ESTADO, MOVIMIENTOS SOCIALES Y ANTROPOLOGÍA EN BUSCA DE LA
IDENTIDAD NEGRA
INTRODUCCIÓN
La
identidad es un fenómeno que cobra cada día más vigencia en el ámbito
mundial, Colombia no ha sido la excepción, y las discusiones identitarias
han aumentado a partir de la Constitución Nacional de 1991, la cual
reconoció la diversidad étnica en general, pero centró su discurso
en las culturales indígenas, dejando en gran medida por fuera a
las poblaciones negras, propiciando un acalorado debate entre científicos
sociales, movimientos sociales, comunidades locales e instituciones
estatales, sobre lo que se debe entender por identidad étnica negra
o afrocolombiana[i]. De este modo la(s) identidad(es) de la(s) población(es)
negra(s), han devenido en un campo conflictivo de articulación y
confrontación de múltiples discursos, que han influido, cuando no
marcado la identidad de estas comunidades.
La presencia del negro en Colombia, es pues, una realidad innegable,
sin embargo esta realidad no ha sido concebida de la misma forma
a través del tiempo, las poblaciones negras como agentes sociales,
han afrontado cambios en su(s) devenir(es) particular(es), por ende,
considerar las poblaciones negras de la actualidad, significa trazar
continuidades, pero también rupturas, propiciadas por múltiples
actores y miradas en juego, en esta medida como señala Restrepo
(1998), se debe realizar un estudio fundamentado en tres niveles
de análisis: de poder, gnoseológico y diacrónico, niveles altamente
integrados que serán tratados alrededor de dos ejes básicos, en
primer lugar, como se ha modelado el conocimiento que ha posibilitado
o imposibilitado la representación social del negro, y en segundo
lugar, como estas representaciones han estado marcadas por dinámicas
de poder no siempre explícitas, pero invariablemente presentes,
más aun si consideramos que en la actualidad la etnogénesis negra,
es un espacio social que enfrenta de lleno el proceso que Escobar
ha reunido bajo el concepto de política cultural:
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Entiendo política cultural como el proceso
que se ejecuta cuando los actores sociales, moldeados o caracterizados
por diferentes significados y prácticas culturales, entran
en conflicto. La noción de política cultural asume que los
significados y prácticas culturales en particular aquellas
teorizadas como marginales, de oposición, minoritarias, residuales,
emergentes, alternativas, disidentes y similares, todas ellas
concebidas con respecto a un orden cultural dominante
son fuente de procesos que podrían considerarse políticos.
(1999: 205-206).
|
En esta medida, me propongo analizar como la etnogénesis negra
en Colombia, se ha convertido en un escenario de articulación y
conflicto, donde han entrado en juego las relaciones de poder y
las representaciones, que sobre el territorio, la historia y sobre
la misma gente negra tienen los diversos agentes sociales involucrados.
Para acercarme a este problema me ciño al enfoque postestructuralista,
haciendo énfasis entonces, en la capacidad del discurso, no sólo
de describir la realidad, sino también de construirla, delimitando
y haciendo posible las representaciones que tienen los agentes de
sí mismos y de los demás, como lo han sugerido Foucault (1990 y
1992) y Escobar (1998).
El discurso es pues el mecanismo por medio del cual la realidad
social se torna posible, a través de la articulación del conocimiento
y el poder, de lo visible y lo expresable. El discurso no esta constituido
por la organización de los objetos que están bajo su dominio, sino
por la forma en que a través del haz de relaciones establecido al
interior del discurso, éste es capaz de crear los objetos sobre
los que habla, agruparlos y disponerlos de formas particulares y
otorgarles una unidad propia, limitando quien puede hablar, desde
que punto de vista, con que autoridad.
Bajo esta perspectiva, es posible observar como los agentes sociales
producen los objetos y los problemas a priori, principalmente a
través de mecanismos burocráticos y estatales, que construyen categorías
que definen los agentes sociales, sus competencias y posibilidades
de acción[ii], a través de la conexión del poder con el saber y la
verdad, es innegable desde esta perspectiva que el poder produce
la verdad y se ejerce a través de la producción de ésta, motivando
una lucha por la validez del conocimiento, es decir por las reglas
que separan lo verdadero de lo falso y lo unen al poder. Esta lucha,
no se refiere a la verdad en sí, sino a su estatuto y el papel económico-político
que tiene. Por ende, es indispensable dilucidar quien tiene el mayor
grado de verdad dentro de la definición de la identidad negra[iii].
