"Cultura e Internet: relaciones al interior de una comunidad virtual"
Ana María Raad, Licenciada en Comunicación Social;
Master en Antropología y Desarrollo (c).
Directora de proyectos y estudios (CDI - CHILE)
Las siguientes reflexiones están basadas en un
estudio que realicé acerca de una comunidad de fanáticos de la serie de TV,
Los archivos secretos x,[1]
cuyas relaciones se desarrollan principalmente dentro de Internet. En dicho
estudio convergen continuamente dos disciplinas que parecen complementarse,
debido a los cambios culturales que los medios de comunicación habrían generado
en la denominada “sociedad de la información”, me refiero a la antropología
y la comunicación social.
La propuesta básica de èste documento, es la de
plantear desde dónde realizar una antropología de los medios, considerando
a la posmodernidad como el contexto sobre el que se asienta la denominada
sociedad de la información. A partir de ello, y teniendo en cuenta
el supuesto de que los medios de masas son “recreadores” y “amplificadores”
de estructuras sociales mas generales, observaremos algunos rasgos de la cultura
virtual.
¿Desde dónde plantear una antropología de los medios de
comunicación?
El estudio de los medios de comunicación, desde
una perspectiva cultural no es reciente, y sin embargo aún no ha adquirido
la relevancia que para la antropología debiera tener. Actualmente, corrientes
como la denominada tradición británica de estudios culturales y comunicación[2] (Curran; Morley; Walkerdine),
proponen principalmente un “nuevo” revisionismo de los estudios culturales
y comunicación. Es decir, replantear algunos enfoques, tales como, cuál es
la relación que existe entre los medios de comunicación y la cultura; de qué
forma la complejidad que caracteriza a la posmodernidad, se agudiza aún más
cuando los acontecimientos se tornan en acontecimientos mediáticos, o como
indica Baudrillard, cuando el simulacro (mediatico) prevalece ante lo real.
Para James Curran, miembro de la tradición británica, dicho “nuevo revisionismo”
se trataría de "una crítica a las ideas que presentan a las audiencias
de los medios de comunicación como zombies pasivos o "inconscientes", fácilmente
influenciables por el poder de los medios".[3]
Para este autor, aquel poder atribuido a los medios de comunicación, sólo
estaría desconociendo las capacidades culturales del lector y el contexto
social en el que se ubica durante el “momento” de la lectura o exposición
al medio. "Mientras que la tradición radical clásica ve a los medios de
difusión como organismos de mitificación, que "retuercen" la realidad y crean
una toma de conciencia engañosa, la tradición liberal asume la existencia
de un grado mucho más elevado de afinidad entre los medios de difusión, la
realidad y el público. Aceptan que los medios de difusión reflejan, antes
que forman, la sociedad"[4].
Esta reflexión asumiría a los lectores-audiencias-sujetos,
como portadores de una cultura, que se reproduce y recrea continuamente a
partir de su interacción con los medios, y no necesariamente como un conjunto
de ideas y significaciones que le son externas, y que se le imponen al momento
de su experiencia mediática.
Por otro lado, David Morley afirma que “siempre
se debe reconocer que los “lectores” de distintas posiciones sociales, tienen
diferentes tipos y cantidades de “capital cultural” a su disposición, al hacer
“usos” e “interpretaciones” de los medios"[5]. A ello Curran agrega que la “predisposición” de la gente frente
a los mensajes es fundamental en el proceso de interpretación de los mismos,
ya que “distintas personas tienen distintas actitudes ante la misma cosa,
es decir que, la “cosa” NO es la misma para éstas personas”. De esta forma,
se estaría tomando en cuenta el capital cultural, los sentidos e interpretaciones
que tienen las personas acerca de los medios de comunicación, y los contextos
sociales y culturales que moldean y afectan dichos procesos. Los cambios principales
que el nuevo revisionismo propone, tienen que ver con el estudio de los medios
como portadores de un mensaje, que delegan la producción de significado al
espectador – productor; el reconceptualizar a las audiencias como productoras
activas de significados; el considerar el estudio de las funciones y valoraciones
que se le atribuyen a los medios, entre otros aspectos.
