LOS DISCURSOS DE LA IDENTIDAD PENTECOSTAL
Por: Mg. Ángel Espinar Álvarez
Pretendemos abordar la identidad personal desde su carácter reflexivo
entendido como la referencia de una persona a sí misma, lo cual
le permite constituir su propia identidad en términos de una formulación
narrativa sobre ella misma. En la experiencia de los pentecostales,
la construcción de la identidad pasa no sólo por las prácticas sociales
o religiosas en la vida del sujeto, o por principios de diferenciación
respecto a los otros, sino también por las representaciones que
los mismos sujetos construyen a partir de sus experiencias. Este
proceso de reflexión entre los fieles pentecostales tiene lugar
adoptando la forma de narración de la historia de la vida, en la
construcción narrativa de la propia biografía, tanto para uno como
para los demás.
Cuando una persona cuenta un relato, pone en movimiento los acontecimientos
que considera relevantes para ella misma, para provocar una impresión
en los demás, y desencadenar ciertas ideas y emociones que son compartidas
por ella y los oyentes; ya Aristóteles[1] había señalado que el artificio narrativo puede
provocar emociones, mover a tristeza o alegría, y que ello requería
de una complicidad conceptual o emotiva entre los protagonistas
de la tragedia y el auditorio expectador. Por otro lado, la composición
narrativa precisa de ciertas pautas que permitan construir la trama
–también le debemos al filósofo esta noción–, una concatenación
de los acontecimientos que permitan ver no sólo el esquema de la
narración sino también la unidad, el principio y el final.
Para analizar la narrativa pentecostal recurrimos a las nociones
de Aristóteles y los aportes del crítico literario ruso, Vladimir
Propp (1971) y del lingüista y literato holandés Teun A. Van Dijk
(1988), y sobre todo, al filósofo y teólogo francés, Paul Ricoeur
(1987) cuyas reflexiones ayudan a concebir la identidad pentecostal
como una identidad narrativa.
Como proceso metodológico vamos a tomar un relato de conversión
y analizar el esquema sobre el cual está construido y las implicancias
que tiene esta narrativa para comprender la identidad pentecostal.
Podríamos detenernos en otros tipos de discursos pentecostales –prédicas,
cantos, dibujos, etc.–, pero creemos que el testimonio de
conversión constituye un paradigma narrativo fruto de la tradición
oral pentecostal cuyo estilo y trama tejida en el acto de “testimoniar”
ha ido produciendo una sedimentación narrativa de carácter ejemplar
y religioso. Podríamos considerar los testimonios de revelación
como otro tipo de narrativa, pero muchas veces los encontramos incrustados
en el relato de la conversión.
1. Los temas en los relatos pentecostales
La pregunta que nos planteamos es ¿cómo hacer explícito el tema
o la secuencia de temas de los discursos-testimonio de los pentecostales?
En los análisis de las narraciones literarias se usa el término
trama, ¿cuál es esta urdimbre que tejen las emisiones discursivas
en los testimonios elaborados por los mismos fieles? Teun A. Van
Dijk[2] (1988) indica
que el significado del discurso como un “todo” debe
especificarse en los significados de las “partes”y que
estos vienen dados en la forma de proposiciones completas que forman
una secuencia.
También nos apoyamos en el análisis morfológico que hace Vladimir
Propp (1971) de los cuentos maravillosos que nos sirven para delimitar
unidades temáticas de la narrativa pentecostal. Al estudiar la especificidad
del cuento maravilloso, Propp parte del principio según el cual
el estudio diacrónico (histórico-genético) debía estar precedido
de una descripción sincrónica rigurosa. Para eso se propuso mostrar
claramente los elementos constantes que están siempre presentes
en los cuentos.
El testimonio analizado corresponde a una mujer con estudios secundarios
que lleva participando más de 12 años en la iglesia pentecostal,
en el departamento de Ayacucho, al sur del Perú. Generalmente, los
testimonios se relatan durante la realización del culto y otras
en los ambientes donde los entrevistados desempeñan sus labores
cotidianas. La Iglesia Evangélica Pentecostal del Perú (IEPP) tiene
como práctica, que sus fieles den sus testimonios en ciertos cultos,
en campañas evangelísticas, y especialmente en las reuniones de
sanación, momento en que los fieles hacen vigilia y ayuno.
