¿Un nuevo paradigma en el estudio de la religión?: Aplicando teorías
de la elección racional a dominios “irracionales”
Dr. Alejandro Frigerio ( Universidad Católica Argentina
/ CONICET)
En un articulo
que va en camino de convertirse en clásico, Stephen Warner (1993) llama la
atención hacia el desarrollo de un nuevo paradigma interpretativo dentro la
sociología de la religión. Este nuevo paradigma, se diferencia del antiguo
-representado principalmente por los trabajos de Peter Berger (1970, 1971)
sobre la religión como "dosel sagrado" - en varios puntos:
- se inspira
más en la historia norteamericana que en la experiencia europea sobre el desarrollo
de la religión (1993: 1045).
-no visualizaría
a la religión como una propiedad de la sociedad toda, sino más bien como perteneciente
a grupos específicos que la integran (1993: 1046-1047).
- tendría
una visión crítica de la teoría de la secularización (1993: 1048).
- utilizaría
conceptos e imágenes económicas (1993: 1051)
- tendría como
una de sus nociones principales la idea de que el disestablishment
(la separación entre iglesia y estado) es lo normal. La existencia de distintos
grupos religiosos compitiendo en el mercado no es considerada una degeneración
de la religión -como algo negativo para su naturaleza, como afirma Berger
(1971) - ya que en Estados Unidos, los grupos prácticamente nacieron dentro
de una situacion pluralista (1993: 1053-1054).
- consideraría,
por lo tanto, a los cambios que se producen dentro de los grupos religiosos,
en el mercado religioso y en la afiliación religiosa de los individuos como
algo natural y esperable en una situación pluralista y no como un síntoma
de degradación de la religión (1993: 1064-1065).
- pondría un
especial énfasis en la oferta religiosa, más que en la demanda.
En este trabajo
brindaré una reseña de algunas de las principales ideas del nuevo paradigma,
especialmente en su formulación más explícita, a través de las obras de Rodney
Stark, Laurence Iannaccone y Roger Finke. Señalaré los elementos más positivos
del nuevo paradigma, y sugeriré en qué medida éste puede ser mejorado a la
luz de otros desarrollos contemporáneos en el estudio de la religión.
1. El Nuevo Paradigma: Principales Ideas
La gran cantidad
de publicaciones realizada por varios de los principales exponentes del nuevo
paradigma dificulta un tanto una sintética exposición del mismo. Sin duda
los autores que más vigorosamente lo han propuesto, y quienes han contribuido
con la mayor cantidad de ideas en su conformación y de datos que lo confirmarían
han sido, como mencioné, Rodney Stark, Laurence Iannaccone, Roger Finke ,
en publicaciones unitarias o en colaboración . Además, autores como Stephen
Warner (1993, 1997), Mark Chaves (1996; Chaves y Cann 1992; Chaves y Montgomery
1996), Darren Sherkat (1997, Sherkat y Wilson 1995), Michael Hechter (1997)
y Anthony Gill (1998), entre otros, han realizado un apoyo crítico del nuevo
paradigma, colaborando en la discusión y clarificación de los principales
conceptos -marcando sus diferencias con algunos de éstos- o aportando datos
empíricos que sustentan algunas de sus conclusiones.
El nuevo paradigma,
denominado "market theory of religion" (Warner 1993: 1051) o "market
model" (Finke y Iannaccone 1993: 28); "economics of religion"
(Iannaccone 1998); "supply-side analysis" (Warner 1997: 91);
"rational choice model of religion" (Warner 1997: 88) o "economic/rational
choice approach to religion" (Stark y Iannaccone 1993) , resulta -como
todos estos nombres sugieren- de la aplicación de teorías económicas y de
la elección racional (rational choice ) a los fenómenos religiosos.
Además de la utilización explícita de conceptos económicos ("economía
religiosa", "firmas religiosas", "monopolio", "desregulación
del mercado" "consumidores"), el modelo incluye una atención
focalizada más en la oferta religiosa que en la demanda . De esta
manera se obtiene una perspectiva novedosa respecto del funcionamiento de
los mercados religiosos y de los efectos del pluralismo, la competencia
y el monopolio religiosos en la actividad religiosa de una sociedad
(Stark y McCann 1993: 112).
a) Economías y mercados religiosos
Este nuevo
paradigma entiende a todas las actividades religiosas de una sociedad como
constituyendo una "economía religiosa" (Stark 1985) .