Ya para finalizar con la introducción, este ensayo está dividido
en tres partes, en la primera presento algunos de los puntos que
han coadyuvado para que la definición de la identidad negra haya
cobrado la importancia que tiene en los últimos diez años. Luego,
abordo la confrontación y convergencia de los movimientos negros,
las instituciones estatales y la antropología en el proceso de etnogénesis
negra en Colombia. Finalmente expongo algunas conclusiones provisionales
sobre la construcción de la identidad negra.
EL PACIFICO Y LA CONSTITUCIÓN NACIONAL, ESPACIOS PARA LA ETNOGENESIS
Pardo (1997), ha señalado que las reivindicaciones identitarias
de los grupos considerados subalternos, no dependen únicamente de
su oposición a los grupos hegemónicos y su discurso, sino que además,
están en la mayoría de los casos propiciadas por una coyuntura que
permite apropiarse de recursos económicos y organizativos, que posibilitan
dar vía libre a demandas de todo tipo, es así, que dentro de la
etnogénesis negro-colombiana es posible identificar dos aspectos
principales, que han coadyuvado a la conformación de la identidad
negra. Escobar (1999) y Restrepo (1998 y 1999), han señalado como
el gobierno nacional en los últimos quince años, ha buscado integrar
el Pacífico colombiano al resto del país y al mundo, estableciendo
diversos planes que se orientan a la inserción de la nación en el
nuevo orden mundial a través de la cuenca del Pacífico, proceso
al cual se ha sumado la valoración de este territorio como un lugar
importante en el ámbito mundial dada la biodiversidad que alberga,
permitiendo la representación de las comunidades negras dentro del
discurso estatal, de los antropólogos e incluso de los mismos movimientos
sociales, como guardianes de esta diversidad y poseedores de un
amplio saber etnocientífico a conservar.
Agreguemos, a esto la inclusión de lo que Taylor (1993) ha denominado
política de la diferencia dentro de la Constitución Nacional de
1991 y la Ley 70 de 1993, donde es posible visualizar la emergencia
de un discurso estatal que reconoce la etnicidad negra y ejerce
una discriminación positiva basada a partir de esta.
Estos dos aspectos han hecho del Pacífico colombiano y de su población
-mayoritariamente negra-, centro de interés del Estado nacional,
en cuanto a la concesión de ciertos derechos y autonomía, y de organismos
internacionales, principalmente ONGs en cuanto a recursos y asistencia.
De esta forma, podría decirse que el surgimiento de identidades
étnicas en el Pacífico colombiano y en regiones similares en otras
partes del mundo refleja un doble movimiento histórico. La emergencia
de lo biológico como problema global la continuidad de la
vida sobre el planeta como la conocemos y la irrupción de
lo cultural y lo pluriétnico, como bien lo reconoce la nueva Constitución
colombiana en su intento de construir una nación pluriétnica y multicultural.
(Escobar; 1999: 170).
LA ETNOGENESIS NEGRA Y SUS ACTORES
Para lograr una mayor claridad expositiva trataré por separado
los discursos manejados por los tres grupos de actores sociales
que he identificado, aunque como mostraré en la siguiente sección,
sus discursos se articulan y condicionan mutuamente ya sea por sus
puntos comunes o por sus desacuerdos.