El primer cuadro que presentamos corresponde a un análisis del
relato a través de la búsqueda de los temas como unidades de sentido,
responde a la preguna: ¿cuál es el significado que dan al relato
los que narran su testimonio de conversión? Siguiendo a van Dijk
(1988) dividimos el relato en proposiciones completas ya que el
significado del relato completo debe estar especificado en términos
de los significados de las partes. Una vez distinguidos los fragmentos
del relato, se les asigna una palabra-significado, a esta tarea,
van Dijk las llama “macroreglas”, reglas que transforman
la información semántica (supresión, generalización y construcción).
El segundo cuadro, organiza el relato total de modo esquemático,
de acuerdo al desarrollo temporal de la historia narrada, ubicando
la secuencia de los temas o funciones del relato, la presencia de
los auxiliares, y la marcación temporal que manifiesta el giro de
la historia. La finalidad de este esquema es explicitar un modelo
de construcción narrativa de los testimonios de conversión pentecostal,
que permita analizar otros testimonios siguiendo la secuencia de
los temas centrales; ello nos llevará a probar la hipótesis de que
los fieles construyen sus relatos de conversión siguiendo un modelo
(trama estructurante) aprendido en los procesos de identificación
religiosa.
Cuadro 1
Análisis narrativo de los relatos de conversión
| RELATO |
MACROESTRUCTURAS SEMANTICAS (TEMAS) |
Antes en la vida antigua vivía
a la deriva con enfermedades, con problemas,
|
SITUACIÓN INICIAL=CARENCIA |
 |
- Vivir a la deriva
- Enfermedad
- Problemas
|
He visto a una señora que se sentaba junto a mí, que
estaba muy enferma y tenía vicios, pero un día se había enfermado
y la habían llevado a la iglesia evangélica y se había sanado.
Otro día sin pensar, yo la había visto a ella transformada,
y yo dije: ‘si a ella le ha cambiado tiene que cambiarme
a mí también, si a ella le ha sanado, yo también tengo que
ser sana por Dios’. |
INFORMACIÓN |
| y un día ya no soportaba porque estaba enferma
más de 8 años, |
SITUACIÓN CRÍTICA |
entonces yo fui a buscarle un día, incluso
ya no iba a trabajar porque estaba grave, yo fui a buscarle
a su trabajo. ‘¿En qué lugar, en qué sitio, en qué iglesia
tú te has entregado a Dios para que seas evangélica? Yo quiero
que me lleves porque ya me he cansado de mi vida, ya no quiero
vivir más’ –le dije–, ‘o vivo o muero
pero quiero entregarme a Dios’. |
BÚSQUEDA |
| y ella gustosa me llevó |
Auxiliar testigo |
| y yo me entregué y encontré la sanidad |
SOLUCIÓN PARCIAL DE LA CARENCIA
|
| y después de eso como mi esposo no era creyente,
– el enemigo también trabaja por allí–, yo llegué
a tenerle más miedo a él que a Dios, por eso ya de vez en cuando
iba, iba antes que llegue de su trabajo, antes de que llegue
tenía que fugarme a la casa para disimular la ropa y esperar
como si nada, como si no hubiera salido; |
PRUEBA=ENGAÑO DEL ENEMIGO |
| así nuevamente me regresó el mal, y también
empezó un juicio de terreno que teníamos, un problema largo
y difícil, y de lo que estaba anteriormente enferma, me he puesto
peor todavía, |
RETORNO SITUACIÓN INICIAL= CASTIGO |
 |
| y así durante 4 años más y no me sanaba
con nada, ni con médico, ni con uno y otro especialista, nada,
no me sanó. |
Auxiliares infructuosos |
| Entonces, yo leyendo la Biblia en mi casa
dije: ‘si Dios bendice, si Dios da, si Dios sana, por
qué a mí no me sana, ya soy evangélica’ –dije–.
