LAS VEREDAS ENTRE EL DESIERTO Y LA CIUDAD.
RECONFIGURACIÓN
DE LA IDENTIDAD EN EL PROCESO HISTÓRICO DE CAMBIO DE LOS
TOHONO O´ODHAM.
TESIS PARA OPTAR POR EL GRADO DE DOCTOR EN ANTROPOLOGÍA.
PRESENTA: Guillermo Castillo Ramírez.
DIRECTORA: Dra. Laura Velasco Ortiz.
Fecha del examen doctoral: 22 de noviembre de 2010.
Universidad: Instituto de Investigaciones Antropológicas – Universidad Nacional Autónoma de México (IIA-UNAM), México.
Calificación: La tesis fue aprobada por unanimidad.
Resumen
Esta tesis trata de cómo se fue reconfigurando la identidad étnica de los Tohono O´odham que vivieron el cambio de residencia del desierto a la ciudad, a raíz de las políticas de colonización del desierto del Altar en el estado de Sonora, a mitad del siglo XX. La investigación documenta el proceso sociohistórico de movilidad geográfica de dos comunidades O´odham en el desierto de Altar y su posterior establecimiento en la ciudad fronteriza de Sonoyta y la localidad de Caborca durante la segunda mitad del siglo XX. Aparejado a esto, se aborda la genealogía del cambio de sentido de comunidad de estos O´odham, partiendo desde su imaginario de grupo cuando vivían en las comunidades del desierto, hasta su establecimiento definitivo en las ciudades de destino y su reconfiguración étnica en los contextos urbanos.
Un aspecto particular, es que ambas ciudades están ubicadas dentro del área geográfica cultural del grupo étnico. Los O´odham son un grupo étnico cuyo territorio ancestral se encuentra tanto en el noroeste de Sonora como el suroeste de Arizona y que hasta antes del tratado de Guadalupe Hidalgo (1848) se ubicaba por completo en la geografía jurídico-política del naciente estado mexicano. Las tierras tradicionales del grupo étnico iban desde los ríos Gila y Salado en el suroeste de Estados Unidos hasta los inicios del desierto del Altar, en Sonora.
CAPÍTULO 3.- LOS O´ODHAM
ANCESTRALES HABITANTES DEL DESIERTO.
- 3. Introducción.
- 3.1 Un acercamiento histórico a los
O´odham.
- 3.2 Organización social y vida cotidiana
en el desierto al inicio del siglo XX.
- 3.3 La vida en las Calenturas-Pozo.
- 3.4 La vida en comunidad: Sonoyta.
- 3.5 Cultura compartida entre las Calenturas y
Sonoyta.
- 3.6 Relaciones interétnicas en la región
O´odham.
- 3.7 Políticas de la memoria el
imaginario de ser O´odham “antes” y “allá.”
- 3.8 La “comunidad” y los
“otros.”
- 3.9 Conclusiones.
CAPÍTULO 3.- LOS O´ODHAM ANCESTRALES HABITANTES DEL
DESIERTO.
3. INTRODUCCIÓN.
En el capítulo previo se vieron los
contextos etnográficos actuales y las personas que colaboran
en esta investigación con sus testimonios. Esta parte de la
tesis se enfoca a la etapa inicial del proceso de movilidad
geográfica hacia las ciudades primadas. El objetivo de este
capítulo, en el marco de la historia social del grupo étnico,
es describir el contexto de salida y ver cómo era la vida en
los asentamientos de origen a mediados de la primera mitad del siglo
XX (1930-1940). Por tal motivo, se plantea la siguiente estructura:
1) La primera sección se titula “un
acercamiento histórico a los O´odham.” En ese apartado, con base en las
principales etnografías sobre los O´odham y diversas
fuentes documentales, se reconstruye la historia del grupo étnico
y se caracteriza a los O´odham como sujetos sociales en el
desierto de Altar. 2) El segundo apartado, “organización
social y vida cotidiana en el desierto al inicio del siglo XX,” introduce el contexto general del
desierto de Altar como el entorno social y natural del grupo étnico,
además destaca el por qué se eligieron las comunidades
de las Calenturas y Sonoyta y la importancia de éstas dentro
del territorio O´odham y la región noroeste de Sonora.
3) En los siguientes apartados, “la vida en las
Calenturas-Pozo,” “la vida en comunidad: Sonoyta,”
“cultura compartida entre las
Calenturas y Sonoyta” y “relaciones interétnicas
en la región O´odham,”
se traza cuál era el modo de vida O´odham de las
Calenturas y Sonoyta y cómo, a partir de la descripción
una serie de prácticas sociales y culturales, se creaban y
articulaban los referentes simbólicos que les permitían
formarse un imaginario de grupo (tanto a nivel local como regional).
4) En las “conclusiones” se
hace un balance del capítulo, a través de un ejercicio
comparación entre las Calenturas-Pozo Prieto y Sonoyta, se
especifica las semejanzas, pero también las peculiaridades
entre estas dos localidades.
3.1 UN
ACERCAMIENTO HISTÓRICO A LOS O´ODHAM.
Los O´odham ó “Pápagos,”
como los nombraron los españoles después de la
Conquista y como buena parte de ellos se autonombran en México
hasta hoy día, son uno de los grupos étnicos del
noroeste de Sonora. Este grupo ha habitado desde tiempos ancestrales
el desierto de Altar-Yuma, que se extiende desde el centro de Sonora
y llega hasta el suroeste de Arizona (Lumholtz,
1990; Underhill, 1975; Nolasco, 1964; Basauri, 1940; Ortiz, 1995 y
Neyra, 2007). La lengua de este grupo étnico es clasificada
como perteneciente a la rama pimana del yutonahua (Nolasco, 1965, p.
376), también llamada rama nahua-cuitlateca del tronco
yutonahua (Ortiz, 1995, p. 223). En función de la diversidad
de dialectos de la lengua O´odham, así como de las
actividades productivas que realizaban en las áreas
geográficas específicas y las formas organización
social y económica propias, el
pueblo O´odham estaba dividido en tres grandes grupos (Akimel
O´odham -gente del río-, los Hia´ched O´odham -gente de
la arena- y los Tohono
O´odham-gente del desierto-).
El grupo de los Hia´ched
O´odham, que habitaba en el
Pinacate, era el menos numeroso de los grupos, pero el que más
se desplazaba a la largo del territorio para obtener recursos. La
movilidad estaba determinada en función del ciclo
meteorológico y del comportamiento de la fauna (ver mapa de la
página anterior)131 (Broyles and Felger, 2007, p. 133).132 Por ello, tenían diversos campamentos de acuerdo a la
actividad productiva realizada (Amador,
2009 p. 17).
Por su parte, en el
noroeste del territorio tradicional, los Akimel
O´odham eran el grupo más
sedentario y aprovechaban su cercanía con el río Salado
y Gila en el suroeste de Arizona (Broyles
B., Rankin A. and Felger R. S, 2007, p. 135)133 para tener una economía basada en la
agricultura, la obtención de flora y la cacería
(Amador, 2009 pp. 17-18).
Finalmente estaban los Tohono
O´odham, quienes se ubicaban y
hacían uso de la región suroeste-centro de Arizona y
norte de Sonora.134 Los Tohono O´odham eran la gente del desierto y se caracterizaban por el uso de
asentamientos según fuera la época del año. Uno
asentamiento (“oidag”) estaba destinado a las labores
agrícolas que se realizaban durante el verano, el otro
asentamiento (“wahia”) se usaba en invierno y ahí
se realizaban otro tipo de actividades como la caza, la cría
de ganado y la recolección de flora del entorno natural (ver
mapa 3.1 de los diferente grupo O´dham).
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Mapa 3.1 Los grupos
O´odham en el desierto de Altar-Yuma.
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Fuente: (Felger y Broyles, 2007, p. 136).
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Aproximadamente un mileno antes de nuestra era,
los Hohokam, ancestros de los O´odham de filiación
lingüística pima y yumana, se habían asentado en
el área sureste de Arizona y noroeste de Sonora y se
organizaban en bandas de cazadores recolectores que recorrían
el desierto en busca de medios de subsistencia (Nolasco, 1965, p.
376). Los Hohokam ya conocían la agricultura y cultivaban
diversos productos como maíz, frijol y calabaza. Estos grupos
se establecieron en pequeñas aldeas en las que permanecían
durante el ciclo agrícola, de manera suplementaria esto
posibilitó el inició de la producción de
cerámica. Este sedentarismo parcial permitió, además,
el desarrollar técnicas de producción agrícolas
más avanzadas (a través de canales de riego y pequeñas
represas de piedra) y el surgimiento de formas de organización
social más complejas (Ortiz, 1995, p. 228).
Sin embargo, los Hohokam no eran un gran grupo homogéneo y es
muy probable que para ciertos Hohokam no fuera igual de relevante la
agricultura; especialmente para los del área sur (en el área
de la actual Sonora), donde no se han encontrado evidencias
materiales de grandes asentamientos y el desierto presenta un mayor
grado de aridez y menor acceso de agua (Nolasco, 1965, p. 382).
Hacia el primer milenio de la era cristiana y según registros
arqueológicos, la producción de maíz se había
diseminado significativamente debido a la elaboración de
sistemas de riego por canales. También se diversificaron los
cultivos, se sembraban diversas variedades de maíz además
de calabaza, pepino, tabaco, algodón (Nolasco, 1965, pp.
382-383).
No obstante, durante el invierno los grupos
Hohokam se desplazaban y se valían de la cacería y la
recolección de frutos para completar su alimentación.
Tenían cerámica sobria y de escasa variedad, además
de cestería hecha a base de arbustos maderables del desierto y
producción de textiles de algodón y la gamuza. Esta
forma de subsistencia mixta, que se basaba tanto en la producción
agrícola como en la utilización de productos silvestres
se conservó sin grandes cambios hasta la llegada de los
españoles. Spicer considera que hay una serie de prácticas
que permanecieron por siglos y que caracterizaron a los pobladores de
esta área: 1) los patrones de construcción de vivienda,
casas rectangulares hechas de bajareque y de emplastos de ramas de
arbustos y lodo; 2) la ancestral cerámica roja, que además
estaba pulida; 3) el uso especialmente preferente de madera, en lugar
de piedra, para la elaboración de instrumentos domésticos;
4) y, finalmente, la costumbre de sepultar a los muertos en vez de
cremarlos, como lo hacían otros grupos del área; lo
anterior sugiere una cierta dinámica de continuidad cultural
durante el último milenio (Spicer. E, 1941).