" Las economías religiosas
son como las economías comerciales en que consisten en un mercado constituido
por un conjunto de clientes actuales y potenciales y una variedad de
firmas (religiosas) que intentan satisfacer a este mercado. Como con
las economías comerciales, la principal variable de interes es su grado de
regulación. Algunas economías religiosas se encuentran restringidas por monopolios
impuestos por el Estado (state-imposed) , otras estan virtualmente no reguladas
(irreguladas?)." (Stark y McCann 1993: 112)
El pluralismo es la situación
natural de las economías religiosas
Una diferencia
importante de este paradigma respecto del antiguo, sería que para estos autores,
debido a la segmentación natural de las preferencias (religiosas y de otra
índole) de los consumidores, el estado natural de una economía religiosa es
el pluralismo : la existencia de un mercado religioso con diferentes
firmas compitiendo por clientes.
" En la medida que una economía
religiosa se halle no regulada, las leyes de la oferta y la demanda permiten
deducir que la economía religiosa será muy pluralista. Esto es, la condición
"natural" de las economías religiosas es una en la que una variedad
de firmas proveen a las necesidades y gustos de segmentos específicos del
mercado. (...)
Esta variedad surge porque una
única forma de un producto no puede satisfacer apetitos diferentes. O, para
denotar los aspectos específicos de las firmas religiosas y de sus productos
"intangibles" , el pluralismo se desarrolla en mercados no regulados
porque una unica firma religiosa no puede ser al mismo tiempo worldly
y otherworldly , estricta y permisiva, exclusiva e inclusiva, expresiva
y reservada, mientras que el mercado siempre estará compuesto por segmentos
diferenciados de consumidores con fuertes preferencias hacia algunos de estos
aspectos de la fe. Estos segmentos diferenciados de consumidores forman parte
de la condición humana, y se derivan de variables tales como clase social,
edad, género, salud y experiencias de vida. " (Stark y McCann 1993:
113)
El pluralismo fortalece la economía religiosa
Otra diferencia
importante respecto del paradigma tradicional, es que se considera que la
existencia de un mercado desregulado -por ende pluralista- fortalece a la
economía religiosa en general. Cuando más firmas motivadas pueden entrar
libremente al mercado, los niveles de compromiso religioso individual deberían
aumentar. (Stark y Iannaccone 1993: 255)
La visión de
estos autores, entonces, es contraria a la del paradigma sustentado por Berger,
para quien
"... la situación pluralista
hunde ipso facto a la religión en una crisis de credibilidad. .....
la situación pluralista hace cada vez más difícil mantener o construir nuevas
maneras de plausibilidad viables para la religión (...) multiplica el número
de estructuras de plausibilidad que compiten entre sí. Por su propia naturaleza,
relativiza sus contenidos religiosos (...) La religión ya no legitima el mundo
. En cambio, diferentes grupos religiosos tratan, por diferentes medios, de
mantener sus submundos particulares frente a una pluralidad de submundos rivales."
(Berger 1971: 183-185)
Las religiones monopólicas son ineficientes
En efecto,
lejos de la idea de que la quiebra del "dosel sagrado" pone en duda
la credibilidad de la religión, los autores aquí considerados encuentran que,
por el contrario, una religión monopólica apoyada y subsidiada por el estado
tenderá a ser ineficiente, ya que, sin competencia, los agentes religiosos
tendrán poco incentivo para ofrecer su fe con vigor y eficientemente. Por
este motivo, la participación o la mobilización religiosa disminuirán. (Stark
y Iannaccone 1993: 253)
No hay religiones efectivamente monopólicas, sino mercados regulados
Para apoyar
su visión de la tendencia del mercado hacia la diversidad religiosa, los autores
dudan de la capacidad de una sola firma religiosa de lograr un efectivo o
real monopolio del mercado religioso. La segmentación del mercado (en términos
de preferencias religiosas) hace difícil que alguna religión pueda, como vimos,
imponer un monopolio religioso.
