FUNDAMENTOS PARA LA EVALUACIÓN DE LA EDUCACION EN TERRITORIOS INDÍGENAS
Silvio Aristizábal Giraldo*
Leonor Lozano Suárez**
Francisco Ortiz Gómez***
Bogotá, Colombia, Octubre de 2.002.
INTRODUCCION
La necesidad de plantear una evaluación diferente para la
educación en los pueblos indígenas de Colombia, nace a partir del anuncio que
el Ministerio de Educación Nacional hiciera en el año de 1997, de evaluar a
los docentes del país como una de las políticas del Estado para mejorar la calidad
de la educación y para dar cumplimiento a la Ley 115 de 1994.[1]
Desde el momento en que se conoció esta directiva
ministerial, las principales organizaciones indígenas plantearon ante la institución
la necesidad de definir unos criterios diferentes para la evaluación de los
docentes en comunidades indígenas que garantizara el respeto a sus culturas,
a las particularidades de sus procesos educativos y el derecho a la diversidad,
consagrado en la Constitución de 1991. Como respuesta a la solicitud de los
indígenas, el Ministerio expidió la Circular 51 del Agosto 10 de 1999, en la
que señalaba que la evaluación de los maestros indígenas se debía realizar en
forma concertada y de acuerdo con la especificidad de sus procesos.
A partir de este momento se ha venido desarrollando
un proceso de discusión y de consolidación de una propuesta de evaluación, que
se ha enriquecido, transformado y ampliado con la participación de representantes
de los pueblos indígenas, las escuelas normales las universidades que preparan
docentes indígenas, las secretarías de educación y los autores de esta ponencia
como equipo de consultores, cuya tarea ha sido la de dinamizar y recoger los
planteamientos hechos a través de diferentes mesas de trabajo y foros y discusiones
virtuales realizados por medio de una Red denominada REDEVALUAR.
La construcción de la propuesta de evaluación ha
sido un proceso que ha pasado por varias etapas. En un principio y siguiendo
las políticas institucionales, se determinó evaluar la labor del docente ya
sea de sus conocimientos, de sus actitudes o de su desempeño, pero a través
del análisis y discusiones en las mesas de trabajo se concluyó que el trabajo
del docente en los pueblos indígenas no está circunscrito meramente a una institución
escolar y al cumplimiento de unas tareas puntuales, sino que es un proceso de
construcción en el que la comunidad participa con el maestro en actividades
que incluyen tanto la definición del sentido de la educación a través del Plan
de Vida, marco para la construcción de los Proyectos Educativos Comunitarios
(PEC) o Proyectos Educativos Institucionales (PEI), como en la participación
en los asuntos administrativos, en los procesos investigativos de su propia
lengua y cultura, en la elaboración de materiales didácticos para el trabajo
escolar y, en general, en la marcha cotidiana de la escuela. La gestión altamente
participativa de la comunidad, de las autoridades tradicionales y de las organizaciones
indígenas en la educación es una de las características que define y distingue
la educación indígena de las propuestas educativas de otros pueblos. Es decir,
es la comunidad la que construye su propia educación, a diferencia de lo que
sucede en la sociedad mayoritaria, donde a partir de la escuela se convoca a
los padres de familia para que conformen la comunidad educativa.
La evaluación de la educación en los pueblos indígenas
se inscribe, por tanto, en una mirada mucho mas amplia que debe contemplar no
sólo los diversos aspectos de la labor del docente sino que, por ser la educación
indígena un proceso altamente participativo y de construcción conjunta, su evaluación
debe contemplar también la acción de la comunidad y de los entes administrativos
que inciden directamente en ella. Esta perspectiva permitirá mirar también el
impacto que produce la educación en la calidad de vida de la comunidad, en la
construcción de su proyecto político, en el ejercicio de la autonomía y en la
construcción de su futuro como pueblos indígenas. La evaluación igualmente debe
ser asumida como un proceso de autoformación permanente y de empoderamiento
con la cual la comunidad pueda ganar autonomía para direccionar, corregir o
enriquecer su educación de acuerdo con los lineamientos trazados en su Plan
de Vida.
