Este sector agrupa a las empresas cuya organización es típicamente
capitalista. La división del trabajo, ampliamente desarrollada,
se manifiesta en la mayor especialización de cada uno de los ocupados
en determinadas tareas. Las empresas del sector contratan exclusivamente
fuerza de trabajo asalariada y, por lo tanto, la división entre
los propietarios del capital y los propietarios del trabajo es muy
clara.
La demanda de trabajo está estrechamente vinculada a la productividad
del trabajador, ya que, en principio, se emplea solamente a aquellos
cuya productividad es superior al sueldo o salario que se les paga.
En la actualidad, la flexibilización laboral, genera entre los trabajadores
de estas empresas un alto nivel de competencia e inestabilidad.
Para fomentar el empleo en este sector el Estado Nacional, durante
la década de los 90 ha promulgado leyes como la Nueva Ley de Empleo
24.013, sancionada y promulgada a fines de 1991, y la Ley de Promoción
del Empleo 24.465 promulgada y sancionada en 1995. Estas leyes básicamente
fomentan el empleo, por medio de contrato por tiempo determinado,
de mano de obra desocupada, liberando al empleador de ciertas obligaciones
reguladas por leyes anteriores como la de Contrato de Trabajo 20.744
(texto ordenado por Decreto Número 390/76). A su vez se beneficia
al empleador con descuentos del 50 y hasta el 100% en aportes patronales
por la contratación por medio de estas modalidades promovidas, en
un intento, más que nada, de generar el ámbito para el "blanqueo"
de personal que ya trabaja en la empresa. Estas leyes dejan explícitamente
afuera a peones rurales y servicio doméstico. Además se lanzaron
diferentes Programas de Empleo como El Programa de Empleo Privado
y el Programa Nacional de Pasantías, entre otros, con el mismo objetivo.
El servicio doméstico constituye una actividad muy especial dentro
de los servicios. Todos los ocupados en este sector son asalariados,
pero su relación laboral no es con una unidad económica sino con
una familia.
Este sector es claramente una de las pocas alternativas ocupacionales
que tiene la mujer migrante al llegar a la ciudad, de baja calificación
y sin experiencia laboral previa. Puede afirmarse que este sector
incorpora a los trabajadores con menor nivel educativo y las peores
condiciones de trabajo e ingresos.
Según datos del censo de Población y Vivienda de 1991 el porcentaje
de mujeres que trabajaban como empleadas doméstica era el 97,4 %
del total. Otro dato que brinda esta fuente es que el 57,02 % del
total de los trabajadores en servicio doméstico nunca asistieron
o tienen el primario incompleto y el 37,3% tienen primario completo
o no completaron el secundario.
Este sector está constituido por pequeñas empresas cuyo comportamiento
económico y organización no difiere sustancialmente de las unidades
económicas que pertenecen al sector doméstico; sin embargo, el volumen
de capital invertido y la escala de operaciones del establecimiento
exige la contratación de mano de obra asalariada permanente.
A diferencia de las empresas capitalistas, el propietario, además
de su dedicación a la organización y administración del establecimiento,
participa directa y activamente en el proceso productivo. La división
del trabajo, generalmente poco desarrollada, está en función del
incremento en los medios de producción.
Dada la reducida escala de operaciones y las fuertes fluctuaciones
de la demanda que afectan a estos establecimientos, los ocupados
están sometidos a una elevada inestabilidad laboral. En algunas
ramas de actividad, el promedio de ingresos de los trabajadores
asalariados puede ser inclusive más bajo que el de los trabajadores
por cuenta propia.
El reducido tamaño de las unidades económicas y la ausencia casi
total de organizaciones sindicales que amparen a los trabajadores,
el grado de cobertura de la legislación laboral y de la seguridad
social es mínima.
Las Leyes 24.013 y 24.465 también son aplicables a este sector,
además de la Ley 24.467 de Contratos de Trabajo para la Pequeña
Empresa, sancionada y promulgada en 1995, que permite la contratación
por cualquiera de las modalidades promovidas por la Ley 24.013 pero
no requiere habilitación por convenio colectivo, ni registro, ni
indemnización previstos en ésta. En la Ley 24.467 se considera Pequeña
Empresa a las que cuenten con un plantel que no supere los cuarenta
(40) trabajadores y tengan una facturación anual inferior a la cantidad
que para cada actividad fija la Comisión Especial de Seguimiento
(creada por el Art. 105 de la Ley 24.467).