No me daba cuenta por nada que el Señor me estaba probando en
esa forma, entonces yo dije: ‘si hay personas que niegan
a Dios y son sanas, que tienen todo, y yo que ya soy evangélica,
ya soy bautizada, estoy en este problema, -–yo pensaba
así–, y orando y leyendo la Biblia, encontré en Josué
1,9: ‘esfuérzate y sé valiente’. Entonces,
yo pensé, lloré, oré y oré, |
Auxiliar revelador = BIBLIA |
 |
| y dije: 'claro, cómo el Señor va a obrar si yo no me esfuerzo'.
Entonces, empecé a esforzarme y fui donde el pastor y
le dije, le conté que hasta aquí estuve viviendo religiosamente,
pero esta ropa vieja ya no te quiero, yo quiero ser nueva; |
DESCUBRIMIENTO DEL ENGAÑO |
| el pastor me ayudó con sus oraciones y oró por mí, encomendando
al Señor mi vida, |
Auxiliar intercesor |
| y desde esa fecha recién yo puedo decir que soy
evangélica, pues durante 4 años he vivido religiosamente y he
desperdiciado mi vida, desde ahí puedo decir que soy
evangélica”. |
SITUACIÓN FINAL = SER EVANGÉLICA |
Cuadro 2
ESQUEMA NARRATIVO DEL TESTIMONIO DE CONVERSIÓN

2. Análisis semántico del relato de conversión
Señalamos algunas conclusiones del análisis semántico que hemos
realizado del relato testimonial de conversión. La narración de
los testimonios tenía respecto a la interacción con el oyente-entrevistador
dos rasgos: para unos relatar su experiencia de conversión significó
el recuerdo/reconocimiento de la propia experiencia y, para otros,
una acción intencional de comunicar un mensaje o hacerlo explícito
para que el oyente participe de alguna forma de él. Como nos recuerda
Rosaldo (1991), quien narra lo hace generalmente como “sujeto
ubicado”, es decir, desde una posición estructural.[3]
El análisis narrativo pone énfasis en la agencia y la creatividad,
en cómo los narradores o entrevistados dan cuenta de su propia identidad.
En ese sentido, las historias de vida de los pentecostales reflejan
esa intencionalidad, cuyas experiencias –conversión, sanación,
revelación, etc.– se configuran narrativamente en mayor o
menor medida de acuerdo al esquema narrativo que hemos descrito[4].
Consideramos que la identidad narrativa pentecostal sigue una pauta
esquemática constante con algunas innovaciones de contenido, aunque
éstas se hacen sobre la base del esquema previo. La intencionalidad
del sujeto agente también viene expresada en la narración con el
uso de la primera persona en acción, ante situaciones que se padecen
como la enfermedad o los problemas; el sujeto reacciona, se pone
en movimiento, busca, se entrega, se esfuerza y llega a conseguir
aquello que desea y soluciona su situación de carencia.
Otro aspecto relacionado con la idea de la agencia narrativa y
que confirma la perspectiva de género de la conversión es el tema
de la agencia femenina pentecostal. Se puede observar en los diversos
relatos de conversión y de revelación que el hecho de narrar sus
experiencias constituye para las mujeres el tener el recurso a la
palabra, capacidad que antes estuvo silenciada o negada. Construir
los relatos implica una mirada sobre los acontecimientos y experiencias,
el énfasis puesto sobre ellos, los ocultamientos, los pliegues y
suturas con que se van amarrando estos en una trama significativa
y significada pentecostalmente. Es perceptible en las experiencias
de los fieles que las situaciones de violencia quebraron la capacidad
de contar sus historias por temor a la represión y la acusación
de ser considerado “terrorista” o informante de las
fuerzas del orden.
Habíamos señalado que la narrativa pentecostal de la conversión
forma una trama, es decir, una secuencia de acontecimientos significativos
que hemos articulado en temas de acuerdo a la configuración semántica
que presentan en el relato total. Como puede observarse en el desarrollo
de los temas, el relato presenta una situación inicial que denominamos
de carencia, y que en los testimonios por lo general se describen
como desajuste ético, enfermedad, presencia de problemas. Estas
situaciones se convierten en motivos que dirigen las acciones del
sujeto en la dirección de la resolución de la carencia y que vendría
a constituir el momento identitario más fuerte. Como señala el testimonio
analizado, la conversión alcanza su punto de realización en la constatación
de una nueva orientación en la vida, de la sanación del cuerpo,
y la solución de los problemas, y esta constatación se sintetiza
en la afirmación identitaria: “soy evangélica”; es decir,
ser pentecostal. Otros relatos se refieren a lo mismo indicando
la entrega y aceptación de Jesucristo como Señor y Salvador personal.