La construcción de la propuesta de evaluación de
la educación indígena ha partido del planteamiento político que las organizaciones
y las comunidades, a través de sus luchas, han venido haciendo en torno a su
educación y que se ha retomado como el punto de partida de cualquier proceso
de evaluación de la educación indígena. Ese planteamiento responde a la pregunta
del para qué la educación en los pueblos indígenas, la cual a sido resuelta
de manera clara y contundente en los siguientes términos por las mismas comunidades:
“la educación debe tener como propósito fundamental fortalecer nuestra identidad
en contextos interculturales”.
En este documento pretendemos mostrar de forma sintética
los fundamentos conceptuales que han sido la base sobre la cual se ha ido construyendo
la propuesta de evaluación de la educación en los pueblos indígenas. En primer
lugar presentamos una breve reseña de la diversidad indígena en Colombia y del
marco legal de la etnoeducación, como una forma de contextualizar los ejes a
través de los cuales se ha construido la propuesta. Analizamos luego el concepto
de educación formulado por los pueblos indígenas y lo desarrollamos en las dimensiones
de la identidad que fueron vistos, no solo, como puntos de convergencia de las
cosmovisiones de los diferentes pueblos, en los cuales se expresan maneras especificas
de su relación con la naturaleza y con los demás seres del universo, sino que
también son la base de las demandas y exigencias planteados por el movimiento
indígena a través de sus luchas. Estas dimensiones son : el Territorio, la Autonomía,
Lengua y Pensamiento y el Sentido Comunitario.
1. DIVERSIDAD ÉTNICA Y CULTURAL
En Colombia la diversidad étnica y cultural está
representada por la existencia de diferentes grupos étnicos: indígenas, afrocolombianos,
raizales, rom o gitanos, inmigrantes de países europeos, asiáticos y latinoamericanos,
y una gran mayoría mestiza con marcadas diferencias culturales y regionales.
La diversidad indígena se evidencia en la existencia
de más de 80 pueblos que hablan 67 lenguas diferentes y cuyo número de habitantes
se calculó para 1997 en 701.860 personas, lo que equivale al 1.75% de la población
total del país (Arango y Sánchez, 1998: 19). Colombia ocupa, después de Brasil,
el segundo lugar en América Latina en cuanto a diversidad de pueblos indígenas.
Sólo dos pueblos sobrepasan las 100.000 personas: los Nasa (118.845) y los Wayúu
(144.003), y hay varios en inminente peligro de desaparición, pues no superan
las 100 personas, entre ellos los Taiwano (19), los Pisamira (54) y los Makaguaje
(50). (Arango y Sánchez, 1998: 115 y sgts.).
La conquista y colonización europeas y cinco siglos
de sometimiento y mestizaje que significaron la desaparición de muchos pueblos,
no lograron eliminar la diversidad, antes bien, generaron nuevas formas de diferenciación
social y cultural a partir de las estrategias de supervivencia, de las diferentes
formas de resistencia y del tipo de relaciones establecidas con la sociedad
dominante.
Muchos pueblos conservan, en parte, su territorio
ancestral y sus prácticas sociales y espirituales. Otros se han asimilado al
campesinado en diversos grados. En la mayoría de los pueblos indígenas, en los
últimos treinta años se observa un proceso de revitalización étnica y cultural,
siendo la dinámica de estos procesos diferente en cada caso.
Donde más se evidencia la diversidad indígena es
en el aspecto lingüístico, tal vez único en América: las 67 lenguas inventariadas
actualmente pertenecen a trece familias diferentes; hay lenguas de las grandes
familias lingüísticas suramericanas: Arawak, Carib, Quechua, Chibcha; lenguas
regionales: Tukano, Chocó, Guahibo, y lenguas aisladas: Andoke, Nasayuwe, Yaruro,
Kamëntsá (Landaburu, 2000)[2].
La diversidad se expresa también, en las diferentes
formas económicas (agricultores, pescadores, pastores, cazadores, recolectores
y otros que articulan distintas formas productivas); en la organización familiar
y social; en las diferentes cosmovisiones; en los procesos de socialización
y en los procesos etnoeducatios.
En Colombia, los grupos étnicos históricamente han
sido objeto del etnocidio, la negación, la opresión y la discriminación. Esta
situación se ha agravado en los últimos años como consecuencia de globalización,
la violencia y los desplazamientos derivados del conflicto armado que afecta
al país, generando, desarraigo desintegración y da nacimiento a nuevas identidades.