Iniciando con el discurso de los movimientos sociales negros, debo
aclarar como primera medida que ni este, ni ninguno de los tres
discursos que me dispongo a analizar, es una entidad monolítica,
sino que cambia dependiendo del movimiento social, de la institución
estatal o del antropólogo, e incluso el mismo agente cambia su discurso
con el transcurrir del tiempo. Sin embargo a pesar de las líneas
de fuga, que se pueden apreciar, también hay fuertes sedimentaciones,
las más importantes de ellas dentro de los movimientos sociales
negros, es la reivindicación dentro del discurso de su origen africano
y por ende el proceso de esclavitud al que se vieron sometidos y
en particular la resistencia a ella por parte de los negros en la
colonia, considerándola una característica fundamental dentro de
su devenir como movimiento social, de esta forma el cimarronismo,
es la piedra angular de La Historia trazada por los movimientos
negros[iv], permitiéndoles construir una tradición de lucha, transplantable
al presente y con capacidad incluso, de construir movimientos sociales
que reclamen sus mismas directrices libertarias, por ende la reconstrucción
de la historicidad negra ha permitido la creación de numerosos movimientos
negros, que en menor o en mayor grado echan mano al cimarronismo
como discurso, dentro de estos movimientos, tal vez el más destacado
y que más firmemente se ha apropiado de este fragmento de la historia,
hasta hacerlo la totalidad de La Historia negra, es la Asociación
Nacional Cimarrón, quien en su discurso ha dividido al cimarronismo
en histórico y contemporáneo, siendo el cimarronismo contemporáneo,
un método, encargado por una parte, de la recuperación de la verdadera
historia afroamericana, como la denominan dentro del movimiento,
y por otra, de impulsar el etnodesarrollo[v]. Wade, al respecto de la reivindicación cimarrona ha
planteado:
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Se crea así una representación de la historia según
la cual todos los que tienen raíces negras han heredado algo
común: la esclavitud, la discriminación racial, y la lucha
contra una y otra. La ideología los invita a seguir luchando
tal como lo hicieron sus ancestros (1996: 287).
|
Sin embargo, ésta no ha sido la única representación, presente
en el discurso de los grupos negros, el Proceso de Comunidades Negras
(PCN), otro importante movimiento negro ha propuesto por su parte
tres principios básicos: el derecho a ser (negro), el derecho a
un espacio para ser (territorio), el derecho al ejercicio del ser
(participación social).
Esta declaración de principios implica una ruptura con las
anteriores formulaciones político-organizativas y desarrollistas
de la izquierda, Cimarrón, y los sectores políticos tradicionales
para dar cuenta de las particularidades y reivindicaciones de las
comunidades negras. (Escobar; 1999: 182).
Esta propuesta es mucho más cercana a la búsqueda de una política
del reconocimiento que a un esencialismo histórico. En definitiva
consideró, que el discurso impulsado desde los movimientos negros
en Colombia, corresponde a lo que Pratt (Citada en: Howard-Malverde;
1998), denomina texto autoetnográfico, entendido como la descripción
que la gente elabora sobre sí misma, tomando en cuenta las representaciones
que otros agentes sociales han hecho sobre ellas, se trata pues
de una representación que opera como una respuesta a otras imágenes,
o como un diálogo con ellas, por medio de una colaboración selectiva
y la apropiación de otro lenguaje, en la mayoría de los casos hegemónico.
Pasando al discurso estatal concerniente a las poblaciones negras,
encontramos como principal hito de dicho discurso a la Ley 70 como
el texto donde se define lo que se debe entender por comunidad negra,
dando pie a la discriminación positiva de estas comunidades, pero
también a la imposición de un discurso hegemónico en el que los
antropólogos han participado, como Jimeno (1984) planteó el Estado
moderno hace legitimo el poder que ejerce, haciéndolo pasar como
una práctica racional, fundamentada en el conocimiento científico
y en agentes técnicos. De esta forma, el Estado a través de sus
diferentes instituciones, ha construido un discurso, que poco a
poco ha elaborado una imagen precisa de lo que debe ser entendido
como afrocolombiano, es así que la Ley 70, trata por un lado los
derechos específicos de las comunidades negras del Pacífico, y por
otro, los derechos de la comunidad negra en general, resultando
los segundos muchos menores, incluso la definición de comunidad
negra, remite en gran medida al primer tipo enunciado:
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Según estas definiciones, la comunidad negra se diferencia
de otros grupos étnicos en que revelan y conservan conciencia
de identidad, es un conjunto de familias de ascendencia afrocolombiana
con una cultura propia y que comparten una historia al igual
que poseen sus propias tradiciones y costumbres dentro de
la relación campo-poblado. (Restrepo; 1998: 469).
|
A pesar de que la Constitución Nacional y la Ley 70 de 1993 conceden
importantes derechos a las comunidades negras es también visible
como el discurso estatal continua considerando el territorio negro
como baldío, posibilitando de esta manera la apropiación por parte
de colonos del interior del país o de la costa Atlántica, así mismo,
como de empresas nacionales e internacionales.
