forma
de analizar como es percibida). Aparecerán nuevas mutaciones en los órdenes
de la memoria social, las cuales podrán ser registradas por los investigadores
de la historia no sólo desde los discursos sino también desde las acciones sociales,
en las cuales quedan los rastros de las mentalidades históricas aún cuando la
sensación sea la de un supuesto “olvido total”. Y donde las representaciones
de la muerte se mediatizan vaciándose de sentidos y la muerte adquiere tiene
distintos valores y sentidos por los cuales habrá que explorar los lenguajes
que los construyen.
Es indispensable que se analice el papel de la
violencia de Estado, sus límites, efectos, causas y consecuencias que nos guíen
para visualizar el proceso que va construyendo “el crimen del silencio social”.
O tal vez dentro de esta compleja construcción es como los sujetos se resignan
o no a vivir sin historia, y donde las negaciones toman formas “heroicas o perversas”.
Es importante ver al lenguaje desde los que escriben
sobre los hechos, en contraste con aquellos que viven los mismos y donde se
instala la violencia que aún perdura desde el contexto de un presente que se
pregunta acerca del sistema de valores que explique su historia.
La memoria debiera ser vista no sólo desde la construcción
ni desde una “verdad histórica” sino también desde los olvidos; esto tiene que
ver no sólo desde los hechos sino desde la responsabilidad de preguntarse porqué
el crimen se hizo posible. No por lo que ocurrió sino cómo ocurrió, cómo fue
posible.
Habría
que analizar el proceso que lo sustentó, los mecanismos que generaron conflictos
internos, contradictorios dentro de la misma sociedad donde se construyó un
“otro” como sujeto de violencia. La “muerte” fue un hecho natural síntoma de
consciencia del hombre social donde la actitud ante ella se banalizó. Pero hubo
otro tipo de muertes, como la social, reflejada en la discriminación, la pérdida
del recuerdo o el exilio, definiendo al “enemigo” como hombres mortíferos “asesinos”
y desplazándolos a territorios aislados (dentro o fuera del país). Donde la
categoría “muerte” se hizo cotidiana, naturalizándosela, basándose en mecanismos
de poder institucionalizados y consensuados. Las muertes particulares fueron
el homicidio y la pena de muerte desde un tribunal militar. La muerte del otro
como un disfrute que daba cuenta de una enfermedad social instalada.
La
desvalorización del otro se vio también en el tratamiento del cadáver y su relación
entre victimario y víctima. Los cuerpos fueron abandonados, quemados, en su
mayoría no tuvieron sepultura y si la tuvieron fueron colectivas, todo con el
objetivo de que no fueran identificados. Dentro de este concepto de muerte,
hay que tener en cuenta el tratamiento social de la persona y de su grupo de
pertenencia.
Se accionó todo esto desde la construcción de una
mentalidad social autoritaria, discriminatoria y represiva y de acuerdo a la
censura que sufre la prensa aún en períodos democráticos (1983-1999) podemos
decir que esos mecanismos aún persisten.
Después de todo este proceso, donde se pugnaron
las lecturas y donde la democracia y el autoritarismo son valores que están
todo el tiempo dinamizándose por el pasado histórico social. No hay cortes abruptos
en los procesos, sino que hay instituciones que persisten, que pueden tomar
otras formas o estar solapadas.
Dentro de todo este proceso general hay que analizar
las distintas apropiaciones que hacen los distintos grupos sociales del pasado
en la dinámica que da la memoria y el uso del olvido. Convengamos que la mentalidad
represiva estuvo reflejada en los medios de comunicación en donde algunos comunicadores
sociales estuvieron de parte del sistema autoritario y otros que resistieron;
vemos que luego, en épocas democráticas, los medios masivos todavía son parte
del gran escenario público en que se representa memoria u olvido, dependiendo
de las relaciones de poder que estén en el Estado o en el monopolio comercial
que las origina.
Por otro lado, es interesante observar dentro de
todos estos cambios cómo la institución militar que gestó estas dictaduras justificaron
y justifican sus acciones, transformando también su papel desde entonces hasta
el día de hoy. Estas pugnas se dieron, durante la democracia, en el punto final,
en la obediencia debida, los alzamientos militares y por último el fin del servicio
militar. Todo ello produjo una transformación en la institución y en la imagen
que da a la sociedad.
Podríamos decir que en estos grupos reside parte
de la historia-memoria que tiene que cumplir una función didáctica-social que
refleje las acciones violentas que dan origen a su presente.
Es importante ver cuáles son los usos sociales
de esa historia para los distintos grupos, ya que no podemos homogeneizar la
lectura de tales hechos debido a que cada uno hace una apropiación diferente
según los grupos sociales a los que se adscribe.
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