2.
MARCO LEGAL
La Constitución Nacional de 1991 reconoce la diversidad
étnica y cultural como elemento constitutivo de la nacionalidad colombiana.
Este principio, “lejos de ser una declaración puramente retórica, es el principio
fundamental de diversidad étnica y cultural que proyecta en el plano jurídico
el carácter democrático y participativo de nuestra República" (Cifuentes,
E., citado por Angarita y Otros, 1995). Por esta razón, "El reconocimiento
de la diversidad étnica y cultural en la Constitución supone la aceptación de
la alteridad ligada a la aceptación de multiplicidad de formas de vida y sistemas
de comprensión del mundo diferentes de los de la cultura occidental” (Ibídem).
La Constitución contiene diversos artículos que consagran los derechos de los
pueblos indígenas en materia de educación y cultura[3].
La Ley 115 de 1994, Ley General de Educación, define
la educación para grupos étnicos como aquella que se ofrece a grupos o comunidades
que integran la nacionalidad y poseen una cultura, una lengua, unas tradiciones
y unos fueros propios y autóctonos[4].
La mencionada Ley señala que los programas de etnoeducación deben ceñirse a
los criterios de integralidad, interculturalidad, diversidad lingüística, participación
comunitaria, flexibilidad y progresividad. Debe afianzar los procesos de identidad,
conocimiento, socialización, protección y uso adecuado de la naturaleza, sistemas
de organización, uso de las lenguas vernáculas, formación docente e investigación
en todos los ámbitos de la cultura (art. 56). Reconoce las lenguas indígenas
como oficiales en los respectivos territorios indígenas y ordena que debe ser
tomada como base para la enseñanza de la lecto-escritura (art. 57).
El Decreto 1860 de 1994, reglamentario de la Ley
115, ordena a cada establecimiento educativo elaborar el Proyecto Educativo
Institucional (PEI) como un mecanismo para alcanzar los fines de la educación
de acuerdo con las condiciones sociales, económicas y culturales.
El Decreto 804 de 1995 reglamentario de la Ley 115
determina que la educación para los grupos étnicos se sustenta en un compromiso
de elaboración colectiva, donde los distintos miembros de la comunidad intercambian
saberes y vivencias con miras a mantener, recrear y desarrollar un proyecto
global de vida de acuerdo con su cultura, lengua, tradiciones fueros propios
y autóctonos; determina los fundamentos del currículo (territorialidad, autonomía,
lengua, concepción de la vida de cada pueblo, historia e identidad según sus
usos y costumbres; define criterios para elaboración de currículos, alfabetos
oficiales, organización y funcionamiento del gobierno escolar, calendarios e
infraestructura física, y elaboración de materiales educativos y recursos didácticos.
El Decreto 1860 De 1994 reglamenta parcialmente
la Ley 115 de 1994, en los aspectos pedagógicos y organizativos generales, ordenando
que cada establecimiento educativo debe elaborar el Proyecto Educativo Institucional
(PEI) como un mecanismo para alcanzar los fines de la educación de acuerdo con
las condiciones sociales, económicas y culturales. El Decreto 230 De 2002, dicta
normas en materia de currículo, evaluación y promoción de los educandos y evaluación
institucional”).
Desde finales de los años setenta del siglo pasado se han
adelantado diversos programas de etnoeducación, impulsados por el Estado, las
Organizaciones, las iglesias y las ONG. Estas experiencias se han caracterizado
por una gran diversidad debido a factores como: origen de la iniciativa, enfoque
de los programas y niveles de participación comunitaria. Después de más de 20
años de etnoeducación se ha acumulado una valiosísima experiencia, pero al mismo
tiempo subsisten aún graves problemas que deben ser corregidos con el fin de
fortalecer los procesos de identidad de los pueblos indígenas y desde esas experiencias
aportar a la educación general en el país.
En Colombia existe un movimiento indígena
consolidado y fuerte que se inició de manera organizada desde los años setenta
del siglo pasado, cuando los indígenas se vincularon a la Asociación Nacional
de Usuarios Campesinos (ANUC), pero en 1982 se conformó la Organización Nacional
Indígena de Colombia -ONIC.