Llegando ahora, al papel cumplido por la antropología, es importante
anotar que dentro de los diferentes enfoques que se han acercado
a la etnogénesis negra, el que más la ha marcado ha sido la perspectiva
conocida como huellas de africanía[vi],
esta postura antropológica, implica la reconstrucción y énfasis
en el legado africano de los pobladores afrocolombianos, a través
de la formación de hábitos inconscientes que se desprenden de aromas,
emociones, habilidades manifestaciones estéticas y demás elementos
icónicos, que han dejado huella en manifestaciones culturales actuales
(Espinoza y Friedemann; 1993). Esta corriente, ha conseguido, darle
validez a las poblaciones negras como sujetos a estudiar por la
antropología, además de haber combatido decididamente contra la
invisibilidad y estereotipia que afrontaban y afrontan los negro-colombianos,
no obstante Restrepo señala que:
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Sin embargo, en aras de esta justa lucha el énfasis
dado a las huellas de africanía ha devenido en dispositivo
de invisibilidad, tras la pregunta por la mismiedad de lo
afrocolombiano se ha ocultado un universo fragmentado de realidades
culturales asociadas a los múltiples descendientes de los
antiguos esclavizados africanos. Además, las expresiones culturales
de los mineros y pescadores negros de las zonas rurales del
Pacífico colombiano y de Palenque de San Basilio han determinado
el contenido de la etnicidad afrocolombiana subordinando metonímicamente
otras lógicas culturales más urbanas y en otros contextos
regionales. (1997b: 142).
|
Es importante mencionar, que los principales propulsores de las
huellas de africanía han cumplido un importante papel en la discusión
y definición de la identidad negra, tanto Jaime Arocha (1992), como
Nina de Friedemann, han criticado duramente las limitaciones de
la legislación colombiana sobre los afrocolombianos y el papel que
jugo la Secretaria Técnica del ICAN en la elaboración de la Constitución
Nacional y la Ley 70 de 1993[vii].
Friedemann, ha planteado que:
|
El AT55 fue un laberinto con muchos meandros. La Secretaria
Técnica de tal Comisión fue asignada al Instituto Colombiano
de Antropología, que habiendo realizado una labor importante
en el estudio de la etnia india, le ha prestado muy escasa
atención a la etnia negra. Su desempeño en las discusiones
resultó sesgado y puede examinarse en testimonios orales y
escritos. (1993b: 165).
|
Este sesgo viene de tiempo atrás, ya que como señala Restrepo (1999),
la antropología en numerosas ocasiones ha trasladado sus preguntas
clásicas sobre las poblaciones indígenas a los negros, creando así
una imagen especular de las poblaciones negras, imagen que aún hoy
marca la práctica y asesoría antropológica, como se puede visualizar
en el documento preparado por la Secretaria Técnica de la Comisión
Especial para las Comunidades Negras del ICAN (1993).
La etnogénesis negra, ha sido pues un proceso complejo e inacabado,
dado el dinamismo inherente a las identificaciones sociales con
una identidad particular, como Zulia Mena conocida dirigente negra
señaló (Comisión Nacional Especial para las Comunidades Negras,
1993). Taylor (1993), ha planteado, teniendo en cuenta las transformaciones
de las adscripciones identitarias, que la identidad se construye
dialógicamente, es decir en un diálogo consigo mismo y con los demás.
Este diálogo, no obstante cobija además de los individuos que se
identifican de la misma forma, agentes exteriores a esta identidad
ya que como ha planteado el mismo autor, es necesario el reconocimiento
de otros agentes sociales a la identidad colectiva y este reconocimiento
no se da sino a través de la validez de ciertas miradas y la exclusión
de otras, es decir a través de enmarañadas redes de poder, donde
las representaciones hegemónicas del Estado y sus profesionales,
se vuelven verdaderas a través del ejercicio del saber/poder, que
sin embargo puede ser subvertido, gracias a la presencia de líneas
de fuga, donde los discursos subalternos pueden cobrar cuerpo y
reinventarse. Restrepo ha mencionado que:
|
En primer lugar, la etnicidad puede ser analizada como
un sistema de categorías que posibilita un mapa de representación
y de acción de los diferentes agentes en una topología social
determinada. Categorías sociales que delimitan objetos y prácticas,
que evidencian la emergencia de formaciones discursivas sobre
la etnicidad que en determinado contexto hacen pensables y
manipulables los grupos étnicos. (1998: 451).[viii]
|
Dentro de esta cartografía social, los pobladores negros han sido
limitados como sujetos de derecho dentro de solo una categoría válida
para antropólogos e instituciones estatales e incluso a las mismas
comunidades negras, Villa (1999), ha señalado al respecto que el
discurso manejado dentro del Artículo Transitorio 55 de la Constitución
Nacional y en la Ley 70 de 1993, es resultado en gran parte de la
gestión de los campesinos negros del medio Atrato, y por lo tanto
no es de extrañar que esta propuesta no integre toda la población
negra, ya que es el fruto del esfuerzo de un sector ribereño y rural
de ella.