La situación cambiaría de manera
significativa con la llegada de los españoles y la Conquista.
A diferencia de lo acontecido en el centro y sur de México,
los procesos de cristianización y de cambio de vida y
actividades productivas fueron más lentos y fragmentarios en
Sonora, especialmente en el área noroeste, territorio
tradicional O´odham. No sería sino hasta a finales del
siglo XVII (1686), cuando el padre Kino inició una serie de
expediciones con el fin de evangelizar y establecer misiones. La
“Pimeria Alta” era un territorio enorme que incluía
la mayor parte del desierto de Sonora y se prolongaba hasta el río
Gila en el extremo norte y hasta santa Cruz en el polo noroeste, en
el suroeste de Arizona (Ortiz, 1995, p
231). A todos los que vivía en esta delimitación
territorial se les denominaba pimas o pimas Altos. Si bien estas
tribus tenían variantes dialectales de la misma lengua,
también presentaban marcadas diferencias sociales entre sí,
tanto en las zonas geográfico-ecológicas que habitaban
como en sus prácticas culturales y actividades productivas.
Spicer señala que había 4 grandes grupos: 1) En el área
suroeste, haciendo frontera con los Opatas-Eudeves, estaban aquellos
que llamaban simplemente “Pimas”, sin adjetivos. 2) Los
habitantes de la porción suroeste eran los “Sobas,”
el nombre era derivado de un presunto jefe muy poderoso. 3) Después,
al noroeste, estaban los “Sobaipuris”. 4) Y por último,
un cuarto grupo, que a decir de los españoles, tenían
una población difícil de precisar y una ocupación
geográfica no bien delimitada. Los Pimas sureños al
referirse a estos grupos del norte y noroeste, los llamaban Papagos o Papabotas (Spicer,
1962, p 119). La mayor parte de la Pimeria
estaba habitada por los O´odham (Pápagos),
caracterizados por su movilidad periódica y por la caza, la
recolección de flora y el cultivo preferente del frijol (Ortiz
1995, p.
232). Ya entrado el periodo colonial, a
inicios del siglo XVII (1600-1620), los jesuitas se instalaron entre
los Pimas bajos en el sur de Sonora
Sin embargo, no sería hasta finales de ese siglo que inició
la evangelización en la Pimeria Alta. Debido a que en el sur
de Sonora ya había una actividad ganadera y minería
significativa, los españoles veían en la Pimeria Alta
una fuente de mano de obra y de tierras para expandir los ranchos y
las minas del sur. No obstante, Kino no compartía este punto
de vista y consiguió un cédula del virrey de la Nueva
España para garantizar que los habitantes de la Pimeria Alta
colonizados no se les obligaría a pagar tributos, ni a
realizar trabajos forzados (ver mapa 3.2 de los grupos étnicos
del noroeste de México y el suroeste de Estados Unidos).
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Mapa
3.2 Los O´odham y los grupo indígenas de la región
noroeste.
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Fuente: (Felger y
Broyles, 2007, p. 134).
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El programa de misiones se justificaba porque
estos grupos indígenas tenían la disposición de
aliarse con los colonizadores y de incorporarse al cristianismo y a
las nuevas formas de vida, además era una región con
una población significativa (Spicer,
1962, p 120-121). Una de las primeras
acciones de Kino fue el establecimiento de la misión de
Nuestra Señora de los Dolores en la localidad de Cosari. Kino
inició recorridos por las diversas latitudes de la Pimería
Alta y para 1689 había bautizado a cerca de 800 Pimas. A
principios de la década de 1690 se fundaron las misiones de
Dolores, Cocospera, San Ignacio y Tubutama, donde con la presencia de
misioneros, algunos Pimas criaban ganado y se incorporaron nuevos
cultivos y tecnologías agrícolas (Ver mapa de la
Pimeria Alta).
Sin embargo, la situación de relativa paz
que hasta entonces había imperado se rompió en 1695 a
raíz de un conflicto. Los ataques de los Apaches, Jocones y
Janos sobres los ranchos españoles habían aumentado y
mucho colonos responsabilizaron a los Pimas; e injustamente se
tomaron represalias contra estos últimos. Aunado a esto, el
misionero Januske en Tubutama, colocó en puestos de dirección
de la misión a Opatas, quienes tenían un trató
despectivo y violento hacia los Pimas. Lo anterior desencadenó
que un grupo de Pimas de Tubutama mataran al capataz opata y a dos de
sus ayudantes. Posteriormente atacaron Altar y Caborca, quemaron los
templos y mataron al padre Saeta, jesuita encargado de la misión
de Caborca (Spicer, 1962, p. 125).
Kino contribuyó a organizar un encuentro en el Tupo, donde los
jefes Pimas pacifistas entregarían a los cabecillas de la
revuelta a los españoles. El encuentro se volvió una
masacre en la que fueron asesinados cerca de 50 Pimas, muchos de
ellos inocentes, entre los que se encontraban varios líderes
pacifistas a los que Kino había ofrecido protección.
Apenas se fueron los españoles, se organizaron fuerzas Pimas y
destruyeron las misiones de Tubutama, Caborca, San Ignacio e Imuris.
Los españoles, a su vez, mandaron un contingente de cerca de
300 hombres, destruyeron campos de cultivo y mataron a varios hombres
y mujeres, pero nuevamente no encontraron con quien enfrentarse
(Spicer, 1962, pp. 129-130).
La situación quedo en una endeble calma. Tras la muerte de
Kino (1711) y hasta mediados del siglo XVII, la Pimería estuvo
sumida en un impasse. A pesar de que 1732 se incremento el número
de misioneros, poco pudieron hacer para incrementar su zona de
influencia. Además, las invasiones apaches tuvieron un papel
clave, pues no sólo generaron el despoblamiento de la región,
sino que frenaron la expansión colonial en toda la Pimeria
Alta.
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Mapa 3.3 La Pimeria en la colonia, durante la época del
padre Kino.
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Fuente: Archivos de la CDI Caborca, en la
carpeta sobre historia y costumbre de los O´odham.135
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En 1751 se rompió otra vez el tenso orden
de cosas cuando tuvo lugar una segunda revuelta. La rebelión
inició cuando el líder Luis Oacpicagigua mató a
18 españoles que se encontraban en su casa en Saric. Estos
Pimas atacaron Tubutama, Caborca y Sonoyta, el conflicto se extendió
a san Ignacio y en el área oriente y norte de la Pimería,
las proximidades de San Xavier del Bac, pero los avances fueron
contenidos por los españoles. Las batallas dejaron más
de un centenar de españoles muertos y la resistencia indígena
fue resquebrajada. Oacpicagigua pidió paz y fue encarcelado.
Esta rebelión se limitó a las localidades Pimas que
estaban en las misiones. La suspicacia indígena, generada por
la violencia excesiva de los españoles, permaneció a
través del periodo colonial y se extendió hasta la
época del México independiente sobre parte del
territorio O´odham (Pápago)
(Ortiz, 1995, p
243). El periodo colonial también
trajo severas transformaciones: 1) la religión O´odham
sufrió el impacto del cristianismo y esto se reflejó en
la inserción de la fiesta de san Francisco y la respectiva
devoción al santo; 2) la incorporación de nuevos
cultivos (trigo); 2) la introducción de la ganadería;
3) y la explotación minera. Los ranchos ganaderos y la minería
atrajeron a un gran número de Pimas, lo cual implicó la
incorporación de una economía mercantil y monetaria. La
presencia española no impactó de la misma forma a todos
los Pimas, los O´odham (pápagos) fueron de los grupos
menos influenciados, pues los colonos españoles nunca se
asentaron del todo en el centro de la Papaguería. En cambio,
en la zona este y sur de la Pimeria Alta, área de tierras
fértiles, la presencia hispana tuvo un peso muy grande.
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Mapa 3.4 La
Papaguería y de los grupos indígenas del noroeste de
México y del suroeste de Estados Unidos.
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Fuente: (Swanton, 1953, p 186).
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Con el inicio de la época del México independiente,
varios colonos migraron a la Pimeria Alta. La invasión de
tierras y fuentes de agua, especialmente en las inmediaciones de
Caborca, provocó que los O´odham (pápagos)
iniciaran una rebelión en mayo de 1840, dicho movimiento no
pudo ser contenido hasta 1843.
Posteriormente, con el tratado de Guadalupe
Hidalgo (1848) y la venta de la Mesilla (1853), la Pimeria Alta fue
divida en dos por la frontera internacional entre México y EU.
En Sonora había más de cuarenta localidades cuya
población era principal o completamente O´odham y que se
encontraban entre el área del Pinacate y el valle de Altar. No
obstante, el límite internacional no era un obstáculo
para la relación con sus pares de Arizona, como Fontana
sostiene: “por muchos años después de 1854, los
pápagos [O´odham] continuaron viviendo y comportándose
como si la frontera no existiese. Cruzaban libremente de ida y de
regreso sobre ese límite artificial
(Fontana, 1983, p
139).” Hasta 1890 los O´odham
mexicanos hacían uso de sus tierras tradicionales.
No obstante, a finales de esa década,
aumentaron las disputas por el control de la tierra y el agua,
principalmente por los intereses que ganaderos, mineros y
agricultores tenían en la región. En 1889 hubo
enfrentamientos, en los que resultaron varios indígenas
muertos. Esto propicio el desplazamiento de varios O´odham
hacía Arizona, en parte por la situación de violencia y
en parte por la búsqueda de oportunidades laborales mejor
remuneradas. Por otro lado, a inicios del siglo XX (1900-1920),
colonos mexicanos con el respaldo del ejército invadieron
tierras de cultivo de los O´odham en Caborca, Pitiquito y
Sonoyta (Ortiz, 1995, p. 245). En
lo que respecta al aspecto demográfico del grupo étnico
en México a principios de siglo XX, Nolasco en su etnografía
de 1964, sostiene que el “censo de Peñafiel de 1900
[Dirección General de Estadística, 1900] sólo
consigna 859 indígena pápagos [O´odham] (Nolasco,
1965, p. 392).”
3.2 ORGANIZACIÓN
SOCIAL Y VIDA COTIDIANA EN EL DESIERTO AL INICIO DEL SIGLO XX.
La parte del viejo territorio tradicional O´odham
que se encuentra en México se ubica en el noroeste de Sonora y
abarcaba múltiples zonas geográficas de los actuales
municipios de Caborca, Altar, Saric,
Plutarco Elías Calles y Puerto Peñasco y parte de
Pitiquito (ver mapas 3. 5 y 3.6); todos estos municipios, salvo
Pitiquito, tienen frontera internacional con el suroeste de Arizona y
principalmente colindan con la parte sur de las tierras de la
reservación de Sells, que es la reservación O´odham
más grande y la segunda en dimensión geográfica
de todo Estados Unidos.