Entre la situación inicial y la situación final se presentan una
serie de peripecias, de avances y retrocesos que el fiel recorre,
tal como hemos descrito en el esquema narrativo. Lo que nos interesa
destacar en esta trayectoria es la presencia de los auxiliares[5] que intervienen para ayudar al fiel a realizar la trayectoria
que conduce al triunfo final: los prosélitos que buscan inducir
al potencial converso a emprender la búsqueda de la salvación; los
expertos que intervienen infructuosamente en la solución de los
problemas para destacar en la narración la ineficacia de sus acciones;
la Biblia como potente instrumento revelador[6] que permite dar un giro interpretativo
en la vida del fiel y que marcará el cambio temporal[7] en la historia narrada; y la presencia
de intercesores que contribuyen a dar soporte a la vida del converso
para que consiga éxito en su búsqueda.
Las narrativas pentecostales son básicamente narrativas biográficas
que remarcan la acción de Dios o del Espíritu en la vida de los
fieles, más que una historiografía estamos hablando de biografías
modeladas que manifiestan la acción salvífica de Dios a partir de
su intervención en las carencias de los conversos: Dios bendice,
da y sana. El carácter biográfico está plasmado en los eventos
significativos de la vida pentecostal: conversión, sanación, bautismo,
ministerio, etc., pero sobre todo en la condición temporal de la
existencia en la que Dios interviene y que marcan en la vida del
creyente un antes y un después. Los relatos de conversión
tienen este esquema de dos tiempos, los conversos reconocen en las
historias de sus vidas una “vida antigua” y la “vida
nueva” a partir de la intervención divina y el cambio operado
en sus vidas.
Goffman (1995) señala acerca de la biografía que existe una unicidad
totalizadora de la línea vital, es decir, que todo lo que un individuo
ha hecho y puede hacer es incluible dentro de su biografía, pero
al mismo tiempo advierte, que esta idea está en marcado contraste
con la multiplicidad de yoes que se descubren en el individuo
cuando se lo observa desde la perspectiva del rol social (1995:
80). En ese sentido, los pentecostales no sólo mantienen la unicidad
de sus biografías por el hilo conductor de sus propias vidas, si
no también por el modelo biográfico pentecostal que estructura los
relatos de sus vidas. Y respecto a la multiplicidad de yoes
que puedan tener los pentecostales según el rol social que desempeñen,
hay que decir que éstos están coloreados siempre por el matiz pentecostal,
ya que ellos se presentan siempre ante los demás como evangélicos,
y sobre todo, sus acciones están marcados por el filtro de las significaciones
pentecostales.
La Biblia tiene un papel importante en este proceso narrativo y
constituye un marcador de la identidad pentecostal. Pero es importante
destacar que los textos bíblicos no sólo son tomados por los fieles
como fuente de pautas éticas, ellos se refieren a las citas bíblicas
como tablas de salvación; usan la expresión “agarrarse a los
textos” como criterio hermenéutico para entender la situación
concreta que están atravesando, pero sobre todo como la palabra
actuante de Dios que indica la salida a la situación problemática
que vive el fiel. En ese sentido, la identidad narrativa pentecostal
implica alguna cita bíblica con la que el fiel se identifica porque
ha sido significativa en su proceso de conversión o en algún momento
crítico de su vida. En las entrevistas siempre preguntamos si habría
algún texto bíblico con el que se identificasen, todos generalmente
recordaban uno o más textos de memoria. Por ejemplo del profeta
Jeremías: "clama a mi y yo te responderé, las grandes cosas
ocultas te haré conocer...”. El fiel explicaba que "cuando
uno clama a Dios es él quien nos va a responder". Otro decía: "de
la Biblia me gusta Jeremías 32, 27 y dice: "aquí yo soy
Jehová, ¿habrá algo que sea difícil para mi?", y explicaba que
"para el Señor no hay nada difícil". Como puede observarse son textos
vinculados a situaciones vitales críticas, de limitación o necesidad.