"Como una única firma religiosa
no puede moldear su atractivo para atender las necesidades de un segmento
del mercado sin sacrificar su atractivo para otro, la oferta y la diversidad
de la religión aumentan en la medida en que las regulaciones son levantadas
(....) Debido a la diferenciación subyacente a las preferencias de los consumidores
, la competencia religiosa y el pluralismo crecerán, salvo que exista una
regulacion del Estado" ( Finke 1997: 51)
Los autores
desconfían incluso, de que alguna vez haya existido un monopolio católico
efectivo:
"Porque estas preferencias
de los consumidores son fuertes, las economías religiosas nunca pueden ser
plenamente monopolizadas, ni siquiera cuando están respaldadas por el poder
cohercivo total del estado. De esta manera, aun cuando se hallaba en la cúspide
de su poder temporal, la iglesia medieval estaba rodeada de herejías y afectada
por divergencias internas. (…) la indiferencia religiosa, y no la fe (piety)
dominaba en la Europa medieval. " (Stark y McCann 1993: 112- 113)
Según estos
autores, cuando las fuerzas represivas son fuertes, todas aquellas religiones
que compiten con la religión monopólica apoyada por el estado deberán operar
de manera oculta. Cuando la represión disminuya, un pluralismo vigoroso renacerá
(Stark y McCann 1993: 113).
Lo más importante son las variaciones en la oferta
religiosa
Estos autores
enfatizan principalmente las variaciones en el comportamiento de las
firmas religiosas, más que las variaciones en las necesidades religiosas de
los individuos. El énfasis analítico se ha desplazado, por lo tanto, del lado
de la demanda hacia el lado de la oferta (Stark y McCann 1993: 114).
b) Religión
y rational choice
Por detrás
de esta visión del funcionamiento de los mercados religiosos, existen ciertas
presunciones básicas acerca de qué constituye una religión, y cuáles son las
relaciones que los individuos establecen con estas religiones.
Estas presunciones
se derivan de la definición de religión de Stark y Bainbridge (1996) y de
las ideas de Iannaccone acerca de los dilemas inherentes a la producción colectiva
de los bienes religiosos.
Los bienes religiosos son riesgosos
Los bienes
religiosos consisten, principalmente, de compensadores ofrecidos como
promesas de bienes (rewards ) que son escasos o no pueden ser conseguidos
por medios naturales. Los compensadores religiosos se basan en la existencia
de poderes sobrenaturales y por lo tanto no son susceptibles de ser evaluados
fehacientemente (Stark y Bainbridge 1996). Ofrecen la posibildad de importantes
recompensas (la salvación eterna, una vida feliz) pero como su veracidad es
díficil de establecer, son inherentemente riesgosos (Stark y Iannaccone
1993: 244).
Los bienes religiosos son producidos colectivamente
Según Stark
y Iannaccone, el valor de un compensador religioso se establece a través de
la interacción y los intercambios sociales (1993: 245). Como los compensadores
religiosos (por ser promesas) son riesgosos, su validez se verá aumentada
si es legitimada dentro del o de un grupo con el cual el individuo interactua.
La religión es siempre un fenómeno social, una mercancía producida
y mantenida colectivamente . Muchas actividades religiosas requieren
la participación grupal: liturgias, sermones, himnos o testimonios, por ejemplo.
Estos últimos son especialmente importantes, ya que es frecuente que a través
de ellos se genere la fe en los compensadores y se ennumeran los beneficios
que el compromiso religioso conlleva. De esta manera, se presenta evidencia
de que la religión funciona, y que por lo tanto sus premisas deben ser verdaderas
(Stark y Iannaccone 1993: 246).
".... la religión es un
bien inherentemente riesgoso . Por lo tanto, los individuos dependen
de su interacción con otros para determinar si el valor de las recompensas
o bienes religiosos es mayor que los riesgos -esto es, para evaluar si el
costo de calificar para la recompensa es menor que el riesgo de que la recompensa
no se materialice. En la medida en que otros individuos con los cuales la
persona interactúa muestre confianza en el valor de las recompensas religiosas
futuras, el individuo también tendrá una confianza mayor ." (Finke y
Stark 1992: 252)
Los individuos evalúan los bienes religiosos, de la misma manera
que evalúan otros bienes
Siendo la teoría
del rational choice uno de los principales sustentos del nuevo paradigma
-por lo menos en la versión de Stark, Iannaccone y Finke- se afirma que los
individuos evalúan los costos y beneficios que presumen resultarán de su participación
religiosa y actúan con miras a maximizar los beneficios anticipados.