Tanto las organizaciones regionales como la ONIC plantearon
desde sus inicios la exigencia de una educación propia. En el Primer Congreso
Indígena Nacional, en 1982, se planteó la urgencia de rescatar las formas de
educación propia asumir gradualmente el control de la educación, investigar
y profundizar la propia historia y fortalecer la lengua y la tradición oral
como mecanismos de transmisión de la cultura.
3 FUNDAMENTOS DE LA EVALUACION
3.1 Concepto de Educación
En Colombia los pueblos indígenas han asumido que el derecho
a la diferencia está directamente ligado a la capacidad de decisión de cada
pueblo sobre el tipo de educación que quiere para sus hijos. Por esa razón las
organizaciones locales, regionales y nacionales han incluido la educación como
uno de los componentes fundamentales en sus propuestas de autonomía.
En el análisis de la educación, los indígenas reconocen
que la escuela ha sido uno de los factores decisivos para la desintegración
cultural al imponer ritmos, tiempos, conocimientos y valores que alteran profundamente
las pautas de socialización. La escuela, igualmente, ha contribuido a subvalorar
la concepción cultural del territorio, las formas de comunicación y los conocimientos
tradicionales, socavando el sentido de pertenencia y de identidad. Pero, al
mismo tiempo ha brindado alternativas de supervivencia y de resistencia frente
a la sociedad dominante, al posibilitar el aprendizaje del español, las matemáticas
y otros conocimientos requeridos para la interacción con los demás grupos.
Pese al papel desintegrador de la escuela, muchos
pueblos han mantenido y desarrollado sus formas de vida comunitaria, su cultura
y visión del mundo, los procesos de socialización, la oralidad y una serie
de practicas cotidianas y espacios educativos propios. De alguna manera se han
apropiado de la institución escolar y la defienden, reconociéndola como factor
de prestigio y ascenso social. "... la escuela ya es considerada como
algo propio. Ahora uno no puede decir que va a quitar la escuela porque le mandan
una tutela"[5].
Partiendo de estos análisis los indígenas han concluido
en la necesidad de apropiarse de la escuela y reorientar su misión de manera
que responda a las características y necesidades de los diferentes pueblos.
Han visto que la educación formal, además de coadyuvar a la defensa del territorio,
la autonomía y las formas de organización y gobierno, debe contribuir a fortalecer
las lenguas autóctonas, a conocer y a valorar la historia y las costumbres de
cada pueblo, sin dejar de lado la relación con otros pueblos y otras culturas.
Entre las principales características atribuidas
por los indígenas a la educación se pueden señalar:
-
De manera reiterada proponen una educación que “enseñe a los niños a respetar
sus autoridades, a valorar su cultura, a observar las normas de convivencia
con la madre tierra y con las personas que los rodean” (ONIC, 1997).
-
Frente a la educación oficial interesada por imponer otros valores proponen
una educación que fortalezca su identidad y su sentido de pertenencia: “Cuando
hablamos de educación propia entendemos aquella educación donde aprendemos a
ser indígenas Sikuani, Wayuú, Tule, Nasa, Embera, Uitoto, Wiwa, Curripaco, Pijao,
Zenú y todo ser indígena en general...” (ONIC, 1998a).
-
Frente a la visión oficial tradicional que equipara educación con aula, sostienen
que la educación se realiza “en los hogares, en los espacios y momentos de encuentro
de la kankurua[6], de la maloca,
del río, del fogón” y que existen muchos modos de enseñar: “a través de las
historias, los sueños, los consejos, la ley de origen, la palabra de los sabios
y la acción conjunta de la comunidad” (0NIC, 1997).
-
Es un proceso permanente que “se inicia antes de nacer el niño y va mucho más
allá de la muerte”.
-
Es integral (holística) porque tiene en cuenta la realidad en toda su complejidad,
sin parcelarla, y en sus diferentes dimensiones, analizando los hechos y procesos
dentro del contexto total.
-
Se fundamenta en una espiritualidad profunda puesto que considera al hombre
como parte de la naturaleza, con la misión de cuidar, proteger, respetar y defender
la madre tierra, manteniendo la armonía entre el hombre y el cosmos, bajo la
guía de las autoridades tradicionales y los sabios, depositarios de conocimientos
y saberes milenarios (Ibídem).