La ancestral área del grupo étnico
colinda con la frontera internacional con Arizona, Estados Unidos
hacia el norte, con el mar de Cortes hacia el noroeste y con los
municipios de Trincheras, Tubutama y Nogales hacia el este. El clima
de la región es extremoso, muy cálido en el verano
alcanzado temperaturas de 46 °C o más y en el invierno
puede haber intensos fríos de 3 a 5 °C bajo cero.
La temporada de lluvia es muy breve e irregular,
iniciando generalmente en julio y terminando la primera quincena de
septiembre.136 No obstante, de un par de décadas a la fecha las lluvias se
han vuelto aún más escasas. En este capítulo se
aborda la etapa inicial del proceso de cambio histórico y de
movilidad geográfica que llevo a los O´dham de los
asentamientos de Sonoyta y las Calenturas a las ciudades de Sonoyta y
Caborca respectivamente. Se aborda la vida en y de estas comunidades
O´odham en el desierto de Altar y las prácticas
culturales y sociales sobre las cuales se articulaba su imagen de
comunidad y su tradición cultural a mediados y finales de la
primera mitad del siglo XX (1930-1940).
La idea de tomar dos casos de estudio y establecer ciertas relaciones
de comparación no fue una decisión circunstancial, sino
que se fundó en dos razones: 1) Por una parte, criticar la
visión de ciertos estudios de las ciencias sociales que
enfatizan una visión homogénea de los grupos étnicos
y dejan de lado las diferencias internas de la colectividad. Este
trabajo se demarca de aquellas investigaciones que, con base en los
testimonios de algunos informantes claves y del estudio de caso de
una localidad, generalizan resultados para una región o grupo
de comunidades. 2) Y, por otro lado, el estudio de dos comunidades
permite dar cuenta de la diversidad interna de los O´odham y su
territorio, así como la peculiaridad de la articulación
y negociación con otros grupos sociales. Además las
diferencias sociales internas dentro del grupo étnico no son
algo nuevo, ni derivado del contacto con los “otros”
(mestizos, el Estado) en siglo XX, sino que viene de tiempo atrás
y de las zonas que habitaban. Los O´odham no eran un gran
pueblo unificado, estaban los Akimel O´odham en los río
Gila y Salado, los Hia´ched O´odham en el Pinacate y los
Tohono O´odham en el resto del desierto de Altar.
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Mapa 3.6 Municipios que abarca el territorio O´odham en
Sonora.
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Fuente: INEGI Marco
Geo-estadístico municipal 2005, www.inegi.gob.mx [consulta: 30/03/2009].
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Así, la elección de las comunidades
no fue una decisión accesoria, los criterios de selección
se definieron tanto por el lugar geográfico de los
asentamientos, como por los procesos de desplazamiento y las urbes de
destino final. Ambas comunidades están ubicadas en lugares
socialmente estratégicos dentro del territorio tradicional
O´odham, además tenían un sitio especial en las
dinámicas regionales del noroeste de Sonora, pues estaban muy
próximas a importantes centros de población que, por su
fuerte actividad política, económica y social,
representaban polos de desarrollo en esa área fronteriza. Con
la elección de estas comunidades se trata de reflejar la
heterogeneidad y diversidad de zonas geográficas y sociales
del territorio O´odham, el cual, sin minusvalorar las
semejanzas y las procesos sociales comunes a las diversas
comunidades, lejos de ser un área homogénea, eran una
articulación de diversos lugares geográficos y
sociales, un crisol diverso. Para la descripción de la vida de
estas comunidades en la primera mitad del siglo XX se tomaron tres
ejes analíticos. Estos mismos ejes se usan para hacer una
tipificación y comparación entre estas dos zonas del
territorio tradicional O´odham a fin de ver, por una parte, las
líneas de continuidad histórica social entre el norte y
sur del área del grupo étnico, pero también y
especialmente, encontrar cuáles eran las peculiaridades de
cada una de las comunidades. Los tres ejes que articulaban el modo de
vida eran: 1) el territorio y el uso de los espacios geográfico
sociales, que van desde los lugares productivos (las parcelas, los
ríos y los canales de riego) a los sitios sagrados, pasando
por los lugares familiares y comunitarios. 2) Después están
las prácticas socioculturales y la organización social.
3) Y, por último, la relación con el sí mismo,
la tradición y los otros.
La articulación de estos tres puntos nos
permitirá construir la imagen de
comunidad que cada uno de estos asentamientos tenía. En este
sentido, el propósito es ver cómo, a través de
la vida cotidiana en los asentamientos, surge su imagen de comunidad
y grupo. La idea no es limitarse a una posible versión de los
hechos (según los testimonios orales), sino indagar de qué
manera significaron los sujetos estos eventos y el impacto que esto
tuvo en la creación del imaginario del grupo. La imagen del
“nosotros” se funda en los espacios y tiempo sociales que
nos remiten a las diversas prácticas (ceremonias, reuniones,
trabajo comunitario) que involucran al grupo de manera directa o
indirecta. Además, con esto se recupera la idea del capítulo
anterior de que la memoria tiene una serie de marcos sociales en los
que se ancla. Por un lado, está el espacio social señalado
por Halbwachs, de ahí que se insista en el territorio y, por
otra parte, están las prácticas socioculturales propias
de la comunidad (ver mapa 3.7).
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Mapa 3.7 El territorio O´odham de Sonora y
Arizona.
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Fuente: (Spicer, 1962, p. 135). Modificado por
Fernando Jaurégui, COLEF. 2010.
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En el primer caso
tenemos que la comunidad de las Calenturas, la más al suroeste
de las tierras del grupo étnico en México. Esta
comunidad tenía dos asentamientos: las Calenturas y el Pozo
Prieto, ambos muy próximos al mar de Cortes sobre el camino a
Puerto Lobos en los inicios del desierto de Altar.137 Era una sola comunidad de personas con dos localidades. En estas
localidades convivían prácticamente entre sí
mismos los miembros de esta etnia, pues el grueso de los miembros
tenía ascendencia O´odham por ambos padres y era escaso
y selectivo el contacto con los rancheros y mestizos de las áreas
cercanas; era un poblado casi exclusivamente O´odham. Esta
condición era similar a varios de los poblados de todo el
territorio tradicional O´odham, pues según la monografía
etnográfica de Nolasco (1965, pp.
375-448), después de mediados del
siglo XX (1965) de los 30 lugares donde había presencia del
grupo étnico, 21 eran comunidades completamente O´odham,
en el resto compartían el espacio con mestizos.
En el segundo caso, Sonoyta estaba en el extremo
opuesto en el punto más noroeste de la antigua zona O´odham
en México, justo sobre la línea
fronteriza con Arizona (a menos de un kilómetro de la actual
puerta internacional de Sonoyta-Lukeville) y muy próxima del
pueblo mestizo de Sonoyta. La comunidad de Sonoyta, debido a la
cercanía con la población mestizo-mexicana del mismo
nombre, tenía un contacto más cercano con grupos
sociales no O´odham. La relación entre los miembros del
grupo étnico y los “otros” del pueblo mestizo era
ambigua y, en ciertas ocasiones, tensa y claramente desigual. Tenía
una condición literalmente fronteriza, pues por lo menos desde
inicio de siglo XX el pueblo mestizo de Sonoyta era una garita
internacional donde se encontraba la policía montada de
México138 y un punto de paso obligado para aquellos que iban al suroeste de
Estados Unidos. Esta comunidad O´odham tenía estrechos
vínculos regionales de carácter social y económico
con asentamientos del suroeste de Arizona, especialmente con el
pueblo del Ajo, que contaba con una población O´odham
considerable y a principios de siglo XX descolló como un
importante centro minero regional, que por la oferta laboral atrajo a
población O´odham de México y mestizos de la zona
fronteriza sonorense.
3.3 LA VIDA EN
LAS CALENTURAS-POZO.
Las Calenturas, a semejanza de lo ocurrido en
otras latitudes del territorio O´odham en México, era
una sola comunidad pero con dos localidades: el asentamiento de las
Calenturas y el asentamiento del Pozo Prieto. Estos
asentamientos se ubican en el municipio de Caborca, en los inicios de
la parte noroeste del estado de Sonora, en la zona de la costa de
Caborca, muy próximos al Mar de Cortes y fueron el hogar y la
tierra de varias familias O´odham durante buena parte del siglo
XX. A semejanza de la gran mayoría de los asentamientos
O´odham a lo largo del territorio tradicional, el Pozo Prieto y
las Calenturas se encontraban geográficamente ubicados cerca
de fuentes de recursos hidráulicos: estaban en las
inmediaciones de un pozo natural y de un venero respectivamente.
Otras comunidades O´odham como las Norias, el Cubabi y Sonoyta
estaban a pie de río y algunas se valían de tinajas o
depósitos naturales de agua, como fueron los casos del Pozo
Verde y el Bajío. Al respecto, las palabras de doña
Alicia son muy consistentes y no dejan lugar a dudas sobre esta
estrategia adaptativa al entorno por parte de los miembros del grupo
étnico:
“porque antes ellos [los O´odham],
donde les gustaba ¿no? donde hubiera agua, donde hubiera agua,
pues allí acampaban. Allí hacían sus tierras
porque, me imagino yo así porque,
casi más la plática era donde había agua pues,
donde hubiera, donde hubiera vida vamos a decir. Ya después
ellos [los O´odham] hacían sus parcelas ¿no? sus
parcelas y limpiando pues todo.”139
En la actualidad ninguno de las personas
originarias vive de manera permanente en
estas comunidades. Las Calenturas es un predio abandonado desde hace
varias décadas y en el Pozo Prieto los comuneros hacen
guardias que duran 10 días para cuidar el ganado y la
comunidad. No obstante, no hay una ocupación permanente del
sitio, pues los propietarios tienen su residencia permanente en
Caborca.