" Suponemos que los individuos
evalúan las mercancías religiosas de la misma manera que evaluan todos los
otros objetos que eligen. Evaluan sus costos y beneficios (incluyendo los
"costos de oportunidad" que surgen cuando una acción se lleva a
cabo desplazando a otras) y consumen las mercancías que brindan los mayores
beneficios anticipados. Evaluarán, especialmente, las recompensas
propuestas por los compensadores religiosos contra los costos
de las condiciones postuladas para acceder a los compensadores y el riesgo
de que las recompensas prometidas no se materialicen . " (Stark y Iannaccone
1993: 244-245, mi énfasis)
Los productos religiosos deben ser vigorosamente ofrecidos en el
mercado
Los productos
religiosos no sólo se ofrecen en el mercado, sino que esta oferta debe ser
vigorosa. Dado que, como vimos, la religión es un bien que se produce colectivamente
dentro de un grupo religioso -y el individuo elige entre alternativas evaluando
los posibles beneficios que obtendrá- es necesario lograr un importante nivel
de compromiso entre los miembros para lograr una satisfactoria producción
del bien "religión".
Según el análisis
de Iannaccone (1994) en toda producción colectiva de bienes existe el peligro
de que haya individuos que participen de estos bienes colectivos sin contribuir
a su producción. El dilema de los free-riders como bien mostró Olson
(1965) afecta a toda acción colectiva -no sólo religiosa. En la medida en
que un grupo atrae a gente que no colabora pero si participa de los bienes
colectivos, éste se debilita.
Los grupos religiosos estrictos eliminan el problema de los free-riders
aumentando el compromiso requerido de los miembros
Según Iannaccone,
los grupos religiosos que logran contornar este dilema son los que imponen
un costo importante a la participación grupal : de esta manera logran
que quienes participan lo hagan plenamente, contribuyendo así a la producción
del bien colectivo [i].
" Puede parecer paradójico
que cuando los costos de ser miembro aumentan, las ganancias netas de serlo
también lo hacen. Esto ocurre, sin embargo, cuando el bien es colectivamente
producido, y cuando los costos mayores hacen que se incrementen los niveles
de participación en la acción colectiva, ya que esto resulta en una mayor
producción de bienes colectivos. (...) Cuando cada miembro individual paga
los costos de altos niveles de compromiso, cada uno se beneficia a su vez
con nivel más alto de participación generado por el grupo. (...) Para mucha
gente, la participación en religiones estrictas constituye un "buen negocio"
en términos de un análisis convencional de costo-beneficio." (Finke y
Stark 1992: 255)
La strictness
aumenta el compromiso, incrementa los niveles de participación y permite que
un grupo ofrezca mayores beneficios a sus miembros actuales y potenciales.
Los grupos estrictos, con miembros comprometidos, logran a su vez una mayor
movilización de recursos de sus fieles -especialmente sus contribuciones en
tiempo y dinero- lo que lleva a su mayor crecimiento (Iannaccone, Olson y
Stark 1995)..
Existe, sin
embargo, un nivel óptimo de strictness , más allá del cual se produce
una disminución de los retornos, en la medida en que la posibilidad de aumentar
los beneficios no es infinita. La strictness aumenta el atractivo
de un grupo religioso para un individuo sólo en la medida en que los beneficios
que recibe de la participación son mayores que los costos de entrar o permanecer
en el grupo. Los grupos que exceden el nivel óptimo de strictness
tenderán a rechazar o expulsar a sus miembros potenciales o efectivos, mientras
que los que estén por debajo de este nivel sufrirán de problemas de free-riders
. (Iannaccone 1994: 1202).
La mayor parte
de los grupos religiosos, sin embargo, no aumentan progresivamente su strictness
, sino que por el contrario, la van reduciendo progresivamente.
El proceso de transformación de "secta" en "iglesia"
es el principal motor de la economía religiosa
Según Iannaccone
y Stark (1993), los estigmas y los sacrificios que conlleva la participación
en grupos estrictos genera y refleja la tensión que existe entre estos grupos
y la sociedad. En la medida en que un grupo se diferencia y se separa de su
entorno (y debe hacerlo, como vimos, para admitir sólo miembros dedicados
y aumentar su producción de bienes religiosos) se genera una tensión creciente
con la sociedad en la que existe.
El grado de
tensión con la sociedad es el criterio principal que estos autores utilizan
para diferenciar entre iglesias y sectas .