Además en 1995 se han lanzado diferentes Programas Nacionales
dirigidos a estas empresas como por ejemplo el Programa de Empleo
Privado para la Pequeña y Mediana Empresa, dirigido a empresa de
hasta cien (100) trabajadores. Estos intentos solo mantienen estas
empresas en funcionamiento pero la capacidad de acumulación es muy
baja y la posibilidad de créditos muy reducida o nula.
e) Sector doméstico.
La organización económica de los establecimientos que integran
este sector está basada en la propiedad de los medios de producción
y en el trabajo personal del productor directo.
Los miembros del grupo doméstico del trabajador por cuenta propia
participan, aunque no necesariamente, en las actividades del establecimiento
como trabajadores familiares no remunerados. Por lo tanto, la organización
de la producción gira básicamente en torno a la fuerza de trabajo
del grupo doméstico con alguna presencia de aprendices y/o trabajadores
asalariados eventuales.
El tamaño mínimo de estos establecimientos y la escala de operaciones
no da cabida al desarrollo de una mayor división del trabajo. El
trabajo manual prevalece sobre la producción mecanizada. La tecnología
incorporada en los procesos productivos es mínima, acorde con la
sencillez de los procesos de trabajo. En muchos casos, los trabajadores
del sector suelen utilizar bienes de consumo durable como bienes
de capital, como es el caso de la utilización de la vivienda como
espacio para la producción y las ventas, por ejemplo.
La relativa "facilidad de entrada" de nuevos ocupados
a este sector hace posible una importante participación de la mujer,
menores y ancianos en las actividades por cuenta propia.
Las modalidades de inserción en la estructura económica de la
Provincia, en el transcurso de la vida laboral de las personas,
y el análisis comparativo de las características demográficas y
socioeconómicas de estos trabajadores respecto a los ocupados en
otros sectores, permitió, en un trabajo anterior, probar la hipótesis
de que las actividades por cuenta propia incorporan mano de obra
con características diferentes a las que exhiben los ocupados en
los sectores empresarial y estatal de la economía urbana, incorporando
especialmente a aquellos que quedan marginados o excluidos como
mujeres, jóvenes y ancianos, siendo además, y como producto de la
actual situación económica local, una alternativa laboral en expansión
(Bergesio e.p.).
Trabajadores cuenta propia del sector doméstico: características.
Este intento de reconceptualización de la heterogeneidad estructural
a partir de la identificación de diferentes formas de organización
del trabajo que se planteó, permite un acercamiento, de manera más
precisa, a una caracterización de los/as trabajadores por cuenta
propia del sector doméstico (TCPsD).
Ahora bien, si se considera solamente a los TCPsD éstos distan
mucho de la homogeneidad que pretenden atribuirle algunos autores.
Si existe algún rasgo común es el conjunto de carencias iniciales
en relación al acceso a recursos productivos y al marco legal vigente
para ellos; de ahí en adelante se abren una serie de disparidades
que se expresan en importantes diferencias en la dotación de capital
por ocupado/a, en el nivel de los ingresos, en la fortaleza de su
inserción al mercado, en la organización interna del trabajo entre
otras, que establecen situaciones distintas entre las principales
ramas de actividad en las que se concentran: manufacturas, comercio
y servicios personales, e incluso, al interior de éstas.
Por ello, puede afirmarse que, sobre esa base, no todas las unidades
económicas de trabajadores cuenta propia del sector familiar tienen
las mismas potencialidades de crecimiento en la provincia o el país.
Las características de los TCPsD del presente trabajo son las
que siguen.
Un primer grupo se podría caracterizar como de bajos ingresos,
baja calificación e inestabilidad. Se incluyen en el mismo varios
sectores: obreros no calificados de la construcción, trabajadores
relativamente calificados del comercio y servicios, algunos de los
cuales son migrantes rurales los cuales se insertan en nichos de
comercialización o servicios a clientelas de muy bajo poder adquisitivo,
mujeres con el mismo origen, sujetas a frecuentes restricciones
por sus responsabilidades domésticas, que se ubican en redes de
subcontratación con muy poco poder de negociación. El capital cultural
y social de estos grupos es escaso y limita su capacidad de movilidad
hacia nichos mejores; sus estrategias son fundamentalmente de supervivencia.