Sin saber desde que fecha precisa se constituyó
legalmente como tal, el Pozo Prieto era un ejido y las Calenturas su
anexo agrario, por lo menos desde mediados de la primera mitad del
siglo XX y contaban con una superficie de 4,806.03-00 hectáreas.140 Pero en 1983, probablemente con la asesoría legal de parte del
personal del INI-Caborca, cambió el régimen de
propiedad de ejido a comunidad indígena.141 Según los O´odham originarios del primer asentamiento, a
principios del s. XX (1910) brotaba un manantial que provocaba fiebre
a quien tomaba el agua, por ello se le denominaba como “las
Calenturas.”142 Por su parte, los O´odham del Pozo Prieto comentan que había
una tinaja de donde salía el agua muy sucia, de ahí que
el nombre del lugar fuera el Pozo Prieto y en O´odham
“chu´chu´uta.”143 De manera similar Lumholtz (1990, p. 392), en su recorrido por Sonora
a finales de la primera década del siglo XX, al pasar por este
asentamiento e indagar la raíces O´odham del nombre del
sitio, encuentra que la traducción literal sería “agua
negra” o “agua prieta.” A decir de doña
Alicia, el Pozo Prieto fue adquirido por algunos de pobladores de
mayor edad de las familias Choihua, Tiznado y García; en
cambio, las Calenturas parece ser un asentamiento más viejo
aún, pues la actual autoridad tradicional no recuerda cuando
se adquirió el predio, ni el origen del mismo.
Si bien las Calenturas y el Pozo Prieto eran
asentamientos geográficos diferentes eran habitados por el
mismo grupo de personas, pero en diferentes épocas del año;
era una comunidad con dos localidades. A semejanza de lo ocurrido con
otros grupos étnicos del país, los O´odham tenían
un modo de vida mixto basado en actividades productivas primarias y
estrechamente vinculadas a la topografía de su territorio, así
como al ciclo climático de su medio ambiente natural. No
obstante, debido a las agrestes condiciones del desierto Altar, los
O´odham tenían estrategias de adaptación y
sobrevivencia muy precisas basadas en la movilidad estacional y el
uso específico de recursos dependiendo de la temporada del año
y del sitio en donde se encontraban. Una constante de los grupos humanos
en el desierto, pero en especial los de la tribu O´odham en el
desierto de Altar, fue el establecimiento de asentamientos donde
había recursos hidráulicos de relativo fácil
acceso y que además hubiera tierra apta para la agricultura.
La mayoría, sino es que todas las viejas comunidades O´odham
del desierto de Altar, estaban a pie de río y/o muy próximas
a nacederos o veneros de agua: las Norias
se encuentra a los orillas de un río, en Quitovac hay una
laguna, en Sonoyta corría un río del mismo nombre, en
el Pozo Verde había un pozo de agua.
Ejemplo de esto eran las Calenturas que tenían un manantial y
en la temporada de lluvias en verano corría un río y el
Pozo Prieto que poseía una tinaja natural de agua. Esto era
parte de un complejo sistema de uso racional y explotación de
los recursos naturales por parte de los O´odham. Así, la
ubicación del asentamiento no sólo estaba en función
del abastecimiento de agua para uso humano, sino que también
dirigía el uso del recurso hidráulico a la producción
agrícola a través de sistemas de canales de riego o del
uso, en temporada de aguas, de las lluvias. Doña Alicia,
nacida en 1937 en el asentamiento de las Calenturas y actual
autoridad tradicional, menciona que el modo de vida de los O´odham
de las Calenturas y el Pozo Prieto era una economía mixta,
principalmente de autosubsistencia, basada en diversas actividades
productivas.144 Tres de estas actividades (la agricultura de temporal, la recolección
de frutos y la caza de fauna del desierto) estaban muy vinculadas a
la tradición O´odham prehispánica de habitar y
vivir del desierto (Spicer, 1941; 1962). Las otras dos actividades
productivas, la cría de ganado y la extracción minera,
fueron introducidas después de la conquista por los españoles,
los criollos y los mestizos. Como se observa, la importancia de la
descripción de las prácticas productivas de los O´odham
de las Calenturas y el Pozo Prieto no sólo reside en que les
permitían reproducir sus condiciones sociales de existencia,
sino que también marcan la manera en que estaban vinculados a
la “tierra” y su territorio tradicional. Muestran cuál
era uno de los sentidos culturales que los O´odham le atribuían
a su vida en el desierto de Altar.
En el caso de la agricultura, como práctica
prehispánica y de la tradición ancestral O´odham,
hay que señalar que se trataba de cultivos como maíz,
fríjol, calabaza, además de los frutos y plantas
endémicas del desierto. En cambio, el trigo, a pesar del papel
destacado que juega en la vida y alimentación O´odham
reciente, fue introducido con la llegada de los españoles y el
proceso de conquista. En un principio y para la década de 1930
la mayoría de los O´odham vivían principalmente
en las Calenturas, que se caracterizaba por ser un asentamiento
agrícola. La siembra era de temporal y el grueso de la
producción agrícola se orientaba al autoconsumo,
mientras que los excedentes se destinaban a la venta o al intercambio
por otros productos:
“Se cosechaba mucho, maíz, fríjol,
maíz pollero y se lo llevaban. Cambiaban
[la gente de las Calenturas] sus mercancías por harina en un
comercio de Caborca, se llevaban manteca, azúcar, lo que se
vendía era el maíz pollero y el fríjol. Era en
un negocio del centro, por donde [ahora] está el Coppel.”145
Por su parte doña Juanita comenta:
“Parte de la cosecha se la llevaban a
Caborca para venderla, hacían trojes grandes de ocotillo como
del tamaño del cuarto.”146
El ciclo agrícola iniciaba poco después
de la primavera, con las primeras lluvias, a decir de doña
Alicia
“Se sembraba en verano, en la temporada de
aguas, de mediados de junio, julio, agosto.
Se sembraba con las primeras dos llovidas. Se sembraba maíz,
fríjol, maíz pollero, calabazas. Después, ya por
septiembre, octubre ya había maíz y la calabaza; en
noviembre y diciembre la calabaza.”147
La siembra empezaba después del 24 de
junio, fecha de la ceremonia del venado Buro y evento que se
celebraba en Álamo para traer la
lluvia.148 Doña Juanita añade que era con las “aguas
broncas,” que iban de finales de junio hasta agosto, con las
que se sembraba y, por su parte, don Matías, tío de
doña Alicia y uno de los O´odham de mayor edad, señala
que la siembra iniciaba pasado junio.149 Según recuerdan doña Alicia y su tío don Matías,
antes las lluvias eran mucho más frecuentes. Los principales
cultivos eran el maíz, el fríjol, el trigo, diversas
frutas como melón, sandía, limón, calabaza,
además del garbanzo, lenteja, chícharo. Entre
septiembre y octubre iniciaba la cosecha del maíz y la
calabaza, y para noviembre, comenta doña Alicia, era el turno
del garbanzo, la lenteja, el chícharo y el trigo.150
Las tierras de las Calenturas
eran unas planicies que formaban un bajío, lo cual permitía
que se hiciera uso del arado y que la siembra se hiciera con yunta de
mulas. Pero, además, debido a las superficies planas, tanto
doña Juanita como doña Alicia, recuerdan que los
hombres de diversas familias de la comunidad, elaboraron “acequias”
o canales de irrigación y una pequeña represa para el
riego de las parcelas y el consumo de agua de los animales. Esto era
parte de la tradición ancestral O´odham del conocimiento
del desierto y del uso de sus recursos. De hecho la mayoría de
las comunidades O´odham se encuentran en vados, lindes de ríos
o muy cerca de nacederos de agua y casi todas contaban con sistemas
mecánicos de riego. Para la elaboración de estas
tecnologías agrícolas se valían del trabajo
comunitario de los hombres, como señalan doña Juanita y
doña Alicia:
“[En las Calenturas había] un represo
que se llenaba, que lo hicieron ellos mismos [los hombres de las
Calenturas] entre todos. A mí me gustaba porque todos eran muy
unidos, todos se ayudaban a trabajar.”151
Otro ejemplo de esto fue el pozo que había
en las Calenturas y que hicieron las familias Choihua y López
para dar agua al ganado. Don Matías, tío de doña
Alicia precisa que, además, para el cultivo de la tierra
trabajaban comunitariamente los hombres adultos durante todo el ciclo
de la siembra.152 El carácter colectivo de este tipo de faenas redituaba en
beneficio para la comunidad y queda de manifiesto en el siguiente
testimonio de doña Alicia:
“todos trabajaban juntos, ellos trabajan
pues juntos ¿no? se ayudaban todos, ¿no? allí no
había pago, no había, era para todos ¿no?
el agua era para todos ¿no?”153
Ahora bien, a semejanza
de otras prácticas productivas como la ganadería o la
elaboración de ollas, en el cultivo de la tierra había
una división de labores por género y edad, siendo los
hombres quienes realizaban la mayoría de las actividades
vinculadas al campo y los cultivos.154
No obstante, doña Alicia recuerda que, en
el caso del trigo, mientras los hombres barbechaban la tierra y
abrían los surcos con la yunta de mulas, las mujeres
depositaban la semilla. Mas, como señala doña Alicia y
se verá más adelante, las mujeres también tenían
actividades privativas de su género, como la elaboración
de los alimentos y la producción de cerámica no
ornamental, principalmente de ollas;155 aunque también recuerda que se hacían otros utensilios
de cocina a partir del barro y durante la época de verano.156 A semejanza de lo que ocurre con otros grupos étnicos del país
(como los Tojolabales de las Margaritas, Chiapas), en el caso de las
comunidades O´odham y de las Calenturas en particular, resalta
que algunas partes del ciclo ceremonial (como la fiesta del venado
buro), además de ciertas prácticas religiosas (como la
presencia del busto de san Isidro en la parcela) estaban muy
vinculadas al ciclo agrícola y dentro de los cultivos destacan
con principal fuerza el maíz y el fríjol. La ceremonia
del venado buro se relacionaba con la petición de lluvias y el
busto del san Isidro era para agradecer la cosecha.