" Las firmas religiosas
que se encuentran en un estado relativamente bajo de tensión (religiones de
"bajo costo") pueden ser identificados como iglesias . Las
firmas religiosas en un estado relativamente alto de tensión (religiones de
"alto costo") pueden ser identificados como sectas y cultos
. " (Stark y Iannaccone 1993: 250) [ii]
Los grupos
religiosos exitosos tienden, con el tiempo, a reducir su tensión con la sociedad
circundante. En la medida en que logran atraer miembros de estratos más afluentes,
habrá presiones para disminuir sus demandas estrictas y costosas de membrecía.
La disminución de los requisitos de los miembros lleva por lo general a un
aumento en la cantidad de free-riders, y a un consecuente disminución de la
generación de bienes colectivos y del compromiso grupal. Cada vez que esto
suceda, habrá divisiones cismáticas de grupos que intentarán restaurar altos
niveles de compromiso religioso y por lo tanto de tensión con el mundo. Como
han mostrado Finke y Stark (1992) en su análisis del desarrollo de los grupos
religiosos en Norteamérica, son siempre las nuevas sectas que demandan altos
niveles de compromiso y generan mayores bienes religiosos las que crecen y
dinamizan, por lo tanto, la economía religiosa.
" En la medida en que las
firmas religiosas mayores se acomodan a la cultura secular (se secularizan)
el crecimiento se concentrará entre las firmas menos acomodadas. En términos
económicos, el crecimiento ocurre en áreas con aberturas en el mercado (areas
with market opening ) " (Finke 1997: 54).
c) Secularización
y movilización religiosa
Hasta ahora
hemos visto que el nuevo paradigma se caracteriza por -entre otros aportes-
enfatizar el libre mercado como el estado natural de la economía religiosa;
por pensar que el pluralismo fortalece las economías religiosas; por concebir
a la actividad religiosa como fruto de la elección racional del individuo.
Se distingue también del paradigma antiguo por su diferente visualización
del proceso de secularización, sobre todo cuando ésta es considerada como
un proceso creciente de pérdida de importancia de la religión para
los individuos .
Religiosidad personal y movilización religiosa
Por pensar
que los efectos de un mercado regulado y de una firma monopólica subsidiada
por el estado son negativos para la dinámica de la economía religiosa, los
proponentes del nuevo paradigma descreen de -por lo menos- algunos postulados
del paradigma tradicional de la secularización. Especialmente, como mencioné,
los que se refieren a la necesaria disminución de la religiosidad
subjetiva en una sociedad moderna.
Para ellos,
los altos índices de creencia en Dios que aún muestran los países europeos
considerados más secularizados reflejan que existe una demanda potencial
de religión, y lo que faltan son firmas religiosas vigorosas capaces de canalizar
esta demanda hacia la movilización religiosa (Stark y Iannaccone
1994) . Otros datos aportados por Iannaccone y Stark (1994) muestran que,
pese a que las economías religiosas europeas aún están bastante reguladas
(Stark y Finke, en prensa) el crecimiento reciente de nuevos movimientos religiosos
dentro de ellas es muy importante. Los Testigos de Jehová, por ejemplo, crecieron
un 72% en Europa entre 1980 y 1992 (comparado con un 59% en EEUU) y ahora
tienen más miembros en números absolutos en Europa que en Estados Unidos.
Los grupos evangélicos y pentecostales también se desarrollaron mucho: las
Asambleas de Dios , por ejemplo, crecieron en Francia un 333% entre 1980 y
1990. Considerando la cantidad de nuevos movimientos religiosos presentes
en cada país (exceptuando los cristianos y los musulmanes), las naciones europeas
tienen una tasa de movimientos por habitante que duplica a la de Estados Unidos
(Stark 1993: 392-393).
Para ellos,
estos datos darían la pauta de que, enfrentados con firmas vigorosas dispuestas
a ofrecer activamente sus productos y en la medida en que los mercados religiosos
europeos se vayan desregulando , es esperable que los individuos de estos
países aumenten su participación religiosa.