El proceso de conversión presenta puntos de inflexión que marcan
la intervención divina y el cambio generado en la vida del converso.
Esta inflexión vital se manifiesta también en los testimonios pentecostales
que grafican este giro en términos narrativos, como hemos ejemplificado
para el caso de la iluminación bíblica. Otra de las formas presentes
en este giro narrativo es manifiesto a través de la intervención
de la persona de Jesucristo que actúa sanando, expulsando los demonios,
liberando del problema que aqueja al fiel, o la actuación del Espíritu
que da al fiel una nueva visión de la vida y de los hechos.
3. Narración e identidad pentecostal
Ya habíamos indicado en el desarrollo de nuestro análisis que
cuando alguien cuenta el relato de su vida lo que hace es enmarcar
narrativamente esa historia vital, y al mismo tiempo, constituir
su propia identidad. La narración de la conversión procede como
un acto reflejo donde quien narra selecciona del cúmulo de hechos
vitales aquellos que encuentra representativos para la unidad de
sentido del relato; construye una secuencia temporal, coloca ciertas
inflexiones y giros inesperados, etc. Entonces, tenemos por un lado,
los acontecimientos de la vida, la realidad; y por otro, la narrativa
que los fija con algún sentido e intencionalidad. La pregunta que
surge es si hay una diferencia notable entre el relato construido
y los hechos vividos, y cómo se da la conexión entre el relato y
la realidad.
Para responder a las cuestiones anteriores recurrimos a los aportes
de Paul Ricoeur[8]
con la noción de mímesis. Ricoeur distingue tres planos de
mímesis, que son aplicables a la concepción de la identidad narrativa.
Hille Haker[9](2000: 80) nos ofrece una síntesis
de estos tres planos:
"Mímesis II, la configuración en la narración, queda enmarcada
por la prefiguración en la praxis (mímesis I) y la refiguración
en la recepción (mímesis III), que son en sí mismas formas de mímesis.
La teoría de la mímesis compuesta por tres elementos supone que
se puede decir que, cuando la praxis se entiende como tal, ésta
es estructurada narrativa o prenarrativamente, y que el acto de
recepción de los relatos exige a su vez una actividad que se puede
catalogar como mímesis".
El siguiente esquema presenta el proceso de la identidad narrativa:
Nos interesa destacar cómo la narrativa pentecostal ya está prefigurada
en la experiencia misma de la conversión. La conversión produce
identidad, y una de las formas de producirla es narrativamente.
Un primer anclaje lo compone la red conceptual
que distingue estructuralmente[10]
el campo de acción de los fieles pentecostales y el modo como cada
fiel usa de manera significativa la red conceptual. La descripción
que hemos hecho del campo pentecostal que incluye a los fieles,
las creencias, la ética, el culto y las emociones que lo acompañan
forman parte integrante de este primer anclaje. Un segundo anclaje
que la composición narrativa pentecostal encuentra en las prácticas
y experiencias de los fieles reside en los recursos simbólicos del
campo práctico pentecostal. Nos dice Ricoeur (1987: 124) apoyado
en los trabajos de Clifford Geertz (1973) que, "si la acción
puede contarse, es que ya está articulada en signos, reglas, normas:
desde siempre está mediatizada simbólicamente". Recordemos lo
que aprendimos con Geertz que el símbolo subraya el carácter público
de la cultura, y aporta una significación que puede ser incorporada
a la acción y ser comprendida e interpretada por los demás actores
en la interacción social.
El momento de la configuración de la identidad narrativa pentecostal
implica la construcción de la trama, cuya función es mediar entre
acontecimientos individuales vividos por el converso y la historia
personal o de conversión vivida como un todo. El relato analizado
presenta situaciones episódicas que configura el tiempo narrativo
como una secuencia lineal. El recurso al marcador episódico que
se usa con frecuencia en el relato –“entonces”–
vendría a responder la pregunta por lo que viene o continua, sugiriendo
que las fases de la acción están en una relación de exterioridad.