Otro rasgo que permitió hasta cerca de la
mitad del siglo XX a los O´odham su modo vida basado en la
agricultura de diversos cultivos y el uso del territorio que hacían
a través de las práctica de movilidad estacional (tanto
con motivos productivos como ceremoniales y culturales) era el hecho
de que en aquel tiempo había muy pocos actores sociales
viviendo en el desierto. Las tierras no estaban ni dividas en
propiedades, ni delimitadas por cercos, a decir de don Matías,
“antes no había
[gente, ni vecinos], estaban muy lejos los ranchos [de los mestizos],
los otros ranchos.”157
Ellos eran prácticamente los únicos
habitantes del área. De hecho hasta aproximadamente poco antes
de 1950, sólo estaban ellos en la región, no había
ni ejidos, según doña Alicia:
“en aquel tiempo que te digo, cuando yo
estaba chica, vamos a decir unos de unos 5 a 12 años
[1942-1949], en ese tiempo todavía no había gente
[vecinos, rancheros, propietarios mestizos], no había
agricultura de colonia, de campos de agricultura que hay ahora, que
están todos ahí [en el área del Pozo Prieto y
las Calenturas].”158
Los O´odham tenían grandes
extensiones de terreno que les pertenecían desde mucho antes
de la Conquista y que no coincidirían con los límites
jurídicos y de propiedad que posteriormente impondría
el Estado y la Secretaria de la Reforma Agraria (SRA). Como señala
el visitador agrario de la Procuraduría
Agraria de Caborca, fue hasta 1949 que se
creó el distrito de Colonización de Altar y que
iniciaron las políticas estatales de reparto agrario y
colonización del desierto promovidas por la SRA.159
La segunda de las actividades productivas,
práctica social introducida después de la Conquista por
los españoles y los criollos, fue la ganadería
extensiva. De hecho, fueron los jesuitas quienes incorporaron la
ganadería a varios grupos étnicos del noroeste de
México a finales del siglo XVII y principios del XVIII (Ortiz
,1995. pp.
243, 247). A decir de doña Alicia,
los O´odham de esta comunidad tenían cabezas de ganado
–vacuno- y caballos, además de las mulas para las yuntas
y, al igual que la cacería, era una labor exclusivamente que
realizaban los hombres.160 Don Matías comenta que, cuando era la época de lluvias
e iniciaba el ciclo agrícola, traían las cabezas de
ganado a las Calenturas.161 Después que pasaba la cosecha se iban al Pozo Prieto, donde
estaba el pozo de agua y no tenían problemas de abastecimiento
del recurso hidráulico para el consumo de los animales. Así,
mientras en el verano estaban en las Calenturas, pasadas las lluvias
(las aguas broncas como dice doña Juanita), en el otoño
e invierno, se turnaban e iban al Pozo Prieto a cuidar el ganado y
sacar agua para los animales. Doña Alicia reitera:
“las Calenturas era la agricultura y el Pozo
Prieto la ganadería.”162
“[Los que se iban al Pozo Prieto en
carretas] llevaban zacate y pacas de trigo [para su uso y el de los
animales], iban y venían, en el Pozo [Prieto] se quedaban
algunos hombres encargados de cuidar el ganado y sacar el agua [para
los animales].”163
A pesar de que las labores de la ganadería
las realizaban sólo los hombres, sus hijos y esposas los
acompañaban.
Junto a la ganadería, la minería
fue otra de las actividades que vendría a trastocar la
tradición O´odham prehispánica (Ortiz,
1995, p.
243). En el caso del suroeste del
territorio O´odham, en las Calenturas y el Pozo Prieto la
minería fue una las principales actividades productivas en la
primera mitad del siglo XX. En la región la principal forma de
extracción de minerales fue la minería de placeres,
caracterizada por la excavación de depósitos de aluvión
poco compactos como arena, grava o arcilla. Los minerales valiosos se
separaban de los materiales del aluvión mediante un sistema de
cribas y lavaderos y entre los minerales de placer figuraban metales
como el oro. Doña Alicia recuerda que durante su niñez
había dos sitios de extracción mineral importantes a
los que se iban varios de los hombres de las Calenturas en busca de
oro. Eran los placeres de las Palomas y la Antimonia.164 Y en ese mismo sentido,165 don Matías, tío de doña Alicia, confirma que su
tío Toño Choihua trabajó en los placeres. Por su
parte, doña Juanita López comenta que su papa
“se iba a trabajar
a los placeres, por allá al oro. A las Palomas, el trabajaba
allá.”166
Sin embargo, la minería de placeres en la
región como una actividad productiva posteriormente decreció,
pues aproximadamente para las finales de la década 1940 y
principios de 1950, las generaciones
venideras (como doña Alicia y doña Juanita) ya no
mencionan dicha actividad, ni tampoco la veían como una opción
laboral viable.
Por último y para cerrar el ciclo de las
actividades productivas que conformaban el modo
de vida O´odham, estaban la recolección de flora y la
cacería de fauna de especies endémicas del desierto de
Altar. A semejanza de la agricultura de temporal, estas actividades
eran parte de la tradición O´odham prehispánica y
se basaban en un profundo conocimiento del desierto y su ciclo
meteorológico, principalmente de los ciclos de floración
y del uso del medioambiente por parte de los animales. En el caso de
las Calenturas, doña Alicia y doña Juanita señalan
que dentro de la recolección de frutos silvestres el que
ocupaba un lugar especial era la pizca de la pitaya para hacer jalea
y de la flor de sahuaro para elaborar miel. Ambas señalan que
la pitaya se daba dos veces al año en las inmediaciones de las
Calenturas y el Pozo Prieto, la primera poco antes de la temporada de
lluvia y la segunda cuando era tiempo de la cosecha de las calabazas,
doña Juanita precisa, que eran las dos temporadas, en junio y
octubre;167 sin ser esta una actividad exclusiva del género femenino, las
mujeres desempeñaban un papel preponderante.
No obstante, esta actividad no tenía la
relevancia de antaño, doña Alicia recuerda que como
parte de los preparativos para el día de muertos se hacía
un poco de la jalea de piyata en octubre en el cerro Colorado, en
frente de las Calenturas.168 La otra actividad, que al parecer también estaba
exclusivamente reservada sólo a los hombres, era la cacería
de fauna silvestre, que era una fuente de obtención de
proteína importante entre los O´odham. Era una práctica
frecuente y la principal presa era el venado buro,169 que se encontraba en abundancia en las inmediaciones de los
asentamientos de las Calenturas y el Pozo Prieto. Doña Alicia
comenta
“ellos [los hombres] se iban a cazar allá
en enfrente, en aquellos tiempos había mucho animal, yo creo,
porque no estaba lejos.”170
Y si bien comían carne fresca apenas mataban al venado,
fundamentalmente la ponían a deshidratar al sol para
conservarla e ingerirla posteriormente.
Ahora bien, de la estrecha relación de
dependencia que los O´odham tenían con el desierto no
sólo se limitaba a la obtención de satisfactores
alimentarios a través de la extracción de recursos
(recolección de plantas y caza), sino principalmente de la
modificación del medio para producir cultivos (agricultura y
sistemas de riego). De este medio ambiente natural también
obtenían los materiales necesarios tanto para cocinar (los
utensilios de barro y la leña), así como para los
recurso para la elaboración de viviendas y camas. Doña
Alicia:
“Las casas eran de adobe,
con troncos de mezquite [como columnas]. [
] Las vigas [del techo eran] de mezquite y luego varas de sahuaro y
arriba del sahuaro le ponían una tanda de zacate.”171
Generalmente las casas
se componían de dos cuartos (que hacían las veces de
dormitorios) y las cocinas eran cercos de un arbusto llamado ocotillo
y bien techados.
Otra práctica en la que se utilizaba la
tierra y el barro era la elaboración de cerámica
utilitaria, principalmente destinada a la producción
utensilios para la cocina, desde ollas y cómales hasta platos,
tazas y cajetes. La producción de cerámica utilitaria
estaba destinada principalmente para el propio uso. Doña
Alicia recuerda que, en la generación de sus antepasados (sus
padres y abuelos), los conocimientos y usos de la cerámica
estaban ampliamente socializados entre las mujeres y en menor medida
se encontraba la cestería (coritas). En este sentido doña
Alicia comenta:
“porque todas [las
mujeres] sabían hacer ollas, [y] la que no sabía hacer
ollas, sabía hacer tejido [cestas].”172
De hecho, las mujeres
tenían un lugar específico para la elaboración
de este tipo cultura material.173 Sin embargo, también fue frecuente que estos saberes no se
transmitieron a las siguientes generaciones. Casi nadie de las
mujeres de la generación de doña Alicia sabe hacer
cerámica.174
Del desierto provenía todo, desde el maíz
producto de la siembra hasta el adobe y el ocotillo para la vivienda,
desde la carne del vendado buro hasta la arcilla y el barro de las
ollas y los cómales. Como puede observarse en los testimonios,
casi la mayoría de los objetos de cultura material que los
O´odham necesitaban para reproducir su vida familiar y
comunitaria provenían de su entorno natural y los obtenía
de la metódica y balanceada modificación de su medio
ambiente. Esta amplia gama de utensilios iba desde el mezquite y el
sahuaro para los horcones, vigas y camas, hasta la piel del venado o
la cerámica utilitaria de la que resultaban las ollas, los
cómales y los trastes de la cocina, esto sin olvidar la
cestería. Esto lo conseguían a través de las
prácticas de movilidad cíclica que estaban en función
de las estaciones del año y que los hacían desplazarse
periódicamente, no sólo entre el asentamiento agrícola
de las Calenturas y el ganadero del Pozo Prieto, sino también
en las prácticas de recolección frutos y plantas y en
la cacería del venado buro. Es necesario recalcar que el agua,
como recurso natural clave, tuvo un valor fundamental en estos
desplazamientos y que, en buena medida, estas prácticas de
movilidad estuvieron ligadas a la abundancia o escasez de dicho
recurso.
Dentro del orden de la vida cotidiana había
también actividades que articulaban el hacer comunitario y
reforzaban la imagen grupal de la comunidad. Así, otra de las
prácticas culturales relevante de los miembros de las
Calenturas y el Pozo Prieto era que nombraban de manera cotidiana al
entorno social y natural, a ellos mismos y los otros grupos sociales
con la lengua O´odham. Era el lenguaje con el que convivían,
se relacionaban entre sí y se vinculaban con el mundo.175 No obstante, el español era la lengua franca con la que se
comunicaban con los sectores mestizo-mexicanos cuando salían
de la comunidad y estaban en sitios de encuentro, como Caborca y
Magdalena de Kino. De hecho, el uso del O´odham como lengua
cotidiana marca una diferencia significativa respecto a otros
asentamientos como Sonoyta y Quitovac, donde el español, y no
el O´odham, era la lengua predominante ya desde finales de la
primera mitad del siglo XX.
Y dentro de este orden
de cosas y de no menor importancia, estaba la práctica de los
matrimonio endogámicos dentro de la misma etnia pero,
preferentemente, con gente de otras comunidades O´odham. Esta
no fue una práctica privativa de esta comunidad en el sur del
territorio tradicional, sino una forma generalizada de perpetuar al
grupo a lo largo de la tierra O´odham tanto en México
como en EU. Underhill en su trabajo sobre la organización
social de los O´odham (Underhill,
1939), describe como estaba organizado este
sistema en cuatro clanes y funcionaba a través de las líneas
paternas de parentesco, donde el matrimonio se daba con miembros del
mismo grupo étnico, pero con personas de otras comunidades.