Otro sector esta conformado por TCPsD que tienen un punto de partida
potencialmente más favorable: origen urbano, estudios o aprendizaje
más prolongado y menores condicionamientos domésticos en las mujeres.
Estos llegan a ubicarse en nichos de comercialización o servicios
con acceso a la clase media, es decir con un mediano poder adquisitivo,
o en oficios calificados en lugares relativamente privilegiados
dentro de redes de subcontratación. La estrategia de este último
grupo es de defensa de ingresos medios, frente al deterioro del
nivel de vida. Los hombres tratan de obtener ingresos de bolsillo
superiores a los que como asalariados, las mujeres intentan reforzar
el ingreso familiar.
Como vemos, incluso al interior de estos dos posibles grupos dentro
de los TCPsD existe una profusa heterogeneidad, marcada por sexo,
edad, nivel de instrucción formal y no formal, antigüedad y rama
de actividad, entre otros.
Por lo tanto, el trabajo por cuenta propia evoca una multiplicidad
de actividades muy diferentes: lo son tanto los profesionales independientes
como algunos pequeños comerciantes y vendedores ambulantes. El carácter
multifacético de todas las actividades desarrolladas por cuentapropistas
hace que sea difícil presentar una explicación sobre su naturaleza.
Por ello en este trabajo nos concentramos en un subgrupo dentro
de los cuentapropia, que son los del sector doméstico, considerando
que las características que exhiben estos trabajadores muestran
que los ocupados en el mismo constituyen un estrato diferenciado
de la fuerza de trabajo urbana.
Tomando en cuenta esto en el presente trabajo los cuenta propia
del sector doméstico (TCPsD) serán definidos como aquellos trabajadores
que desempeñan una actividad económica en forma independiente basada
en su trabajo personal y el de su grupo doméstico, sin tener personal
permanente en relación de dependencia, siendo los propietarios de
los medios de producción.
Justificación de una política de apoyo al sector doméstico.
En relación con la justificación de una política de apoyo al sector
doméstico, hay básicamente dos fundamentos mayores que se relacionan
con la necesidad de crear empleo y de combatir la pobreza. Es clara
la importancia de los TCPsD en términos de absorción de empleo en
el actual contexto. Por ejemplo, en la ciudad de San Salvador de
Jujuy, si se comparan los trabajadores por cuenta propia de los
dos últimos censos encontramos que éstos han crecido el 47,5 % y
los trabajadores familiares sin remuneración fija el 59,5% .
Estos datos muestran la importancia creciente del sector doméstico
en la conformación de la estructura económica local. Las unidades
económicas que lo componen, ocupan a una fracción importante de
la población económicamente activa y comparten importantes espacios
del mercado con los otros sectores de la economía. Esto último se
debe al hecho de que cumplen un rol complementario a la producción
capitalista, tanto porque ofertan bienes y servicios no cubiertos
por ésta, como por su aporte en la circulación de mercancías de
origen empresarial.
Su contribución mayor, sin embargo, se da en el ámbito de
la reproducción de una fracción importante de la fuerza de trabajo:
por una parte, a través de los ingresos que generan a sus ocupados;
por otra, a través del destino de su producción y su rol en la circulación
de mercancías, que satisface la demanda de los trabajadores asalariados
bajo modalidades que no siempre están presentes en las unidades
económicas del sector moderno.
La expansión de los TCPsD se explica en parte, como se ha señalado,
porque el segmento moderno del mercado reaccionó de un modo semejante
al de los países desarrollados, pero sólo en cuanto a la forma del
ajuste; en cambio, en lo que respecta a la protección de los afectados
por el proceso de ajuste, lejos de acceder a los subsidios sociales
generalizados en los países desarrollados, debieron afrontar solos
su subsistencia. Una parte importante de los desocupados se vio
compelida así a buscar refugio en el cuentapropismo, engrosando
sus ya abultadas filas e induciendo de este modo una reducción adicional
de sus escasos ingresos medios.