Pero Ricoeur nos recuerda que la disposición configurante transforma
la sucesión de los acontecimientos en una totalidad significante,
el acto de reunir los acontecimientos y hacer que la historia
se pueda seguir. En ese sentido, podemos afirmar que el acto
reflexivo de reunir hechos en una unidad confiere a toda la trama
de la narración un tema, que en nuestro caso el narrador ha denominado
la historia de su conversión. Además, la configuración de este tipo
de trama testimonial impone a la sucesión de los incidentes un cierre
de la historia, si a esto le añadimos que el fiel ya la ha contado
en varias oportunidades.
La esquemátización de los testimonios pentecostales ocurre por
la socialización religiosa, una especie de decantamiento del modelo
narrativo, presente en la escucha de los testimonios de otros fieles
y usados cuando se construyen los propios relatos a partir del paradigma
narrativo pentecostal. Podríamos decir que el pentecostalismo es
lo que es por las narrativas de sus fieles o seguidores. La noción
de habitus que explica la producción y reproducción de las
prácticas pentecostales también está vinculada con los esquemas
narrativos presentes en los testimonios de los fieles pentecostales.
Recordemos que la noción de habitus implica no sólo prácticas
sino también representaciones con las cuales los individuos construyen
sus propias identidades, y estas se articulan en una trama significativa
de acuerdo al campo de significaciones en el que se desarrolla.
La identidad narrativa pentecostal se va constituyendo en una disposición
regular, una estructura estructurada y estructurante, que funciona
como principio generador de prácticas narrativas de quienes participan
en el campo pentecostal.
El texto configurado en el proceso narrativo exige ser leído para
cumplir con su trayectoria, en el caso de las narraciones pentecostales,
que son fundamentalmente orales, exigen ser escuchadas. Por eso
se llaman “testimonios” y sólo funcionan en el contexto
de una comunidad oyente, de ahí que se den en ciertos cultos, después
del bautismo del Espíritu o en una campaña evangelística para atestiguar
la obra de Dios en la vida de los creyentes o atraer a la iglesia
a posibles conversos. En ese sentido, la identidad narrativa desde
la perspectiva de la mimesis III o refiguración de la identidad,
es un proceso comunicativo. Por lo tanto, la narración testimonial
que realiza el fiel ante otros despliega, lo que en otras ocasiones
Ricoeur ha denominado, el mundo del texto, que podríamos
llamar en este caso, el mundo de las experiencias vitales del fiel
pero que es resignificado según el auditorio de los oyentes. En
varios casos percibí que los testimonios que me comunicaban tenían
un tono apologético o persuasivo, distinto de los que escuché durante
la reunión de sanación.
Concluimos este largo camino señalando que el proceso de la identidad
narrativa pentecostal que hemos analizado a partir de un testimonio
de conversión, confirma que la identidad pentecostal sólo se construye
narrativamente, a no ser que la identificación de los fieles se
pierda en la serie de episodios de sus prácticas pentecostales,
con lo cual sería imposible pensar una identidad pentecostal, o
terminemos generalizando una identidad concebida esencialmente.
Como señala Manuel Maceiras en la presentación a la obra de Ricoeur:
"por el relato, sin embargo, es posible responder a la pregunta
por un sujeto, por un hombre, por una identidad, pero de forma narrativa.
La historia narrada dice el quién de la acción. La identidad del
quién no es, pues, ella misma más que una identidad narrativa"
(1987: 30).
Bibliografía
GEERTZ, Clifford
1973 La interpretación de las culturas, México, Ed.Gedisa,
décima edición.
GIDDENS, Anthony
1996 Modernidad e identidad del
yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea, Barcelona,
Península, 1991.
GOFFMAN, Erwin
1995 Estigma. La identidad deteriorada,
Buenos Aires, Amorrortu editores, 6ta. reimpresión, 1963.
KOHLER RIESSMAN, Catherine
1993 Narrative Analysis, California,
Sage Publications.
PROPP, Vladimir
1985 La morfología del cuento maravilloso, Madrid, Ed.
Fundamentos, 1971
RICOEUR, Paul
1987 Tiempo y narración I. Configuración del tiempo en el
relato histórico, Madrid, Cristiandad.