Sin embargo, Underhill también señala que, para
mediados de la primera mitad del siglo XX, el sistema de clanes
estaba cayendo en desuso y muchos O´odham no recordaban cual
era su linaje de origen dentro del clan al que pertenecían. La
situación cambió y la norma de los matrimonios era
solamente no casarse con miembros de la misma familia (Underhill,
1939, p. 31). En el caso de México
es interesante que en la realización de este trabajo no se
encontró ninguna alusión directa a los clanes que
menciona Underhill.
Particularmente en las Calenturas es posible
rastrear la ascendencia O´odham, en especial de la generación
de doña Alicia y doña Juanita, a través de la
cartografía del parentesco que delineaba el tejido social de
ese asentamiento. Doña Alicia comenta que había varias
núcleos familiares en la comunidad: 1) Iziquio Tiznado García
con su esposa Angelita y sus cinco hijos, quien al parecer procedía
del norte del territorio O´odham, cerca de san Francisquito,
pero del “otro lado” de la línea fronteriza, muy
probablemente originario del Ajo, en el suroeste Arizona y quien,
además, fue gobernador tradicional de las Calenturas. 2) Luego
estaba la familia de los padres de doña Juanita, el matrimonio
de Eloisa Juárez Ortiz y Santo López Serrano y sus
cuatro hijos. 3) Después venía Ruperto Méndez
quien, al parecer nunca se casó, aunque si tuvo descendencia.
4) Y, finalmente, las distintas ramas de la familia extensa de los
Choihua. Por un lado, Prospero Choihua y su familia, quien era abuelo
materno de doña Alicia y por lo menos tuvo dos hijas (Cristina
y Emilia, quien era madre de doña Alicia); después
venía Laureano con su esposa y tres hijos (Matías,
Pedro y Elvira), y por último las familias de Juan y Antonio,
quien tuvo tres hijos: Antonio, María y Tila. Estos dos
últimos hermanos Choihua no vivían en las Calenturas,
sino en las Maravillas y en el Pozo Grande respectivamente y
posteriormente emigraron al norte (EU).
No obstante, Juan y
Antonio Choihua tenían un estrecho contacto con los miembros
de las Calenturas, especialmente con sus familiares. La generación
de doña Alicia y doña Juanita es la de los hijos de los
matrimonios mencionados. De estas familias todas eran o tenían
ascendencia O´odham (completa o parcialmente); salvo el caso de
Santos López Serrano, padre de doña Juanita, quien era
un mestizo mexicano. Además, el matrimonio endogámico
entre los O´odham de las Calenturas y de otras comunidades fue
un mecanismo para conservar y mantener a las comunidades, no sólo
en términos de ciertas características
biológico-fisiológicas, sino también y
principalmente de transmisión y reproducción de las
prácticas culturales de la tradición O´odham. Y
en este sentido destaca que en las comunidades había una red
parental muy extendida, pero, a su vez, era posible establecer la
pertenencia a localidad O´odham por la genealogía
familiar de la que se descendía. Así, por ejemplo,
mientras en las Calenturas estaban las familias Choihua y los López
Juárez, en Sonoyta estaban las familias León y la
Lizárraga Neblina. No obstante, esto no implicaba que la
familia extendida estuviera únicamente en una sola comunidad.
Por el contrario, la mayoría tenía familiares en otras
comunidades del territorio tradicional O´odham, tanto en Sonora
como en Arizona. Para los O´odham de la generación de
doña Alicia y doña Juanita la relación con la
comunidad, como espacio geográfico, no sólo se daba en
relación a las actividades productivas y culturales
ceremoniales que les permitían reproducir su modo de vida. La
comunidad también era el espacio en que habían vivido y
en el que se encarnaba la historia de sus antepasados directos y
remotos. Así, la red genealógica de las familias los
unía tanto a nivel regional con la red de comunidades del
grupo étnico donde tenían parientes, como con la
localidad específica de origen.
Otra condición regional que daba un
carácter especial a la comunidad de las Calenturas era que,
por su situación geográfica, tenía un menor
contacto con otros asentamientos O´odham, así como con
poblados mestizos y rancheros. De hecho, hasta antes del proceso de
reparto agrario del desierto con la creación del distrito de
Colonización (1949), el uso y límite de las tierras
O´odham era distinto. No había cercos que delimitaban la
propiedad O´odham y casi no había rancheros mestizos a
los alrededores. Para esas fechas el único propietario mestizo
cercano era Canuto Garibay. Y si bien la tierra O´odham
presentaba varios problemas a nivel de los títulos de
propiedad a causa de la falta de garantías y de reconocimiento
por parte del Estado mexicano, de facto y por la vía del uso,
las parcelas y territorios les pertenecía al grupo étnico.
Cabe señalar que los problemas agrarios, principalmente en lo
concerniente a la propiedad, fue una constante generalizada en todos
los asentamientos y el territorio O´odham.
Dentro de las prácticas socioculturales que
delineaban la vida social de la comunidad no menos importantes que
las fiestas, la lengua y el parentesco eran el trabajo colectivo y
las instancias de decisiones comunitarias que implicaban la figura
del gobernador tradicional y al grupo de los hombres mayores, como
una suerte de consejo comunitario de ancianos. Como se mencionó
en la parte de las actividades productivas, el trabajo en común
estaba principalmente dedicado a las labores de la tierra y a la
creación de tecnología de riego mecánica que
suponía la construcción de canales (acequias), pozos de
agua, diques y represas, de los cuales dependía la
agricultura, eje de su modo de vida;176 estas faenas incorporaban preferentemente a los hombres adultos. En
este rubro, pero en otro orden de actividad e incorporando la
participación de las mujeres, estaban también las
labores relacionadas a las ceremonias y fiestas, principalmente la
referente al venado Buro. Esto suponía actividades tan
diversas como la organización y planeación de la fiesta
(responsabilidad que recaía en el gobernador tradicional y los
hombres mayores), preparar la ramada y el lugar, perseguir y cazar el
venado, cocinar y elaborar la bebida, interpretar la música,
guiar la danza y repartir la comida, labores que eran asumidas por
los adultos.177
Pero además, lo anterior suponía,
como etapa previa, el ejercicio de una figura de autoridad (el
gobernador tradicional) y de una instancia de decisión
colegida colectiva comunitaria, que eran los hombres mayores junto
con el gobernador tradicional. Juntos, el gobernador y los mayores,
resolvían asuntos de diversa índole concernientes a los
intereses comunitarios, desde las ceremonias y festividades hasta
cuestiones agrarias y de uso de recursos naturales pasando por el
trabajo comunitario. Estas instancias de deliberación
comunitaria fueron una estrategia regional para la organización
de la vida social de los asentamientos. Como puede observarse la
comunidad, como la representación del asentamiento físico,
estaba lejos de ser sólo una de las manifestaciones locales
del territorio O´odham y un mero espacio geográfico en
un entorno natural desértico. La comunidad también
aludía a un conjunto de prácticas sociales de diversa
índole que se articulaban en la vida socialmente compartida.
Entre otros diversos referentes el “ser O´odham” se
basaba: a) en las redes de parentesco sanguíneo y social; b)
en la organización social comunitaria, cuya expresión
más importante era la figura de la autoridad y las juntas de
mayores; c) en las actividades comunitarias de carácter
productivo cotidiano como el trabajo colectivo de la tierra y los
animales; d) y también en prácticas de carácter
cultural como lo eran las ceremonias tradicionales de la danza del
venado Buro, legado ancestral y prehispánico de sus
antepasados y las festividades religiosas, como la fiesta de san
Francisco el 4 de octubre, herencia de la tradición católica
colonial.
Por otro lado, dentro del proceso social de
consolidación del imaginario del “nosotros” como
comunidad entre los O´odham de las Calenturas y el Pozo Prieto
el papel de la relación y los usos con el territorio tenía
una relevancia muy destacada. El vinculo no sólo se daba a
través de las prácticas de movilidad productiva
estacional entre el asentamiento agrícola del verano y la
localidad ganadera del invierno, sino también a través
de eventos culturales generalmente de carácter religioso que
fungían como espacios de encuentro regional y de las visitas y
encuentros familiares, donde la historia social de las comunidades se
transmitía entre generaciones (de abuelos y padres a hijos).
Historia que a su vez estaba anclada en la cartografía de las
redes sociales del parentesco sanguíneo y comunitario. En este
sentido es pertinente destacar como el apellido de ciertas familias
tejía vínculos a través de diversos lugares del
territorio O´odham.
La construcción del imaginario de sí
mismos como comunidad O´odham a través de la
reproducción social de su vida y de la articulación de
diversos referentes simbólicos se basó en dos grandes
ejes. Por una parte, en su vínculo con el pasado y la
presencia de los antepasados en el presente, lo cual nos remite a un
ramal de tres grandes divisiones: (a)
ascendencia social y familiar, el hecho y
la conciencia del parentesco extendido y de una larga y remota
genealogía de sangre O´odham anclada en el territorio
tradicional en el desierto de Altar; (b) la
comunidad de origen, el asentamiento de
procedencia en el desierto, tanto en el sentido de un espacio social
y geográfico, como de un grupo social dentro del cual se
creció y nos remite a ver con cuáles
y qué tipo de relaciones se tenía con otras comunidades
y al uso del territorio tradicional a través de las diversas
practicas de movilidad (las productivas, las religiosas y las
familiares); (c) y, por último, la memoria social (historia
comunitaria), el recuerdo y registro de
aquellos hechos significativos que moldearon la historia de la
comunidad y que les tocó vivir directamente o que les fueron
transmitidos oralmente por sus antepasados.
El otro gran eje del imaginario de sí
mismos como comunidad y grupo es el vínculo que tenían
con el presente y la reproducción social de la comunidad de
finales de las década de 1930 a mediados de 1940, cuando doña
Alicia y doña Juanita fueron niñas y adolescentes. A su
vez, este gran eje se divide en tres ejes: (a) en ciertas prácticas
culturales de orden colectivo como las fiestas y ceremonias, que
eran espacios de encuentro comunitario y reconocimiento regional; (b)
además estaban las actividades de la vida comunitaria y la
organización social, que iban desde la formación de los
núcleos familiares con ascendencia O´odham por ambos
padres hasta las formas de organización social comunitaria,
como la figura de la autoridad tradicional, las juntas de mayores y
el trabajo colectivo; (c) y, por último, estaban las
relaciones con las alteridades circundantes (otras comunidades,
mestizos, rancheros, colonos), y si bien había contactos
regionales con estos grupos sociales en ciertos eventos, como la
fiesta de san Francisquito o cuando iban a Caborca a vender y
adquirir ciertos productos, tampoco eran muy frecuentes.