Secularizacion / desacralizacion
Los autores
afirman que el proceso que caracteriza a la sociedad moderna no es el de secularización,
sino el de desacralización de la sociedad. Según Stark y Iannaccone:
" En la medida en que una
firma religiosa logra el monopolio, intentará ejercer su influencia sobre
otras instituciones y de esta manera, la sociedad se verá sacralizada. Por
sacralizada, entendemos que los aspectos principales de la vida, desde la
familia a la política, estarán imbuídos de símbolos, retórica y rituales religiosos.
(...) La sacralización de la esfera política es el quid pro quo mediante
el cual una determinada firma religiosa recluta los poderes cohercitivos del
estado contra firmas con las cuales compite. (...) Cuando el estado, por el
motivo que sea, ya no reconoce las exigencias de una firma monopólica a la
legitimidad exclusiva, deviene la desacralización. Cuando existen una pluralidad
de firmas religiosas, ninguna tiene suficiente poder como para mantener la
sacralización." (Stark y Iannaccone 1993: 254)
De esta manera,
los autores se suman a otros estudiosos que en trabajos recientes señalan
que es necesario precisar qué se entiende por secularización, qué características
asumiría este proceso y cómo operaría de manera diversa en las distintas esferas
y niveles de análisis de la actividad social (Dobbelaere 1981; Tschannen 1991;
Chaves 1994; Frigerio 1995; Pierucci 1997 y 1998).
Para Stark,
Iannaccone y Finke, aunque se puede apreciar un declinio de la influencia
de la religión en la esfera pública de la vida moderna (desacralización),
ésta no necesariamente se corresponde con la disminución de la importancia
de la religión en la vida de los individuos. El compromiso religioso individual,
por el contrario, en la medida en que haya una oferta religiosa más vigorosa,
debería aumentar en condiciones de libre mercado. De cualquier manera, es
necesario remarcar que el paradigma no pronostica ni el declinio ni el aumento
necesario de la religión, sino que más bién, intenta explicar las
variaciones en la actividad religiosa en determinadas economías religiosas
, considerando a la competencia como un factor fundamental (Stark y Iannaccone
1996: 265).
2. Alcances del nuevo paradigma
Como afirman
Stark y Finke (1993), gran parte de los estudios sobre religión parten de
la presunción de la implícita irracionalidad del comportamiento religioso.
A un nivel micro de análisis, estas teorías van desde la sicología, que considera
a la religión como síntoma de una patología o como una ilusión, a la concepción
marxista de la religión como falsa conciencia o a los trabajos que ven la
supervivencia de la religión como producto de la ignorancia y la poca cultura
de los individuos que la practican. Estas posiciones no parecen ser apoyadas
por estudios empíricos, en la medida en que la mayor parte de los trabajos
publicados muestran una relación positiva entre religión y salud mental; que
la religión puede apoyar tanto causas conservadoras como progresistas o que
parece haber una asociación positiva entre compromiso religioso y clase social
(Stark y Finke 1993: 111-112). Tampoco concuerdan con lo que llaman "teorías
irracionalistas macro"; la idea de que "la religión aumenta y disminuye
como respuesta a periódicas intensificaciones de condiciones favorables -cuando
la miseria y el miedo empujan a la gente hacia la fe" (Stark y Finke
1993: 113). Por ello muestran cómo varias de las "explosiones" religiosas
recientes (la de nuevos movimientos religiosos; de cultos de origen oriental
y de iglesias evangélicas durante los 60s, y parte de los 70s) son el resultado
en realidad de procesos que ya llevaban un cierto tiempo, catalizados luego
por ciertas desregulaciones estratégicas en áreas de la economía religiosa.
La explicación
de que la religión aumenta en épocas de crisis (económicas, sociales, culturales,
de la modernidad, etc.) es a menudo aceptada acríticamente en nuestro medio,
pero sin una clara explicitación de en qué consistiría la crisis, cómo mediríamos
su intensidad o de cuáles serían los mecanismos mediante los cuales tal situación
produciría actividad religiosa. Este argumento, sobre todo , no resulta mínimamente
adecuado para explicar por qué algunos grupos crecen más que otros,
por qúe son siempre las religiones introducidas o desarrolladas recientemente
las que más crecen, y por qué los grupos exitosos tienen ciertas características
y no otras.