No solo es le sector importante en relación con el empleo sino
que además presenta alta concentración de pobres urbanos (aunque
no exclusivamente ya que los ingresos son similares a los asalariados
pero hay concentración de grupos vulnerables, hay mayor concentración
de mujeres jefas de hogar, jóvenes y tercera edad).
Tokman (1999:81), en referencia al sector informal[2]
en general, cita dos razones favorables para el desarrollo de políticas
de apoyo al mismo, que no son menores y que constituyen novedades
en ésta época. El primero es político, porque hay acuerdo creciente
sobre la necesidad de actuar en este campo. Esto que parece obvio
en la actualidad, no lo era diez o quince años atrás cuando se esperaba
que los informales desaparecieran por su incorporación en los sectores
modernos y, por lo tanto, eran una preocupación temporal que no
ameritaba políticas de Estado para hacerle frente. Como señala Díaz
"...no se trata de resistir la travesía del desierto, se
trata de adaptarse a un nuevo hábitat"[3]. Es claro que los TCPsD crecen, no sólo de manera
coyuntural sino que se ha transformado en permanente. Por lo tanto,
es necesario hacer algo y ello es materia de decisión política de
los gobiernos y de la sociedad en su conjunto.
El segundo punto que señala Tokman es que las políticas de promoción
del sector son, además, económicamente factibles aun en épocas de
restricciones económicas. Son inversiones, por lo general, de menor
cuantía que las que se requieren en otros sectores. Son rentables,
como se verifica en muy diversos programas y, por lo tanto, hay
disponibilidad incluso de fondos internacionales para apoyar el
desarrollo de políticas de apoyo. En resumen, el apoyo al sector
doméstico es justificable por motivos de empleo y pobreza. Es además
viable, tanto desde el punto de vista político como desde el económico.
Empezar por el principio.
Existen algunos parámetros que ofrecen la base para un diálogo
sobre el tema. Se requiere seguir investigando sobre aspectos teóricos
para continuar discutiendo sobre las definiciones y, en particular,
hay necesidad de medir mejor el sector doméstico.
Ya que la heterogeneidad de las actividades de los TCPsD, la diversidad
de sus modalidades y sus lugares de ejercicio son tales que no son
reconocibles por sistemas estadísticos creados para captar una forma
precisa y determinada de actividad económica. Estas características
de los TCPsD han hecho que, hasta el presente, la globalidad de
las estimaciones referidas al mismo se hayan realizado a través
de un enfoque macroeconómico e indirectos de comparaciones entre
las distintas fuentes de datos. Esta búsqueda de exhaustividad fue
útil, pero poco satisfactoria en la medida en que se alcanza en
detrimento de la precisión y de la confiabilidad. Comparar la población
activa en los censos de población (o en las encuestas de hogares)
con el empleo registrado, o comparar el Producto Bruto Interno con
los resultados contables de las empresas registradas, son estimaciones
a través de la técnica del saldo que han permitido una toma de conciencia
de la importancia del papel del sector y de la insuficiencia de
nuestros instrumentos de medición para el mismo, pero que no permiten
profundizar en el conocimiento de sus características y posibilidades
futuras.
Una alternativa sería, como propone Charmes, identificarlas en
censos y encuestas a establecimientos y hogares (donde muchos hogares
funcionan como establecimientos) y medirlas mediante entrevistas
directas, porque, como ya se señaló, este sector se define por la
combinación de distintas variables de carácter cuantitativo y cualitativos.
Posibles líneas de acción.
Es bueno recordar, a la hora de plantear posibles líneas de acción,
que no hay soluciones simples ni efectos automáticos, se necesita
de una serie de políticas y sus efectos toman tiempo. El problema
se estructural y completo pero, igualmente, intentare sintetizar
algunas ideas en esta dirección.