Así pues, nos encontramos con que, desde la perspectiva
antropológica (específicamente a partir de las teorías de Spitulnik (1993)),
hay quienes conciben a los medios masivos (mass media) como instituciones,
prácticas comunicativas, productos culturales, actividades sociales y como
procesos históricos. Para Spitulnik, los medios de masas son a la vez artefactos,
experiencias, prácticas y procesos[6]. De ahí que el estudio de los medios implicaría
abordar los procesos de construcción de realidades y la transmisión de culturas
dentro de una continua interacción mediatizada. En palabras de Martín Barbero
(desde la comunicación) estaríamos pasando del estudio de los medios
(como objetos, como vehículos transmisores), al estudio de las mediaciones
(como procesos culturales producto de la exposición mediática).
Estudio de la cultura en la sociedad de la Información
Una perspectiva a la que hemos recurrido para
abordar el estudio de la antropología de los medios de comunicación de masas,
ha sido el estudio de las sociedades de la información, cuyo contexto social
más amplio es la denominada posmodernidad. Esto lo hemos realizado principalmente,
porque la dialéctica entre consumo de información, mediatizacion de las relaciones
y cultura, son propias de dichos procesos sociales.
Nuestro análisis se basa en el supuesto de que
la posmodernidad ha perfilado ciertas características en la sociedad, que
se ven acentuadas por el uso de los medios o las relaciones que éstos median.
Algunos de éstos rasgos son, la máscara como identidad, que es un ir
y venir entre construcciones y deconstrucciones de un yo, un otro y un nosotros,
el tiempo como experiencia, a partir del cual se vive el presentismo
(no futurismo) a través de la interacción constante; el fin del espacio
como territorio, ya que los espacios no son compartidos sino interconectados
y con estructuras del tiempo de tipo instantáneos y simultáneos, el consumo
como dialéctica, consumo mediatico, de información que aglutina y sirve
de encuentro para generar sentido común; las emociones aglutinantes, ya
que la consistencia de los grupo es intensamente mantenida por puestas en
común de sensibilidades y afectos, no así por razones o de un “para qué” claro
y socializado.
Podríamos decir que en la posmodernidad, los núcleos
socializadores por excelencia, como lo eran la familia y la escuela, son puestos
en jaque por los medios de comunicación de masas. La construcción de identidades,
ciudadanía y moral, parecerían no ser más responsabilidad de dichos núcleos
“tradicionales” de socialización, sino que en gran parte, son responsabilidad
de los medios (con toda la espectacularización e industrialización que esto
conlleva).
Como lo indica el estudioso de la sociología de
la comunicación, Jesús Martín Barbero[7],
la heterogeneidad de los grupos, la diseminación de los anonimatos y la fuerte
conexión a redes culturales del mundo audiovisual, nos descubren la radicalidad
que caracteriza a las transformaciones de lo social. La cultura se configura
sobre la base del consumo de objetos culturales que la industria del entretenimiento
y tecnología les ofrece. Es decir, se produce un nuevo vínculo a partir de
lo que se ha denominado como “tecnofascinación” en donde la realidad se construye
por “atmósferas” y los vínculos por el consumo mediático.[8]
Así, la cultura industrializada y digitalizada
en imágenes es el imán aglutinador de las culturas juveniles, la amalgama
que desplaza a las viejas fuerzas de cohesión que representaban el territorio,
el barrio, o la ciudad. Esta cultura es productora de los nuevos símbolos,
de los nuevos referentes psíquicos de la identificación, al igual que será
la “creadora” de las distintas atmósferas donde los sujetos postmodernos socializan
y se comunican, claro, entendiendo la comunicación como “sentido compartido
a través de sensibilidades comunes”[9]
Para Martín Hopenhayn[10], una vez diluidas las imágenes de emancipación
de las masas, las utopías totalizadoras y la norma de una cultura única, los
lazos se hacen provisorios y precarios, según el proyecto de vida personal
y los gustos de cada cual. Esto, según él, implicaría que el tejido social
se ve simultáneamente atomizado y enriquecido por una telaraña de sensibilidades,
lenguajes, especialidades y estrategias de vida, que a su vez cobrarían una
visibilidad segmentada en los medios de comunicación de masas.