-
Es una estrategia de resistencia y de lucha por la autonomía: “Por eso hoy necesitamos
educarnos para la acción externa sin dejar de ser lo que somos y ante todo sin
perder el objetivo de lucha y resistencia. De hecho hoy debemos reflexionar
cómo seguir preparando y formando a nuestros hijos para continuar luchando y
resistiendo para seguir ejerciendo ante todo el control territorial y la conquista
de la autonomía” (Ibídem).
-
Debe preparar a los individuos para afrontar los retos del mundo actual: “En
un mundo en el que la globalización y la modernización son cada día más fuertes
y aplastantes, no se puede pretender que los pueblos indígenas vivamos soñando
vivir el tiempo pasado de tranquilidad [que vivieron] nuestros antepasados...
al contrario, el contacto con lo externo ha sido siempre nuestro gran desafío...
(ONIC, 1997).
En síntesis, la educación en los pueblos indígenas debe cumplir
una función socializadora, de transmisión de la cultura, enseñando a las nuevas
generaciones los conocimientos valores, actitudes y creencias de su grupo social
para lograr su inserción en él. Pero, además, debe capacitar a los individuos
para interactuar con el mundo moderno asumiendo la relación y el diálogo con
otras culturas como un ejercicio permanente. Esto lo han expresado los indígenas
cuando declaran que la finalidad de la educación debe ser fortalecer la identidad
en contextos interculturales.
3.2. Ejes o Dimensiones de la Identidad
El análisis de los procesos organizativos de los
pueblos indígenas de Colombia muestra como en medio de la diversidad que los
caracteriza, dichos pueblos han definido unos elementos comunes básicos en torno
a los cuales se ha consolidado el movimiento indígena colombiano desde los años
70 del siglo pasado.Estas dimensiones son: Territorialidad, Autonomía, Lengua
y Pensamiento y Sentido Comunitario (Comunitariedad). Ellas constituyen el eje
de las reivindicaciones de los pueblos indígenas, han sido reconocidas por la
Constitución y las leyes del país y por diferentes Convenios Internacionales
suscritos por Colombia, y están presentes en las cosmovisiones de los diferentes
pueblos como expresión de maneras específicas de relación del hombre con los
seres del universo. Sobre estas dimensiones se sustentan los Planes o Proyectos
de Vida y los Proyectos Educativos y, en consecuencia, deben ser los referentes
fundamentales de cualquier proceso de evaluación de la educación indígena.
El territorio no es sólo parcela para la producción,
no es meramente un bien apropiable, un objeto de compraventa y de ganancia económica.
Es la fuente de la cultura y de la vida:"La tierra es la esencia de nuestra
existencia y sin ella no podemos hablar de ninguna cultura porque de nuestra
tierra madre sale toda la vida; por ello debemos amarla y hacerla respetar.
La lucha por la recuperación de nuestra madre tierra constituye el eje de unión
entre las comunidades indígenas del país"(ONIC, 1982). Para los indígenas
el territorio es un espacio codificado, pleno de significado en el que se inscriben
las relaciones sociales y espirituales del grupo, en el que está escrita su
historia y su devenir. Es un espacio en el que se convive con los demás seres
de la naturaleza con los cuales se establecen relaciones, con las personas del
pasado y del presente, con los animales, las plantas, los espíritus y con los
dueños de los seres del universo, todo ello dentro de las normas de reciprocidad
y de respeto mutuo.
El territorio se concibe no solamente como un espacio
geográfico, sino como una proyección cósmica que refleja una forma particular
de ver y entender el mundo donde todos sus elementos tienen un significado social
y religioso: cerros, ríos, lagunas, raudales, valles y montañas tienen carácter
sagrado, como sitios donde habitan los espíritus de la naturaleza o vivieron
los antepasados.
El reconocimiento del territorio va más allá de
trazar unos límites sobre un mapa y definirlos legalmente: implica el reconocimiento
de que ese territorio es de un pueblo que tiene unidad social, jurídica y política,
es decir, un pueblo con capacidad para ejercer decisiones fundamentales sobre
ese territorio.
Cada pueblo tiene una forma específica de apropiación
del territorio, determinada por las formas económicas que establecen los diferentes
espacios de uso, por los calendarios ecológicos y ceremoniales que determinan
la movilidad del grupo y por el carácter sagrado de algunos lugares. Estas
zonas donde se prohíben las actividades productivas y que significativamente
coinciden con espacios de mayor biodiversidad, se constituyen entonces en reservas
biológicas que se deben cuidar y respetar.