Por lo tanto la etnogénesis negra que se ha manifestado hasta el
momento, es el fruto de la discusión entre representaciones de los
movimientos negros, el Estado y los antropólogos, que si bien han
diferido en los alcances de los derechos de las comunidades negras,
han estado bastante cercanos en la representación del ser negro
como sujeto de derecho, él cual ha sido construido a partir del
modelo de población negra rural, más específicamente por el modelo
rural y ribereño del Pacífico colombiano, invención que reúne las
siguientes características: historia compartida -esclavitud por
supuesto-, ascendencia afrocolombiana, conciencia de una
identidad particular, especificidad cultural, armonía natural y
social, propiedad colectiva de la tierra, organización social por
familias y relación campo-poblado.
En mi opinión los diversos actores sociales, que han participado
en la etnogénesis negra han esencializado a las poblaciones negras,
basándose principalmente en la persistencia de unas prácticas y
manifestaciones culturales de procedencia africana, las cuales los
han distinguido de otros grupos étnicos, pero también ha inmovilizado
las representaciones validas sobre la identidad negra, rompiendo
con una construcción de la identidad más fluida como plantea Stuart
Hall:
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Las identidades culturales tienen un origen, tienen
una historia. Pero como todo lo que tienen historia, ellas
sufren transformaciones continuas. Lejos de estar eternamente
fijadas en un pasado esencializado, están sujetas al juego
continuo de la historia, la cultura y el poder, lejos de estar
basadas en la mera recuperación del pasado, que
está esperando que lo descubran y que una vez descubierto
nos daría un sentido eterno de seguridad en nosotros mismos,
las identidades son los nombres que damos a los diferentes
modos en que estamos dispuestos por, y nos disponemos en,
la narrativa del pasado. (citado en Wade; 1996: 293).
|
A MODO DE CONCLUSIÓN
Segato (1999), propone el concepto de formación nacional de
diversidad, es decir el estilo característico logrado por la
interrelación de las partes que conforman la historia nacional,
Dentro de esta formación, las alteridades históricas
son los grupos sociales cuya manera de ser otros en
el contexto de la sociedad nacional, se deriva de esa historia y
hace parte de esa formación específica. (1999: 124). Es decir
otros subjetivamente formados a través de diversas, pero
precisas interacciones en el seno de los Estados nacionales, que
en el caso colombiano parten de la colonia y llegan hasta el presente,
afrontando por importantes coyunturas[ix],
que definen momentánea, pero fuertemente el discurso valido sobre
un sujeto social, a través del paso de las alteridades históricas,
a lo que la misma autora ha denominado identidades políticas
transnacionales[x],
que remiten más bien a un proceso de visibilización étnica en búsqueda
de derechos particulares, grupos históricamente diferenciados, pero
que surgen ahora, adscritos a un patrón fijo, concebido por los
Estados y el proceso de globalización. De este modo, la etnogénesis
no se convierte en una toma de consciencia, sino en la inscripción
a un estatuto étnico estático, perdiendo la posibilidad de una propuesta
cultural alternativa, en pos de la maximización de ganancias, aun
costa de perder la imaginación y construcciones culturales híbridas
pero propias:
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Lo que era un proceso de comunicación donde predominaba
el elemento indéxico y espontáneo de posicionamiento en relación
al otro, se transforma en auto-clasificación mecánica
y objetificadora, referida a un patrón abstracto, distanciado,
global. Se da de esta forma, una profunda modificación de
la relación entre el lenguaje y lo vivido. La conciencia
práctica de ser sujeto de identidad es substituida por
una conciencia obligatoriamente discursiva e instrumentalizadora
de la propia identidad. (Segato; 1999: 143).