ROSALDO, Renato
1988 Cultura y verdad. Nueva propuesta
de análisis social, México, Editorial Grijalbo.
Van DIJK, Teun A.
1988 Estructuras y funciones del
discurso, España, Siglo XXI editores, 5ta. edición, 1980.
[1] Aristóteles define la narrativa
en la Poética como una mímesis (representación, reproducción,
imitación, recreación, expresión, etc.) de la realidad. La tragedia,
la narrativa griega por excelencia, es imitación de una acción de
carácter elevado y completa, imitación que ha sido hecha o lo es
por los personajes en acción y no por medio de una narración, la
cual moviendo a compasión y temor, obra en el espectador la purificación
propia de estos estados emotivos. Para Aristóteles la imitación
de la acción es el “mito”, el entramado de las cosas
sucedidas.
[2] Teun van Dijk señala que todo discurso
posee un o más temas o asuntos que representan lo importante o esencial
de lo que se dijo. Se refiere al discurso como un todo o de fragmentos
más o menos grandes cuyo tema se hace explícito en términos de un
cierto tipo de estructura semántica , y que se expresan no tanto
en oraciones individuales sino en secuencias completas de oraciones,
que él las llama “macroestructuras semánticas”.
[3] Algunos fieles que me contaban
sus experiencias lo hacían desde una posición subalterna, pensando
que yo era un visitante de la iglesia de Lima, hasta un pastor,
en cambio otros que me identificaban asumían una posición definida
por el lugar y función que ocupaban en la iglesia, y sobre todo
colocándome en la posición de receptor de una enseñanza o siendo
invitado a abrazar la fe y a entregarme a la iglesia.
[4] Los discursos siguen un esquema narrativo, que van Dijk denomina
“superestructura narrativa”, y que define la ordenación
global del discurso y las relaciones de sus respectivos fragmentos.
Este esquema puede tener una estructura jerárquica.
[5] Propp usa el término “auxiliares”
para indicar la presencia de otros elementos en el desarrollo de
la trama narrativa, que si bien pueden no determinar el desarrollo
de la intriga, pero están anudados con ella y sirven para unir funciones
sucesivas. Unas veces puede tratarse de situaciones informativas,
otras veces de personajes u objetos reveladores. En el caso de las
narrativas pentecostales consideramos la presencia de estos auxiliares
como determinantes, y hasta podrían ser colocados como personajes
que participan activamente y determinan el desarrollo de la historia
narrada.
[6] La revelación en sueños y durante la oración serían los otros
auxiliares principales, que junto con la Biblia, intervienen en
la vida del converso para fortalecerlo o clarificarle la situación
por la que está atravesando.
[7] A. J. Greimas destaca que los dicursos narrativos tienen una
dimensión temporal, que los comportamientos expuestos en
la historia narrada mantienen relaciones de anterioridad y posterioridad.
Una subclase de relatos dramatizados viene definida por una
propiedad estructural común: la dimensión temporal sobre la que
se encuentra situados, la cual dicotomiza en un antes vs.
un después. Este antes vs. después corresponde
a un "vuelco de la situación que corresponde a una inversión de
los signos del contenido.
[8] Ricoeur analiza la mediación entre
tiempo y narración evocando desde un enfoque hermenéutico, la idea
de mímesis de la Poética de Aristóteles y cómo el proceso
de la configuración textual media entre la prefiguración del campo
práctico y su refiguración por la recepción de la obra.
[9] Haker, Hille "Identidad narrativa
y moral en la obra de Paul Ricoeur". En: Revista Internacional
de Teología Concilium 285, Abril. España: Verbo Divino, 2000.
[10] Ricoeur jugando con el orden
sincrónico de las acciones y el orden diacrónico de la narración,
señala que las acciones se actualizan adquiriendo una significación
gracias al encadenamiento a modo de secuencia que la trama confiere
a los agentes a su hacer y sufrir, y al mismo tiempo, agentes, motivos
y circunstancias se vuelven compatibles y operan juntos dentro de
una totalidad temporal.
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