Otra aclaración es que considero un error suponer que las políticas
de apoyo a TCP y microempresarios/as pueden ser sustitutos de políticas
económicas generales en materia de empleo y eficientes en la lucha
contra el desempleo. Un desocupado/a necesita respuesta inmediata,
no de mediano o largo plazo y en la medida en que el crecimiento
económico sea insuficiente, es difícil esperar que el problema del
empleo pase exclusivamente por la solución de los problemas que
afectan a los/as microempresarios/as y/o TCP. Se requiere también
solucionar los problemas de generación de empleo en los sectores
modernos, ya que ambas vías son necesarias, ya que no todos encontrarán
empleo en los sectores modernos. Habrá coexistencia y complementariedad
de sectores y existirán interrelaciones positivas, en el sentido
de que, cuanta menos gente quede fuera de los empleos modernos,
mayores serán las posibilidades para la gente ocupada en microemprendimientos
de aumentar su rentabilidad y por otro lado, cuanto más rápido crezca
la economía, mayor será la expansión de los mercados para las empresas,
tanto grandes como micro y pequeñas.
Existen dos instrumentos que aparecen como emergentes (y hasta
milagrosos si se me permite) a la hora de pensar en políticas de
apoyo al sector: la desregulación y el crédito.
A partir de la interpretación de que las actividades son el resultado
de un sistema regulatorio inadecuado, la corrección del mismo debería
inducir de manera automática al desarrollo del sector. Ello supone
que no hay factores restrictivos, o si los hay, dejan de serlo al
adecuarse al marco regulatorio.
Con respecto al crédito la interpretación frecuente atribuye la
incapacidad de desarrollo de las microempresas a la falta de acceso
a los mercados de capitales y, por lo tanto, propone que establecer
programas de crédito solucionaría todos los demás factores que suelen
acompañar al acceso restringido. Este pensamiento es común entre
políticos, técnicos y grandes o medianos empresarios devenidos a
micro, pero los TCP y micros lo ven como una oportunidad que si
viene acompañada de trámites engorrosos o poner en riesgo la propiedad
familiar, no vale la pena y genera sus propias respuestas más acordes
a sus necesidades y basándose en redes sociales como los "pasa
manos".
Estos instrumentos son importantes, pero sus efectos no son automáticos
ni son los únicos que se deberían explotar.
Aprender de la experiencia.
Existe ya una experiencia acumulada importante en el manejo de
programas. Mencionaré algunas de ellas.
1 - Tokman señala, para América Latina, que los programas de apoyo
al sector están demostrando que son, en general exitosos y rentables.
Mediante el apoyo con programas de crédito y de capacitación se
registran aumentos de los ingresos. En menor medida y en mayor plazo
se registran también aumentos del empleo. Ello se explica porque
al tratarse de unidades pequeñas, por lo general de carácter familiar
o donde el empresario concentra demasiadas actividades, su capacidad
de pasar del manejo absoluto de la unidad productiva a establecer
una relación laboral requiere una expansión sostenida de la demanda
para que se asuma el riesgo de contratar trabajadores asalariados.
2 - No todas las actividades cuenta propia y/o microempresariales
pueden ser apoyadas productivamente. Cuando nos referimos al 56%
que está ocupado en este tipo de actividades y proponemos políticas
para apoyarlos, se corre el riesgo de creer que se va a apoyar a
la totalidad, y ello es imposible. Las políticas que se están aplicando
sólo afectan a un grupo de personas que trabajan en estas actividades.
La cantidad depende del tipo de programa: cuanto más requerimientos
se introduzcan menores serán los alcances de los mismos. Así las
políticas son más específicas y con menor alcance, aunque es proceso
aclarar que esto no es malo en sí, lo que sí es un error es generar
expectativas injustificadas al respecto. Por ello es importante
resaltar que si se va a focalizar, hay que explicitarlo desde el
comienzo y determinar cuántos serán los beneficiarios potenciales
para poder evaluar correctamente los resultados. Un aspecto a desarrollar
en este sentido es el buscar complementariedad entre programas y
no superposición que es lo que hoy sucede en muchos casos; por ejemplo
el lanzar líneas de créditos similares para iguales sectores pero
de distintos organismos: ONGs, Estado Provincial y/o Estado Municipal.
Otro tema relacionado con esto es que el éxito alcanzado por muchos
programas se refiere a experiencias piloto, habiendo resultado muy
difícil su masificación. La mayoría de los programas han sido exitosos
pero no pasan de unos miles de beneficiarios. Existe entonces un
problema de diseño en muchos casos; y en otros, una excesiva confianza
en el alcance de los instrumentos diseñados, ya que, a priori, se
espera que sean de alcance masivo.
3 - Existen ciertas características de las unidades productivas
que se asocian con el éxito de los programas.
a) Apoyarlas en lo que saben hacer.