|
La atribución de características específicas al ser negro,
ha provocado a mi parecer, serias consecuencias, ya que además de
la anteriormente señalada esencialización de la historia negro-colombiano,
se ha desaprovechado una coyuntura propicia para romper con la invisibilización
del habitante urbano negro, que como diversos autores han mencionado
son una importante cantidad de la población negra del país, sino
la mayoría, sin embargo esta invisibilización, no corresponde a
criterios racistas ni mal intencionados[xi], sino a la dificultad metodológica y
conceptual, que representa tanto para el Estado, la antropología
y los movimientos negros, la integración de los negros urbanos a
la representación de negro como sujeto de derecho, en palabras de
Restrepo:
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En los contextos urbanos, las poblaciones negras aparecen
menos asibles como comunidades, se hace más clara la fragmentación
de la noción de cultura como unidad discreta, monolítica y
estática. La presencia del capital y de la modernidad son
difícilmente ocultables. (1999: 228).
|
En definitiva la etnogénesis negra en Colombia, se ha basado en
dos invenciones, la primera de ellas corresponde a la invención
de la comunidad negra como una comunidad imaginada, la cual corresponde
a unos patrones y caracteres específicos ya señalados. Y la segunda
corresponde a la reinvención, reconstrucción y reivindicación de
los nexos con Africa, lo cual nos conecta directamente con el primer
punto señalado (Restrepo; 1997a).
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[i] Considero más adecuado
utilizar el término negro o negro-colombiano, sin embargo, utilizaré
afrocolombiano cuando los autores referidos así lo hagan.
[ii] Al respecto Foucault ha planteado que: Diríase pues,
que una formación discursiva se define (al menos en cuanto a sus
objetos) si se puede establecer semejante conjunto; si se puede
mostrar cómo cualquier objeto del discurso en cuestión encuentra
en él su lugar de aparición; si se pude mostrar que es capaz de
dar nacimiento simultáneamente o sucesivamente a objetos que se
excluyen, sin que él mismo tenga que modificarse. (1990:
72-73).
[iii] Foucault (1992) señaló que la verdad
debe ser entendida como el conjunto de procedimientos reglamentados
por diferentes mecanismos de producción, funcionamiento y distribución
de los enunciados considerados verdaderos.
[iv] De este modo se ha
llegado a plantear que Los derechos étnicos de los afrocolombianos
están ligados a la historia de sus comunidades y hablar de la
historia de las comunidades afrocolombianas es hablar de la historia
de los cimarrones. (Castro; 1993: 123).
[v] Vale la pena anotar que este movimiento, o minimamente uno
de sus principales líderes, mostró su desacuerdo con la situación
de los negros en la Constitución de 1991: Hacia el medio
día del 26 de mayo de 1991, en el salón del Consejo Municipal
de Cali, ciudad agroindustrial del suroccidente colombiano, Juan
de Dios Mosquera terminó su análisis de la discriminación, afirmando
que, con seguridad, la constitución que comenzaría a regir 39
días después reiteraría una de las aberraciones de la carta de
1886: excluir de la nación a los descendientes de los esclavos
traídos de Africa desde el siglo XVI hasta mediados del XIX.
(Arocha; 1992: 39).
[vi] Para un buen recorrido por las diversas tendencias que
han marcado la antropología dedicada a las poblaciones negras
se puede ver: Friedemann (1984) y Restrepo (1997a y 1997b).
[vii] Jaime Arocha, también
participó en la elaboración de la Ley 70, que a pesar de sus críticas,
es posible tras una lectura atenta identificar su impronta en
el texto final.
[viii] Escobar ha señalado que Las categorías
son inventadas y mantenidas por las instituciones sobre una base
continua, como parte de un proceso en apariencia racional que
es fundamentalmente político. (1998: 213).
[ix] Manumisiones, abolición de la esclavitud, Constitución
Nacional de 1991 y Ley 70 principalmente.
[x] Las identidades políticas son transnacionales, en el sentido
que no son un fenómeno exclusivo de un país e incluso posibilitan
la reunión de diversas comunidades alrededor del mundo, dentro
de una misma identificación étnica o de otro tipo.
[xi] Como ha señalado Arocha (1998).
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