El nuevo paradigma,
aunque ciertamente no tiene todas las respuestas a nuestras preguntas, permite
al menos considerar los hechos desde una perspectiva distinta, ofreciendo
una serie de herramientas conceptuales particularmente apropiadas para analizar
el exito diferencial de los grupos y también la eleccion diferencial
que los individuos realizan de éstos. Desde el lado de la demanda ,
considera a la actividad religiosa como fruto de la elección racional de los
individuos -quienes evaluan costos y beneficios e intentan maximizar
sus beneficios netos- y ayuda portanto a enfatizar más el rol de la agencia
humana en los procesos religiosos [iii].
La misma perspectiva aplicada ahora al lado de la oferta religiosa
, permite apreciar también cuáles serían los comportamientos maximizantes
(maximizing behaviors ) de las firmas -que serían beneficiados por
las fuerzas evolutivas aún si los agentes religiosos no los realizaran con
esta intención (Iannaccone 1997: 27). Por último, la teoría toma en especial
consideración al contexto , especialmente el mercado religioso, examinando
cómo su grado de regulación "restringe la competencia, cambiando los
incentivos y oportunidades para los productores religiosos (iglesias, predicadores,
etc.) así como las opciones viables para los consumidores religiosos (miembros
de los grupos)" (Finke 1990: 49). En suma , la perspectiva trabaja principalmente
con tres niveles: el nivel individual (cómo los individuos realizan
comportamientos religiosos maximizantes de sus beneficios), el grupal
(cómo las instituciones crean una demanda o se adaptan a un determinado nicho
del mercado) y el contextual (el grado de regulación del mercado religioso).
Los estudios particulares pueden privilegiar uno u otro nivel de análisis.
El nuevo paradigma
trae algunos beneficios para la sociología de la religión. Por un lado, permite
ligar los estudios sobre religión a los realizados en otras áreas de la vida
humana, donde los trabajos sobre rational choice han sido particularmente
fructíferos (Hechter y Kanazawa 1997). Por otro lado, porque como bien explica
Stark (1997) en su historia del desarrollo de la perspectiva, ésta resulta
de un esfuerzo deliberado de traer la teoria de nuevo dentro de la sociología
de la religión -el título de su artículo es precisamente "Bringing theory
back in". A la vez, como afirma Iannaccone, "presupone un compromiso
con los objetivos y los métodos de la ciencia en general (...) una búsqueda
de las leyes del comportamiento que satisfaga los criterios de objetividad,
reproductibilidad y refutabilidad " (Iannaccone 1997: 27).
El nuevo paradigma
tiene una ventaja respecto del viejo, y es que toma a la situación actual
de la religión como una realidad en sí misma, y no la compara (explícita
o implícitamente) con una supuesta situación privilegiada anterior -respecto
de la cual la forma actual sería una degeneración . Rompe con el presupuesto
Durkheimiano -sustentado también por Berger- de que la religión tenía
-y por lo tanto, debe tener - como función integrar moralmente la sociedad
y que si no lo hace es una versión degenerada o poco importante de la "verdadera"
religión.. El nuevo paradigma empieza con la situación de mercado,
y analiza las consecuencias de la competencia y la desregulación para la economía
religiosa -sin comparar implícitamente con una situación anterior de no-mercado.
De la misma
manera, utliza la teoría de la elección racional y el modelo del mercado como
modelo teórico. Llamar a la religión de "producto" (commodity)
y a las iglesias de "firmas religiosas" no implica un juicio de
valor sobre la naturaleza de la actividad religiosa asi calificada, sino solamente
aplicar algunas de las percepciones (insights ) de la teoría económica
a la explicación de comportamientos religiosos (Stark 1997: 17) [iv]. El paradigma anterior (como expresado por Berger),
por el contrario, sí realiza un juicio de valor al considerar que toda una
serie de consecuencias negativas advienen del hecho de que la actividad religiosa
sea dominada por la "lógica" de la economía de mercados - entre
ellos burocratización, ecumenización, posibilidad de cambio, modas religiosas,
etc. (Berger 1971: 169-186).
Por último,
el nuevo paradigma no sólo pone un énfasis inédito en la oferta -en
el comportamiento de firmas religiosas no subsidiadas que deben crear
una demanda, y movilizar a sus potenciales y actuales miembros- sino
que , sobre todo, postula mecanismos predecibles por la teoría, y pasibles
de ser refutados empiricamente . Los análisis que enfatizan principalmente
variaciones en la demanda (características socio-económics o sicológicas
de los consumidores; ciclos culturales; crisis económicas) rara vez presentan
datos empíricos que demuestren las variaciones que presuponen ni tampoco especifican
cuáles son los mecanismos que llevan de determinadas características personales
a una elección religiosa.