Existe la tentación de que los programas logren cambiar a la gente
y ello constituye una tarea difícil. El beneficiario debe mejorar
en lo que está haciendo, pero además dar un salto y cambiar la forma
de producir.
b) Dirigirse a sectores donde las
economías de escala no son importantes. La expansión de los mercados
donde existen economías de escala siempre benefician a los más grandes
y, por lo tanto, la expansión de los pequeños negocios enfrentan
serias limitaciones.
c) Apoyar a los que no tienen problemas
de insumos, pues si requieren materias primas que no están fácilmente
disponibles se dificulta también el éxito del progreso.
4 - Cuanto más cerca están los beneficiarios de los programas mejores
son los efectos, ya que se sienten más involucrados con el mismo.
A modo de conclusión.
En el presente trabajo se intentó demostrar dos cosas. Por un
lado, plantear la heterogeneidad de formas de organización del trabajo
en el ámbito urbano, tomando como punto de análisis la ciudad de
San Salvador de Jujuy, y por el otro, mostrar que en el interior
de estos sectores también hay heterogeneidad, concentrando la atención,
en este punto, en el sector que ha presentado un mayor crecimiento
comparativo en las últimas décadas.
El desafío es dirigir un tipo de mirada al trabajo por cuenta
propia del sector doméstico que implique una aproximación metodológica
compleja. Por una parte, se debería establecer las dimensiones y
características del cuentapropismo, por otra, explorar cómo se da
en la vida concreta de esos trabajadores la interacción de sus rasgos
característicos. Este último propósito implica avanzar más allá
del descubrimiento de una relación estática entre variables en un
momento del tiempo, avance que servirá para proveer elementos a
fin de plantear políticas enraizadas en la experiencia de los/as
trabajadores.
El tratamiento teórico y empírico de este sector en nuestro medio
ha privilegiado los aspectos legales, sociales y económicos de esta
problemática. Son escasos los enfoques que tomen en consideración
la dimensión cultural de la misma, vale decir, que incorpore en
su análisis las motivaciones, valores y actitudes que orientan las
prácticas sociales y económicas de estos/as trabajadores. Considero
que esta deuda, es una de las causas del fracaso de muchas políticas
que pretenden convertir, capacitación y crédito mediante (a veces)
a todo desocupado/a en cuenta propia. Hay que revisar esa creencia,
porque a todas luces, esta mostrando su falacia.
BIBLIOGRAFIA.
- ADAMS, Norma; VALDIVIA, Néstor. (1994) Los otros empresarios.
Etica de migrantes y formación de empresas en Lima. Lima: Instituto
de Estudios Peruanos.
- AROCENA, José (1990) La pequeña empresa. Perfil de un actor.
Montevideo: Centro Latinoamericano de Economía Urbana/Ediciones
de la Banda Oriental.
- BECCARIA, Luis; LOPEZ, Néstor (comps.).(1996) Sin Trabajo.
Las características del desempleo y sus efectos en la sociedad argentina.
Buenos Aires:UNICEF/LOSADA.
- BERGER, Marguerit; BUVINIC, Mayra. Compiladoras. (1988) La
mujer en el sector informal. Trabajo femenino y microempresa en
América Latina. Quito: Editorial Nueva Sociedad.
- BERGESIO, Liliana (1999) Los que se la rebuscan. Los trabajadores
cuentapropistas, una respuesta a la crisis. Trabajo presentado
y publicado en III Reunión de Antropología del Mercosur. Nuevos
escenarios Regionales e Internacionales; Posadas, Misiones, Argentina.
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional
de Misiones.
(ep) Ganarse la vida. Los trabajadores por cuenta propia del
sector familiar en el interior de la estructura socio-económica
de San Salvador de Jujuy. San Salvador de Jujuy; FUNDANDES/FHyCS-UNJu.
- BERTHOUD, Olivier; MILLIGAN, Walter. (1995) Sector informal
urbano y crédito. Bolivia 1995. La Paz: COTESU/CEDLA/CID.
- BLANES, José. (1993) Crisis y ajuste en el mercado de trabajo.
La Paz: Centro Boliviano de Estudios Multidisciplinarios.