Ese nuevo tejido social, esas nuevas estructuras
que la sociedad ha ido moldeando a partir de la experiencia posmoderna y del
consumo mediatico, adquieren centralidad al momento de abordar el estudio
de Internet como medio de masas. Nuestra propuesta se basa en las reflexiones
de García Canclini, para quien "lo que hace la eficacia del espacio virtual,
no es el poder de las tecnologías de la información, sino su capacidad de
recrear, acelerar, amplificar y profundizar tendencias o estructuras de la
sociedad."[11] Adicionalmente asumimos a Internet
como generador de sentidos, valoraciones y funciones particulares, que dan
cuenta de una cultura que se produce y reproduce mediaticamente. Como bien
lo insinuaban tempranamente algunos estudiosos de la cultura “algunas
satisfacciones que se derivan de las relaciones mediadas por los medios de
difusión son, fomentar un sentido de pertenencia, promover el compañerismo,
facilitar la interacción personal, adquirir nuevas percepciones de uno mismo
y los demás, fraguar un sentido de la identidad, adquirir una sensación de
estar controlado, experimentar liberación emocional, escapar de la realidad
no deseada y suministrar una fuerte relajación” (Blumler y Katz 1974; Rosengren
y otros 1985; Rubin 1986)."[12]
Lo que hemos encontrado entonces es que los medios reproducen y median procesos
culturales, pero además los ponen en evidencia y facilitan su observación.
Relaciones mediadas por Internet
Teniendo en cuenta algunos rasgos de las sociedades
de la información y la posmodernidad, antes mencionados, y en especial a Internet
como espacio a través del cual se median ciertas relaciones, nos acercamos
al estudio de una comunidad virtual, a partir de la cual se observaron algunos
rasgos culturales que he considerado como relevantes para explicar los sentidos
y relaciones que se dan desde el uso de un medio de comunicación particular.
Emociones aglutinantes
Por un lado, y de acuerdo a la idea que plantea
Maffesoli acerca de la empatía (y no la razón) como motor de los grupos juveniles,
una de las conclusiones más contundentes del estudio, es que las racionalidades
sobre las que se asentaba la comunidad de fanáticos de los archivos secretos
x (tales como los objetivos para juntarse o el discurso formal que se
traspasa de miembro a miembro), se han debilitado, y han dado paso a las emociones
como ejes aglutinantes y cohesionarios, lo que conlleva a la estructuración
de una comunidad, a la que podríamos denominar como “comunidad emocional”
y cuyos contornos son bastante indefinidos. A pesar de que la dialéctica
entre razón y emoción genera ambigüedad e incertidumbre, no por ello los invalida
como procesos propios de una comunidad capaz de aglomerar a sus miembros y
entregarles el sentido que éstos buscan en ella. Para David Morley, la enorme
variedad de funciones (usos) de los medios, reflejan las diferencias existentes
entre metas, las necesidades psicológicas y las experiencias sociales de los
miembros individuales.
Por otro lado, también nos encontramos con las ideas de
Manuel Castells, para quien las redes “conectadas” se han vuelto formas de
comunidad especializadas, es decir, formas de sociabilidad construidas alrededor
de intereses específicos. Dado que las personas tienden a desarrollar sus
propios “portafolios de sociabilidad”, al invertir de forma diferenciada,
en distintos puntos al mismo tiempo y en un sin numero de redes con una penetración
baja. Esta idea acerca de las comunidades en donde cada persona arma su escena,
producto de múltiples experiencias, nos permite definirlas, más que por su
capacidad de agrupar, por su interconectividad y por las redes que van desarrollando
entre una y otra escena, uno y otro interés. Nos hemos encontrado con una
comunidad virtual cuyo éxito ha radicado en la capacidad de agrupar e inter-conectar
distintas demandas (con cada una de sus particularidades y niveles de especialización),
de ahí que identifiquemos a los que buscan información de la serie, o a los
que se interesan por coleccionar videos de ufologia, o simplemente los que
se identifican con las características psicológicas de los actores de la serie.
Esto es lo que Castells denomina, desde una perspectiva sociológica, como
una “comunidad de comunidades”, en donde los que intercambian información,
los que buscan amigos, los que simplemente quieren chatear un rato, o los
que navegan en busca de entretención, convergen en una sola red, de acuerdo
a intereses individuales, despojándose de una gran estructura homogénea que
los mantenga unidos por un mismo fin. Por otro lado, es lo que Morley (desde
una perspectiva cultural de los medios) explica como una característica propia
de los medios de difusión que "ofrecen un servicio de cafetería, donde
cada cual coge lo que le apetece".