En esta genealogía de la imagen de la comunidad que tenía
los O´odham de las Calenturas y el Pozo Prieto, la “tradición”
jugo un papel clave en dos direcciones. La multiplicidad de su
sentido les permitía tanto proyectarse hacía la
historia de los ancestros como encarnarse en la vida cotidiana; como
bien señala Gadamer, “la
tradición es esencialmente conservación, y como tal
nunca deja de estar presente en los cambios históricos
(Gadamer, 2001, p. 349);” pero
también actúa en el presente a través de la vida
cotidiana e impacta el ser y hacer de los sujetos sociales (Gadamer,
2001, p. 349). Por un lado, la tradición
aludía a las prácticas culturales, creencias, historia
y saberes de sus antepasados, pero también y a la vez, remitía
al cotidiano de su existencia social, el cual se basaba en el vínculo
con el desierto como un medio ambiente natural culturalmente
significado y a su relación entre si mismos en tanto miembros
de la comunidad.
3.4 LA VIDA EN
COMUNIDAD: SONOYTA.
En la actualidad buena parte de las tierras del
asentamiento O´odham de Sonoyta están
abandonadas y una parte ha sido incorporada al casco urbano de la
ciudad de Sonoyta. Esta urbe fronteriza está ubicada al
noroeste de Sonora, justo sobre la línea internacional que
divide México de EU y hace frontera con la pequeña
población norteamericana de Lukeville, Arizona. Localizada en
el municipio fronterizo de Plutarco Elías Calles esta
localidad tomó su nombre del antiguo asentamiento O´odham
llamado Sonoyta o “Sonoidag”. Cuenta con una población
de poco más de doce mil habitantes y las principales
actividades económicas del municipio son el comercio, la
agricultura, la ganadería y la prestación de servicios.
Según el CONAPO, Sonoyta se ubica en el lugar 217 de menor
marginación entre los 2,443 municipios del país. En la
actualidad, algunos de los pobladores con mayor edad del asentamiento
O´odham viven en la ciudad Sonoyta, otros, en cambio migraron,
a Puerto Peñasco, Sonora y otros más al suroeste de
Arizona, a las reservaciones O´odham de Sells y san Lucy de
Estados Unidos.
No obstante, a inicios del siglo pasado, la
situación, de los O´odham y los mestizos, era muy
diferente. Este asentamiento tenía dos características
que le daban un carácter peculiar y modificaban las prácticas
sociales tradicionales del grupo étnico. Por una parte, el
poblado estaba a pie de un río con abundante caudal, por lo
menos durante la mayor parte del año. Y, por otro lado, la
comunidad de Sonoyta estaba casi a pie de la garita fronteriza y,
además, a menos de tres kilómetros había un
pueblo mestizo. A semejanza de varias comunidades O´odham, como
las Calenturas, el Bajío, Pozo Verde, por lo menos desde
finales del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX la
comunidad de Sonoyta experimentó varios problemas e
irregularidades con la propiedad legal y el uso de la tierra. Esto se
derivaba de una ambigua política, tanto a nivel federal como
estatal, de parte del estado Mexicano con los pueblos indios en
general y con los O´odham en particular en el caso del noroeste
de Sonora. En los hechos esto se manifestó en prácticas
de exclusión que favorecieron a los rancheros y mestizos en
detrimento de los O´odham.
Para abril de 1922 había 130 habitantes
entre mestizos y O´odham (pápagos), de los cuales 50
eran padres de familia y hombres solteros mayores de 18 años
pertenecientes al grupo étnico.178 Desde 1886 se había delimitado los terrenos tanto para los
O´odham (pápagos) y los mestizos, no obstante, según
este documento, 29 vecinos “blancos” (mestizos) se habían
ido apropiando de 228 hectáreas de superficie de labor,
despojando a los O´odham de su tierra. Debido a esto y
probablemente desde antes de mitad de la década de 1920 un
grupo de habitantes de Sonoyta compuesta por O´odham
(“individuos de la Tribu Pápago”) inicia un
trámite de petición de tierra. Como resultado de lo
anterior la H. Comisión Local Agraria dictaminó en 1926
una dotación de 1,500 hectáreas de terreno para los
miembros del grupo étnico.179 Sin embargo, esto se hizo efectivo hasta abril de 1928, fecha en que
se publicó en el Diario Oficial el oficio de dotación
de tierras firmado por el presidente Plutarco Elías Calles.
Cabe precisar que las tierras de las que se habían apropiado
los mestizos (“blancos”) no fueron restituidas. Esto fue
reflejo de una tensa y desigual relación entre los O´odham
y ciertas instituciones del Estado (como la SRA) y los rancheros,
pues el Estado jamás reconoció de facto la propiedad de
las tierras que los O´odham usaban desde hacía siglos,
en cambio, las consideraban propiedad de la nación.
A decir de algunos de los O´odham
originarios del lugar, Sonoyta quiere decir nacimiento
de agua o fuente de agua.180 Doña Herlinda, miembro del grupo étnico y originaria de
la comunidad de Sonoyta comenta que los O´odham:
“le pusieron Sonoyta aquí porque
quiere decir “ojo de agua” en pápago [O´odham],
por los tres veneros que había allí, es Xonoidag.”181
Por su parte, Lumholtz rastreando la raíz
lingüística y los antecedentes del sitio en fuentes
históricas, comenta que hay registros de presencia del grupo
étnico desde finales del siglo XVII y que el nombre del lugar
en O´odham es “Kavortkson,”
que significa al pie de la colina (Lumholtz, 1990, p. 393). A inicios
del siglo XX la mayoría de los O´odham, entre ellos los
abuelos de doña Herlinda Lizárraga, vivían
juntos en la “congregación pápago” en las
inmediaciones del pueblo de Sonoyta, doña Herlinda Lizárraga
precisa la ubicación del asentamiento al comentar que:
“la reserva [O´odham] pápaga
estaba allá donde está el monumento del padre Kino
[en la actual ciudad de Sonoyta], allí estaba la reserva
pápaga.”182
Había también dos ranchos muy
cercanos en los que las cabezas de familia eran O´odham, por un
lado, santa Rita, donde estaba la familia de doña Lilia León,
cuyo padre fue gobernador tradicional. Po
otra parte, justo enfrente de santa Rita se encontraba el Javán,
donde vivía la familia de doña Paulina Romo. A
diferencia de las comunidades y asentamientos de los grupos étnicos
del centro y sur de México, aquí no había una
inmediata proximidad física, las casas y los ranchos estaban
un poco distantes entre sí.
Debido a las condiciones geográficas e
hidrográficas, los O´odham de Sonoyta tenían un
modo de vida parcialmente diferente al de otras comunidades del grupo
étnico, como las Calenturas y el Pozo Prieto. A causa de tener
una fuente casi permanente de agua, pues tanto la congregación
pápago como santa Rita y el Javán se encontraban a los
pies del cauce del río Sonoyta, la principal actividad era la
agricultura; ocupando la ganadería, la recolección de
frutos y la caza un sitio secundario. A decir de doña
Herlinda, nacida en 1940 en la congregación pápago,
había dos tipos de agricultura, la que dependía de las
lluvias y la que se basaba en el riego, así una:
“[una siembra] era de temporal [en verano,
en junio y julio] y [la otra siembra] era de agua [de río, con
acequias y represas], sembraban dos veces al año.”183
La producción agrícola se dirigía
tanto al autoconsumo como al intercambio,
como señala doña Paulina, pues parte de la cosecha
vendían y parte era para ellos.184 La agricultura de temporal iniciaba con la temporada de lluvias en
julio y agosto y la cosecha se recogía a inicios de otoño.
A decir de doña Herlinda:
“[los principales cultivos eran] frijol,
sandía, melón, maíz, eso sembraba en temporal mi
tío.”185
Por otra parte, y quizás más
importante que lo anterior, era la siembra de riego, pues tanto doña
Paulina como doña Lily señalan que era la principal
forma de producción agrícola. No obstante, para la
realización de esta actividad era necesaria tecnología
agrícola de riego como fue la elaboración de canales
(acequias) y de pequeños diques de contención, doña
Paulina comenta:
“[Los O´odham de Sonoyta, sobre todo
los hombres] hacíamos un pozo en el río. Adentro del
río hacíamos unos pozos y de ahí sacábamos
agua [para el consumo y para regar las parcelas].”186
A semejanza de lo ocurrido en las Calenturas y el
Pozo Prieto, para la elaboración de las acequias y el
mantenimiento de las mismas, en la
congregación pápago de Sonoyta se recurría al
trabajo comunitario entre miembros del grupo étnico, don
Armando comenta:
“entonces se juntaba toda la gente, toda la
indiada, uno que otro mexicano iban y hacían un bordo en el
río. Y de allí subían el agua pal canal, se
agarraba por de aquel lado del río y por de este lado. [].
Nosotros [los O´odham] limpiábamos el canal, pero todos
en su parte, cada quien su partecita.”187
El ciclo agrícola de riego, a decir de doña
Lily y doña Herlinda, iniciaba en marzo y los cultivos eran
trigo, maíz, fríjol, melón, sandía,
calabaza, además de hortalizas como cebollas, ajos, chícharos
y chile verde, de manera que para junio ya estaba la cosecha del
trigo. Además de los cultivos perecederos que se sembraban
cada año (como el maíz, el fríjol y el trigo),
los O´odham de Sonoyta tenía varias parcelas con
cultivos frutales cíclicos que iban desde la granada a la uva,
pasando por el higo y que a su vez también eran regados por el
sistema de canales de riego.188 A si mismo, parte de la cosecha de los frutos se dedicaba a la venta.
Respecto al ciclo agrícola resalta que, a semejanza de lo
ocurrido en las Calenturas, varios de los cultivos como el maíz,
el fríjol y el chile pertenecían a la vieja tradición
O´odham prehispánica, mientras otros, como el trigo,
ciertas hortalizas y algunos frutales, como la uva, llegaron después
de la Conquista con los españoles, los criollos y los
mestizos.