- BOURDIEU, Pierre. (1971) Reproduction culturelle et reproduction
sociele. En: Soail Science Informationé 10 (2):45-79.
- CANITROT, A.; DIAZ. R.; Monza, A. y otros. (1995) El libro
blanco sobre el empleo en la Argentina. Buenos Aires: MTSS.
- CASANOVAS SAINZ, Roberto; ESCOBAR DE PAVON, Silvia. (1988) Los
trabajadores por cuenta propia en la Paz. Funcionamiento de las
unidades económicas, situación laboral e ingresos. La Paz:
CEDLA.
- CARPIO, Jorge; KLEIN, Emilio; NOVACOVSKY, Irene. (comps.) (1999)
Informalidad y exclusión social. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica/SIEMPRO/OIT.
- CHARMES, Jacques. (1992) El empleo en el sector informal.
Su integración a las estructuras económicas. Buenos Aires: HVMANITAS.
- ENCUENTRO NACIONAL DE LA MICROEMPRESA (1996) La microempresa
en debate. Buenos Aires: IDEMI/EMPRENDER/Municipalidad de Rafaela/Fundación
Institucional.
- ESCOBAR DE PAVON, Silvia. (1990) Crisis, política económica
y dinámica de los sectores semiempresarial y familiar. La Paz-Cochabamba-Santa
Cruz. 1985-1989. La Paz: CEDLA. Serie: Estudios e investigaciones.
- GALLART, María A.; MORENO, Martín; CERRUTTI, Marcela. (1991)
Los trabajadores por cuenta propia del Gran Buenos Aires: Estrategias
educativas y ocupacionales. Buenos Aires: CENEP, Cuaderno Nº45.
- GRASSI, Estela; HINTZE, Susana; NEUFELD, María Rosa. (1994) Políticas
Sociales. Crisis y Ajuste Estructural. Buenos Aires: Espacio
Editorial.
- GROMPONE, Romco. (1985) Talleristas y vendores ambulantes
en Lima. Lima: DESCO.
- LESCANNE, Valérie (1998) Apostando al crecimiento. Evaluación
del impacto de los servicios de apoyo a los microempresarios de
menores recursos económicos.Buenos Aires:EMPRENDER.
- MÜLLER, Alois. (1980) Los trabajadores por cuenta propia en
Santiago. Santiago de Chile: PREALC.
- OFICINA INTERNACIONAL DEL TRABAJO.(1990) Informe VII. Promoción
del empleo por cuenta propia. Ginebra: Oficina Internacional
del Trabajo.
- PANAIA, Marta (comp.) (1996) Trabajo y Empleo. Un abordaje
interdisciplinario. Buenos Aires: Coediciones EUDEBA-PAITE.
- PERES VELASCO, Antonio; CASANOVAS SAINZ, Roberto; ESCOBAR DE
PAVON, Silvia; LARRAZABAL CORDOVA, Hernando (1989) Informalidad
e ilegalidad: la falsa identidad. La Paz: CEDLA.
- TOKMAN, Víctor (1999) La informalidad en los años noventa:
situación actual y perspectivas. En: CARPIO y NOVACOVSKY (comp.)
De igual a igual. El desafío del estado ante los nuevos problemas
sociales. Brasil: Fondo de Cultura Económica/SIEMPRO/FLACSO.
- TOKMAN, Víctor; O'DONNELL, Guillermo (comps.) (1999) Pobreza
y desigualdad en América Latina. Temas y nuevos desafíos. Buenos
Aires: Paidós.
- VILLANUEVA, Ernesto (comp.) (1997) Empleo y Globalización.
La nueva cuestión social en la Argentina. Buenos Aires: Universidad
Nacional de Quilmes.
[1] - Aclaramos que en
estos datos no están incluidas las Municipalidades dado que aunque
fueron invitadas a participar del Censo en el marco de la Ley
4575/91, no lo hicieron en su gran mayoría.
[2] En el presente trabajo
no se utiliza la categoría Sector informal por permanecer esta
ligada a la idea de ilegalidad de algunas de las actividades comprendidas
en el mismo (prostitución y narcotráfico). Las microempresas y
los TCPsD son grupos más específicos e identificables, que posibilitan
la implementación de políticas focalizadas.
[3] CANITROT et.al. 1995:75.