Al igual que las "ventanas" del computador, que
se abren y cierran simultáneamente, cada relación se activa y desactiva de
acuerdo a una necesidad particular y específica. Cada tipo de relación que
se establece, genera identidad y reconocimiento entre los miembros, a pesar
de que no necesariamente se da en todos los aspectos sociales de los sujetos,
sino en los necesarios para "traspasar" información y empezar a hilar un vinculo
específico (especializado). Esto ha generado que los miembros de la comunidad
posean un "cocktail" de vínculos, una especie de "portafolio" de relaciones
particulares y únicas, poco homogéneas y coherentes entre sí. Como hemos mencionado
anteriormente, dicha telaraña de vínculos, es altamente estimulada por Internet,
porque las características de este espacio permiten que se establezcan vínculos
concretos, rápidos y altamente especializados y que se priorizan de acuerdo
al momento.
Consumo como dialéctica
Siguiendo con la descripción de algunos rasgos
de la comunidad virtual, podemos decir, que la cultura que se desarrolla al
interior de la comunidad virtual estudiada, responde a lo que Barbero explica:
"la cultura desarrollada por los jóvenes se configura sobre la base del
consumo de objetos culturales que la industria del entretenimiento y tecnología
ofrece". Gran relevancia, adquiere el consumo[13]
de objetos e información como dialéctica. Esa fascinación por la tecnología
y por establecer relaciones desde el consumo tecnológico, nos permite observar
cómo algunos roles, poderes y formas de participación, están altamente matizados
por dicha “tecnofacinación”.
La información que se consume al interior de esta
comunidad tiene varios matices. Por un lado, está la información referente
a la serie (todas las novedades, fotos de los protagonistas, actualizaciones,
nuevos episodios, etc.). También está la información que desarrollan en torno
a su fanatismo acerca de la serie (por ejemplo, cómo quieren ellos que sea
el siguiente capítulo, intercambio de mercaderías, resúmenes de los encuentros,
mails enviados entre ellos, etc.). Es a partir de esta información, que los
miembros entran a la página, consultan, entregan información y se van. Se
da, de cierta forma, una transacción cuyo fin es claro y asumido por todos.
Por ello, el valor de las situaciones y trascendencia de los encuentros estará
dado por el éxito en el traspaso de datos, noticias, primicias, links, fotos,
videos, etc. Así, la dinámica que se da entre los miembros del grupo, y a
su vez de éstos con los administradores de la página, estará regida principalmente
por el consumo mediático.
Fin del espacio como territorio
La construcción de la red de relaciones se va
dando también simultáneamente entre las que se construyen dentro y fuera de
Internet, dependiendo básicamente de los intereses, valores y afinidades.
Sin embargo, es importante señalar, que creemos que las relaciones en el espacio
virtual, además de los intereses, valores y afinidades, se priorizan por la
rapidez, simultaneidad de la comunicación, masividad, capacidad de aglutinar,
actualización continua, etc. Es decir, que éstos factores propios de Internet,
también se consideran al momento de establecer la red. De ahí que veamos cómo,
al momento de discutir e intercambiar información sobre el capitulo recién
transmitido de la serie, se priorice el chat y aparezcan las personas con
ese mismo interés y necesidad inmediata de discutir lo visto. No así como
cuando organizan convenciones, para lo cual se juntan en una casa con pocos
miembros a discutir toda la tarde sobre posibles actividades.