Hoy día los territorios ancestrales de la mayoría de comunidades se han reducido
y están amenazados por las expectativas de explotación económica fuera de los
límites de equilibrio de los recursos del subsuelo y de su biodiversidad. También
están amenazados por la colonización, la pérdida de conocimientos y el cambio
de valores hacia la naturaleza. En consecuencia, la restitución y garantía de
los territorios de los pueblos indígenas es requisito necesario para el fortalecimiento
de la autonomía.
¨
Autonomía
La autonomía es un concepto integral que abarca
todos los aspectos de la vida. Está ligada a otras dimensiones como lo territorial
y lo comunitario. Sin embargo atiende al contexto histórico, político y social.
En esa medida es algo relativo y así, lo que para un pueblo o comunidad es pérdida
de autonomía puede no serlo para otros, porque se está atendiendo a los contextos.
La autonomía es una construcción permanente tanto
del individuo como de la comunidad que nace de la espiritualidad y se construye
en la relación con la alteridad, con el otro. La autonomía fortalece la identidad,
pero ella no significa cerrarse a lo externo, sino conocerlo, reinterpretarlo,
resignificarlo. La autonomía no sólo es resistencia, también es proyección,
es decidir hacia dónde se quiere ir. La autonomía debe plantearse desde la cosmovisión,
desde la forma de ver el mundo, desde el pensamiento de los pueblos.
Como derecho de los pueblos indígenas, la autonomía
implica el reconocimiento del grupo étnico como unidad político-administrativa,
con autoridad sobre un territorio definido y con capacidad de decisión en los
diferentes ámbitos que integran la vida. Esto significa el ser reconocidos como
unidades político-administrativas, con capacidad de decisión para elaborar y
ejecutar su planes de vida, con sus formas de organización interna referidas
al gobierno local, a las actividades productivas, a la organización del trabajo
doméstico, la vida familiar y comunal, los mecanismos de socialización y los
ámbitos de expresión simbólica. Significa también el derecho de los pueblos
a definir el papel de sus propios especialistas, con el fin de aprovechar los
recursos con que cuentan para la elaboración autónoma de sus planes o proyectos
de vida. La autonomía es, igualmente, el derecho de los pueblos indígenas en
cuanto colectividades a obtener plena legitimidad como interlocutores válidos
ante el Estado y ante el resto de la sociedad nacional.
Esta autonomía se ve amenazada por las políticas estatales,
por la violencia, la colonización y la presencia cada vez mayor de multinacionales
en los territorios indígenas con sus planes de exploración y explotación de
los recursos naturales. Igualmente se ve amenazada por los procesos de globalización
que difunden el capital, la tecnología, las comunicaciones y pretenden imponer
modelos hegemónicos de comportamiento[7].
Los Planes de Vida dentro de los cuales deben estar articulados los Proyectos
Educativos Institucionales (PEI) y Proyectos Educativos Comunitarios (PEC),
constituyen expresión auténtica de la autonomía y ejercicio de la capacidad
de los pueblos de decidir su propio desarrollo[8].
¨
Lengua y Pensamiento
El lenguaje es una de las formas de expresión del
pensamiento y la cosmovisión de los pueblos, una manifestación de su identidad
y un medio de interacción social. Si los pueblos indígenas, a través de su lengua
conservan la memoria histórica, también guardan su visión de futuro y las estrategias
para alcanzarlo. La lengua sirve para comunicar conocimientos y emociones, recuerdos
y pensamientos acerca de los hombres y de todos los seres del universo.
La riqueza de la tradición oral constituye un patrimonio
irremplazable pues en ella se centra la pedagogía tradicional. Por su naturaleza
misma la tradición oral se enriquece permanentemente en su confrontación cotidiana
con la realidad y no se puede entender como un corpus fijo, sino como un ser
vivo que crece constantemente. Leyes de origen, rezos, consejos, cuentos, conforman
un bagaje cultural lleno de enseñanzas para todos los ámbitos y momentos de
la vida y su recreación debe ser un proceso que acompañe el desarrollo de la
escuela.