El énfasis
en el grado de desregulación del mercado religioso (en términos operacionalizables)
y en la presencia de firmas vigorosas no subsidiadas, permite explicar variaciones
r en la actividad religiosa, sin postular necesariamente la desaparición
o el crecimiento de la religión.
Más allá del
status que finalmente adquiera el paradigma dentro del estudio de la religión
(si realmente se consolidará como el nuevo paradigma o será una de las tantas
perspectivas teóricas posibles) lo cierto es que se ha convertido en el centro
de la discusión académica en las revistas y congresos de sociología de la
religión en Estados Unidos.
Como he mostrado
en otro trabajo a través del análisis de algunos desarrollos recientes de
la economía religiosa argentina (Frigerio 1998), el nuevo paradigma también
puede ser utilizado con provecho para comprender la realidad latinoamericana.
Sin embargo, tanto algunos datos de nuestra realidad religiosa como otros
estudios que se vienen realizando en la sociología de la religión y en la
de los movimiento sociales, muestran algunas falencias del mismo que deberían
ser tomadas en cuenta.
Las mayores
críticas que el modelo ha recibido a nivel conceptual se refieren a sus presuposiciones
sobre el comportamiento de los individuos, especialmente a cómo y por qué
éstos realizan una determinada elección religiosa. Aún autores que simpatizan
con el modelo consideran que su tratamiento de las elecciones individuales
es insuficiente, ya que no tomaría en cuenta los valores de los individuos
(Hechter 1997) , las influencias sociales (Sherkat 1997) y tampoco consideraciones
de status, movilidad social y normas grupales (Sherkat y Wilson 1995) -críticas
que son aplicables a la teoría de rational choice en general (Hechter y Kanazawa
1997).
Aún cuando
todavía no fue mencionado en la bibliografía, sería necesario ajustar la idea
propuesta por el nuevo paradigma del individuo que escoge su grupo intentando
maximizar sus beneficios, a la que surge de los estudios de conversión y de
la afiliación a movimientos sociales que muestra a un individuo realizando
varias opciones (por entrar y luego por permanecer) a lo largo de
su carrera religiosa o de compromiso con un grupo (Carozzi y Frigerio 1994).
Aunque la noción de que el individuo intenta maximizar su beneficio con la
participación religiosa no es incompatible con ésta última, sí hay que considerar
que no hay una opción en un momento determinado, sino varias a
lo largo del tiempo, con incentivos que se van modificando de acuerdo a cómo
evoluciona la relación del individuo con el grupo (Zurcher y Snow 1981, Mauss
1993, Frigerio 1997, 1998).
Warner, quien
como vimos fue el primero en anunciar el desarrollo de un nuevo paradigma
(1993), a su vez considera que es algo unidimensional considerar a la strictness
como la llave de la vitalidad de los grupos religiosos y que quizás
otros factores (como la adecuación del mensaje religioso a las masas y no
a la élite) pueden ser aún más influyentes (1997) [v]. Esta observación resulta particularmente relevante
para nuestro medio, donde podemos apreciar que el crecimiento de los grupos
(neo)pentecostales se da cuando reducen su strictness -tal
como definida por Iannaccone . O quizás haya que considerar que los pentecostales
clásicos habían sobrepasado el nivel óptimo de strictness y la versión
neopentecostal la volvió a acercar a ese nivel.
Mi propia experiencia
también muestra que es necesario tomar en cuenta otras características que
van más allá de la strictness y la eliminacion de los free-riders
. Como argumenté en otros trabajos, los grupos que crecen en nuestra área
geográfica parecen tener ciertas características en común: 1) la oferta de
compensadores específicos (servicios mágicos) y la capacidad de encauzar la
demanda de éstos a la de compensadores más generales (Frigerio 1999); 2) logran
una exitosa alineación de los marcos interpretativos del grupo con los de
sus potenciales miembros (Frigerio 1997) y 3) alientan la participación de
sus miembros en la medida de sus posibilidades en las actividades
grupales (Frigerio 1995). Considerar estas características implica avanzar
en el análisis desde la oferta religiosa y profundizar nuestro conocimiento
de los mecanismos de creación de compromiso con los grupos religiosos.
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