A la luz de la perspectiva simbólica de la antropología,
lo que adquiere relevancia aquí, es el sentido o resignificación que le dan
los miembros de la comunidad a éstos procesos, producto de la mediación de
Internet. Me parece que varios podrían ser los sentidos atribuidos. Por un
lado, están aquellos imaginarios asociados a la serie “archivos x”, imágenes
que tienen que ver con la fascinación por la ciencia ficción, el juego de
no poseer ninguna verdad (todo es posible de dudar), el mantener el anonimato
(para no ser descubierto), o el uso de la tecnología a niveles casi de ficción
(platillos voladores, super computadores, etc.) es en ese juego “realidad-ficcion”,
relacionado a la “serie-vida real”, en donde se enmarcan las relaciones al
interior de la comunidad estudiada. También, en esta trama de relaciones se
van constituyendo nuevas significaciones, propias de esta experiencia. Por
ejemplo, el asumir el poder como la capacidad de manejar la información y
concentrar las herramientas tecnológicas; el liderazgo como una característica
atribuida a quienes poseen el dominio o nombre de Internet. La pertenencia
al grupo o membresía como una forma de justificar la navegación frecuente
por la pagina web. Sentidos en torno al “otro” en donde la génesis misma de
integrarse a la comunidad está basada en el reconocimiento de una acción colectiva
para logros comunes (capital social).
Esto nos hace afirmar también que estamos frente
a una dialéctica híbrida que une el mundo virtual y físico. El ir y venir
de un espacio a otro, es tan natural para los miembros de esta comunidad,
como mandar un mail, hacer una llamada por teléfono, conversar por el chat
o juntarse a ver la serie de TV. Ambos mundos (virtual y físico) se influencian
así mismo, dando paso a nuevas formas de organización. Esta influencia de
lo virtual y lo físico, altamente mediatizado, hace que en definitiva podamos
observar nuevas formas de organización.
Mediación digital y exclusión: una reflexión final
Definida tradicionalmente como el acceso inequitativo
a las nuevas tecnologías de la información, hoy la brecha digital adquiere
dimensiones sociales y culturales que le agregan una definición más integral
al concepto inicialmente propuesto. El hecho de no manejar lógicas, códigos,
bagajes culturales, capaces de enfrentar la tecnología, permite que muchos
queden excluidos social y culturalmente de varios procesos como es el caso
de esta comunidad virtual.
A lo largo de este estudio nos damos cuenta que
el acceso a la pagina web y sus herramientas, no implican necesariamente una
participación más activa y por lo tanto relaciones más democráticas y equitativas.
Parece entonces que el manejo de las lógicas de navegación (donde ir y cuando),
el código para cierto espacios (chat, foros, mails), el lenguaje particular
de la escena virtual, marcaran el grado de interacción que tienen los usuarios
al interior de la comunidad. Es decir, la apropiación digital, implica no
solo el uso de Internet, sino su valoración e incorporación a la vida cotidiana.
En la comunidad estudiada, vemos como el poder
lo tiene quien accedió al dominio (nombre del sitio web), fue capaz de programar
una pagina y mantenerla. También vemos que, quienes dominan las conversaciones
en el chat son quienes adquieren más destrezas para habilitar o deshabitar
a los usuarios que participan del chat. Finalmente, nos encontramos con que
no siempre los que son más entusiastas y preocupados de los contenidos de
la serie y sus actividades, son quienes participan más, principalmente porque
se comunican vagamente a través de Internet. De esta forma vemos como Internet
y las tecnologías de la información son el medio ideal para masificar la comunicación
así como un filtro que discrimina quienes pueden participar y quienes no.
A medida que la comunidad adquiere una mayor especialidad tanto en temas,
como en formas de estructurarse en el espacio virtual, más cerrado e impenetrable
será su acceso.
Estamos frente a la necesidad de replantearnos
el concepto de cultura digital, o cultura de Internet. Me parece que éstos
resultados ponen en evidencia que la relación entre el acceso tecnológico
y el desarrollo social no es necesariamente una relación causal. Lo que aquí
surge, es una preocupación por “habilitar” culturalmente o digitalmente a
las personas para que se apropien de la tecnología. La habilitación tecnológica
es definida como “el conjunto de esfuerzos que se pueden realizar con el
fin de otorgarle a la sociedad, los recursos necesarios para potenciar las
habilidades de uso de las tecnologías de la información y comunicación para
fines personales, comunitarios y ciudadanos"[14] mientras que la apropiación tecnológica implicaría el uso activo
y con sentido de las nuevas tecnologías (incluida Internet) para la resolución
de problemas de desarrollo (personal o comunal). Sólo en la medida en que
la cultura digital se masifique y se genere conocimiento en torno al uso de
éstas, comunidades como la estudiada tendrán mayor cabida, así como relevancia
al interior de los fenómenos sociales en general.
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