Si bien la escritura se está implementando en las
últimas décadas en casi todas las lenguas, su función social es todavía restringida
y la oralidad sigue siendo el rasgo cultural más característico de los pueblos
indígenas. Los procesos de transmisión de los saberes y memoria cultural e
histórica, el ejercicio del liderazgo, la toma de decisiones, se dan a través
de la interacción directa. El uso oral de la lengua cobra una importancia crucial.
Las lenguas indígenas están en proceso de llevarse al ámbito
de la escritura lo que implica un cambio de gran significación al pasar de una
tradición oral a una escrita que no niegue la oralidad. El uso de la escritura
es considerado de gran importancia por los pueblos indígenas pues permite ampliar
los ámbitos de uso de las lenguas tanto en la escuela como en los espacios sociales
de interacción con la sociedad mayor. Como resultado de las luchas indígenas
las lenguas indígenas han sido reconocidas como oficiales en sus territorios,
por lo cual muchas de ellas están en proceso de normatización y planificación
lingüística. El castellano es también patrimonio de las comunidades indígenas
y deberá enseñarse con una metodología específica como segunda lengua, de manera
que se garanticen las competencias lingüísticas básicas: escuchar, hablar, leer,
escribir.
A diferencia de las concepciones del pensamiento
occidental que sitúan al hombre por encima de la naturaleza, y separan hombre
y mundo, en el pensamiento de los indígenas el hombre forma parte de un conjunto
o totalidad que trasciende su vida individual y cuya conservación sólo es posible
si se garantiza la existencia de los otros seres, de acuerdo con sus necesidades
específicas y de conformidad con lo establecido en las leyes de origen y en
la tradición. Lo comunitario así entendido es lo que algunas culturas han definido
como "armonía" del hombre con la naturaleza: "cada monte, cerro,
bosque, río es nuestro hermano, cuando nuestro hermano muere, nuestra muerte
esta también cercana” (Mamo Romualdo Gil, cfr. ONIC, 1998b).
El sentido comunitario es una dimensión fundamental
de la cultura de los pueblos indígenas que se expresa en todos los aspectos
de la vida: en el considerar el territorio como parte de la comunidad y compartirlo
porque ha sido entregado para usufructo colectivo, no individual; en la producción
colectiva; en la espiritualidad reflejada en una comunión estrecha con todos
los seres de la naturaleza; en los rituales y celebraciones; en el ejercicio
de la autoridad y en la toma de decisiones, porque cuando se presenta un problema
todos deben pensar en él y buscarle solución; en la jurisdicción especial centrada
en la corrección colectiva que ayuda a direccionar la conducta de individuos
y comunidad; en los procesos de socialización de los niños y niñas; en el conocimiento
que se construye entre todos, así como en la construcción colectiva de los sueños
y esperanzas para mejorar las condiciones de vida.
Los sistemas de pensamiento o cosmovisiones dan coherencia
y significación a toda la vida intelectual, social y moral de las comunidades
y sus individuos y de ellos se derivan una serie de premisas fundamentales como
el sentido de comunitariedad, el carácter sagrado del territorio, el sentido
de reciprocidad como principio de regulación de los intercambios sociales y
de los intercambios entre los seres del universo.
El sentido de comunitariedad, el cual está basado
en una espiritualidad profunda, en las Leyes de origen, va desapareciendo en
los pueblos y comunidades como consecuencia de la influencia de la sociedad
mayoritaria que educa para la competencia, no para la solidaridad.
4 Reflexiones Finales
Territorio, Autonomía, Lengua y Pensamiento y Comunitariedad
(Sentido Comunitario) han sido definidos por los pueblos indígenas como elementos
fundamentales de su identidad. Esto es posible deducirlo del análisis de los
procesos organizativos de los indígenas colombianos, los cuales no obstante
reconocer la gran diversidad de culturas existentes en los más de 80 pueblos,
han llegado también a la conclusión de que las dimensiones antes señaladas sintetizan
sus exigencias fundamentales y les han permitido la unidad dentro de la diversidad.
La educación, entendida por los pueblos indígenas
colombianos como fortalecimiento de la identidad en contextos interculturales
debe tener como referentes fundamentales estos ejes o dimensiones. Sin embargo
y como los mismos pueblos indígenas lo entienden, esto debe hacerse en el marco
de la interculturalidad, entendida esta como un dialogo de saberes, en donde
cada una de las partes implicadas en el diálogo reconoce que su interlocutor
tiene algo que aportar. En este caso el dialogo entre las culturas debe partir
de la base de que las culturas indígenas tienen mucho que aportar a la sociedad
actual, al igual que las otras culturas pueden contribuir al enriquecimiento
de las culturas indígenas.
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* Antropólogo, Magíster en Planeación Urbana y Regional,
saristig@hotmail.com
** Antropóloga, Magíster en Sociología, leoduit@hotmail.com
*** Doctor en Antropología, fortiz@col1.telecom.com.co
[1] La Ley 115 de 1994, Ley General de Educación, establece que,
de conformidad con el artículo 67 de la Constitución Nacional, la evaluación
de los docentes debe formar parte de la evaluación de la calidad de la educación
y debe incluir a todos los docentes en ejercicio contratados con dineros del
Estado.
[2] Las lenguas con un número importante de hablantes
y con una distribución en territorios amplios, generalmente presentan variaciones
dialectales, las cuales en algunos casos son muy importantes dentro de la estructura
social ya que permiten identificar grupos de descendencia como clanes y, por
tanto, definir rangos sociales. Otro nivel de complejidad es la diversidad de
contextos socio-lingüísticos: por ejemplo en la Sierra Nevada de Santa Marta,
se encuentra el Teyzhuan, lengua sagrada de los antiguos Tayrona, que no debe
escribirse y se conserva en el plano de la oralidad; el Koguian, la lengua cotidiana,
el Damana, la lengua franca, el Kakatukua la lengua perdida de los Atanqueros
y finalmente el español, la lengua de la modernidad.
[3] Entre los principales aspectos pueden señalarse: la obligación
del Estado y de las personas de proteger las riquezas culturales y naturales
de la Nación (art.8); el reconocimiento de las lenguas y dialectos de los grupos
étnicos como oficiales en sus territorios y la obligación de la enseñanza bilingüe
en las comunidades con tradición lingüística (art. 10º); la educación como un
derecho de la persona y un servicio público con función social; la formación
de los ciudadanos por medio de la educación en el respeto a los derechos humanos,
a la paz y a la democracia (art. 67); el derecho de los integrantes de los grupos
étnicos de tener una formación que respete y desarrolle su identidad cultural
(art. 68º, inciso 5º); el reconocimiento de la diversidad cultural como fundamento
de la nacionalidad y la igualdad y dignidad de todas las culturas que conviven
en el país (art. 70º, inciso 2º); la obligación del Estado de promover la investigación
la ciencia, el desarrollo y la difusión de los valores culturales de la Nación
(art. 70, inciso 2º); la obligación del Estado de proteger el patrimonio cultural
de la nación y reconocer los derechos especiales que puedan tener los grupos
étnicos asentados en territorios de riqueza arqueológica (art. 72º).
[4] A partir de la Ley 115 la etnoeducación incluye
también a los grupos afrocolombianos.
[5] Rosalba
Jiménez, Intervención en Primera Mesa de trabajo, Bogotá, agosto de 2000.
[6] Espacio
ceremonial de los Arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta.
[7] La globalización ha traído otras consecuencias
que pueden tornarse positivas: "Por primera vez en la historia conocida
todas las culturas del mundo tienen hoy, potencialmente, la posibilidad de estar
en contacto directo, de enriquecerse y fecundarse recíprocamente" (Bonfil,
1992: 8). Sin embargo, lo grave es que este ha sido un proceso de imposición
de unos pocos que excluye a la gran mayoría. La globalización es la amenaza
contra la autonomía de los pueblos, pero es también el gran desafío de no encerrarse
en sí mismos sino de buscar la convergencia con otros pueblos para un fecundo
diálogo intercultural.
[8] El Fondo Indígena para el Desarrollo de los Pueblos
Indígenas de América Latina y el Caribe, se está adelantando un programa de
formación y concertación sobre planes y políticas de desarrollo indígena para
los 16 países, atendiendo al mandato de la III Asamblea del Fondo y al Plan
de Trabajo 1999 - 2001. En cumplimiento de este mandato, en Colombia se ha venido
siguiendo un proceso de análisis de las políticas de desarrollo indígena que
se vienen adelantando en el marco del desarrollo propio de los pueblos que los
mismos indígenas han denominado "planes de vida".
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