Otra de las actividades productivas, pero con un
carácter claramente marginal respecto a la agricultura, fue la
ganadería, principalmente vacuna y caballar, y la cría
de animales domésticos para el autoconsumo, especialmente
gallinas y cerdos. Más que cría de ganado vacuno para
la venta, esta actividad estaba orientada principalmente a la
elaboración algunos productos lácteos como leche y
queso;189 ocasionalmente, el ganado también era para al autoconsumo de
carne. Y si bien el cuidado y manejo de estos animales era labor de
los hombres, ordeñar a las vacas y la elaboración de
productos a base de la leche era tarea de las mujeres.
La recolección de flora y la caza de fauna,
legado tradicional del modo de vida O´odham prehispánico,
eran aún actividades más esporádicas y
marginales,190 lo que marcaba otra diferencia respecto a las Calenturas y el Pozo
Prieto. Entre hombres y mujeres recogían un poco de pitaya
para autoconsumo y mientras doña Lily León comenta que
se la comían sin prepararla, doña Paulina señala
que la cocinaban y la hacían mermelada.191 Además juntaban pechita, sopichi con el que hacían agua
y choles. Respecto al aprovechamiento de fauna del desierto, las
principales especies que se cazaban eran la tortuga silvestre y el
venado buro.192 Sobre la extracción de recursos minerales, parece que la
minería de placeres, a diferencia de las Calenturas y el Pozo
Prieto, no era una ocupación de los O´odham de Sonoyta o
por lo menos no de los padres y antepasados de los entrevistados.
Aunque destaca que varias personas del pueblo mestizo contiguo y
probablemente algunos hombres de la congregación O´odham
si trabajaron en la minas del Ajo, Arizona, que se encontraban
relativamente cerca. Además, con los O´odham de Sonoyta
es significativo que no se presentó el patrón de
movilidad geográfica entre un asentamiento agrícola en
la primavera-verano y otro ganadero en el otoño invierno. Por
el contrario, la totalidad del año permanecían en el
mismo sitio concentrados principalmente en las labores agrícolas.
Ahora bien, en menor medida que las Calenturas y
el Pozo Prieto, en Sonoyta también el desierto los proveía
de buena parte de los satisfactores materiales necesarios para la
reproducción su vida social. Estos satisfactores iban desde
las cosechas hasta los materiales para la elaboración de
utensilios y de las viviendas. A semejanza de lo ocurrido en el
extremo sur, doña Lily comenta:
“[las casas las hacían los mismos
O´odham y] “era[n] de adobe, de tres cuartos, de adobe, y
la cocinita era de lamina.”193
El número de cuartos variaba, lo que si era
una constante es que los cuartos se usaban
como dormitorio, mientras la cocina era una ramada parcialmente
cercada de ocotillo pegada a los cuartos. Los horcones y las vigas
eran de mezquite, después venían las varas de sahuaro y
posteriormente se techaba con grama [zacate] y tierra. En el caso de
los utensilios era diferente, pues doña Lily León
comenta que eran más frecuentes los trastes de peltre, aunque
también había utensilios de barro (ollas, cómales);
por su parte, doña Paulina recuerda que no usaban utensilios
de barro, eran trastes, trastes normales (de peltre).194 Así, parece que había poca cerámica utilitaria y
la cestería era muy escasa. Dentro de los cuartos había
camas de hierro y afuera, para los tiempos de calor, había
tapestes hechos de palos de sahuaro, que consistían en cuatro
horcones de mezquite y sobre estos una cama de varas de sahuro.
A semejanza de lo ocurrido en los asentamientos
de las Calenturas y el Pozo Prieto, en Sonoyta había
actividades de diversa índole, pero todas de carácter
comunitario, que proporcionaba los referentes para articular la
imagen de la comunidad y el grupo, el “nosotros comunitario.”
Estas prácticas socioculturales abarcaban (1) las ceremonias y
las festividades, (2) el ejercicio de la lengua O´odham, (3) el
matrimonio endogámico y las redes de parentesco sanguíneo
y social, (4) el trabajo comunitario en los diversos órdenes
de la vida social (mecanismos de riego, la organización de las
fiestas) y (4) las formas de organización social.
La siguiente de las prácticas culturales de
carácter comunitario que reforzaba la imagen de la comunidad
era el ejercicio de la lengua tradicional de los ancestros. Si bien
es cierto que el O´odham era una lengua en uso en la comunidad
de Sonoyta a inicios de la década de 1930, no obstante no fue
la lengua de las siguientes generaciones. El testimonio de doña
Paulina sugiere que en la comunidad de
Sonoyta (“la congregación pápago”) la
lengua que se hablaba era el O´odham.195 Además recuerda que su madre, a quien le venía la
ascendencia O´odham por el lado materno, también hablaba
O´odham. Por su parte, doña Lily León recuerda
que cuando era muy pequeña y estaba aprendiendo el O´odham,
su padre, que era quien hablaba en la lengua del grupo, murió.196 A diferencia de lo acontecido en las Calenturas y el Pozo Prieto
donde el O´odham era la lengua con que se relacionaban entre sí
y nombraban el mundo tanto adultos como la mayoría de los
niños, en Sonoyta la situación era diferente. Ahí
casi nadie de los descendientes O´odham y de las generaciones
nacidas entre las décadas de 1930 y 1940 (y que aún
viven en Sonoyta) aprendió la lengua. Respecto a este punto de
la práctica social del uso diferenciado de la lengua en
función de la generación, es ilustrativo que doña
Herlinda comenta que sus abuelos del lado O´odham y alguna
parte de la generación de sus progenitores se comunicaban
entre sí en O´odham. Pero cuando estaban presentes
algunos miembros más jóvenes o que no hablaban el
O´odham, estos adultos se comunicaban en español.197 En el testimonio, sin precisar bien cuáles, queda claro que se
alteraron los mecanismos de transmisión de ciertas prácticas
culturales como la lengua. En una situación similar don Cheto,
por su parte, rememora que cuando era un niño pequeño
los adultos, que posteriormente migrarían a las zonas O´odham
del suroeste de Arizona, todavía usaban con frecuencia la
lengua del grupo étnico para comunicarse entre si.198 Es muy probable que en el caso de las generaciones menores como doña
Herlinda, doña Lily y don Armando la relación con las
alteridades mestizas, particularmente el caso de las familias con
distintos contextos culturales, haya jugado un papel clave en la
transformación de esta práctica cultural.
Muy ligada a esto estaba otra práctica
social y cultural de enorme relevancia que servía para
reproducir y perpetuar el grupo étnico a nivel local y
regional: el matrimonio endogámico pero preferentemente con
personas de otras comunidades. Esta práctica social era
bastante antigua y Underhill en su obra The
social organization of the Papago Indian describe,
por lo menos para los O´odham norteamericanos, que estaban
organizados en líneas patrilineales y divididos en cuatro
grandes clanes (Coyote, Buzzard, Uncertain y el Legendary). El
matrimonio, dentro del mismo grupo étnico, era exogámico
y con otras comunidades del grupo étnico. No obstante, para la
fecha en que salió el trabajo a finales de la década de
1930, Underhill reconoció que la conciencia de los clanes
entre los O´odham era cada vez menor, de manera muy frecuente
los miembros del grupo étnico ya no sabían a cual clan
pertenecían (Underhill, 1939, pp. 31-33).
En lo que respecta a los O´odham en México
es significativo que no se hiciera ninguna alusión a los
clanes. En el caso de Sonoyta esta forma de unión exclusiva y
volcada al interior del grupo garantizaba las transmisión no
sólo de la ascendencia O´odham en términos de
genealogías familiares y de la “sangre O´odham”
culturalmente significada, sino también la trasmisión
de las prácticas tradicionales propias de los antepasados. Es
bastante probable que la práctica del matrimonio al interior
del grupo étnico fuera un eje de la vida de la comunidad de
Sonoyta a principios de siglo XX. No obstante, para inicios de la
década de 1930 y de ahí en adelante, esta forma de
unión típica del grupo sufrió un fuerte impacto
y no volvió a recuperar un papel preponderante. Por el
contrario, conforme pasó el tiempo fue una práctica
cada vez menos presente.
Resultado de lo anterior fue que buena parte de
los descendientes O´odham nacidos en esas fechas, entre inicios
de 1930 y de 1940, tenía una ascendencia mixta. Ejemplo de
esto son los casos de doña Lily León, doña
Paulina Romo y los hermanos Lizárraga. (a) El padre de doña
Lily León era José León Parra, nacido en
Quitovaquita, Arizona y fue gobernador tradicional O´odham; su
madre, en cambio, era “mexicana”, se llamaba Victoria
Romo Ortiz y procedía del pueblo de Sonoyta.199 (b) La madre de doña Paulina Romo era Gertrudis Robles, quien
tenía ascendencia O´odham y era oriunda de Sonoyta y su
padre se llamaba José María Romo y al parecer era
yaqui.200 (c) Por último, los hermanos Aniceto y Herlinda Lizárraga
Neblina, cuya madre era Beatriz Neblina originaria de Sonoyta y de
ascendencia O´odham, en cambio su padre nació en
Pitiquito, probablemente tenía ascendencia yaqui y se llamaba
Alberto Lizárraga Coronado.201 El tejido social y la composición de la cartografía
O´odham eran mucho más extensos de lo que en un primer
momento pudieran parecer. Respecto a la familia Lizárraga
Neblina, aparte de Aniceto y doña Herlinda, también
estaban sus hermanos Flaviano, Lino Alberto y Mauricio; además
de la familia de los abuelos maternos que eran originarios del
poblado. Por su parte doña Lily, que de hecho nació en
Barajita Arizona, pero llego muy pequeña al noroeste de
Sonora, tuvo once hermanos, los mayores de los cuales nacieron en el
Ajo, Arizona y después se vinieron a Sonoyta. No obstante,
algunos de los hermanos de doña Lily posteriormente regresaron
a Arizona, EU, al área de la reserva O´odham. A su vez,
doña Paulina recuerda que tuvo siete hermanos y de estos,
posteriormente, varios migrarían al norte (EU).
Junto a esto estaba la zona de mayor concentración
O´odham en Sonoyta, en el área actual del centro del
ejido pápago a los lindes del río Sonoyta, en uno de
cuyos extremos vivían Herlinda y Aniceto Lizárraga y
que en las fuentes agrarias recibía el nombre de congregación
pápago. Según doña Lily había,
aproximadamente, 40 familias y doña Herlinda añade que
eran 36. Entre los apellidos que recuerdan, además de las
familias León, Neblina y Robles, estaban las familias Ortega,
Laborín, Orozco, Salcido, Parra; don Armando Lizárraga
añade que también estaban los Castellanos y los Reina.
Varias de estos núcleos familiares, como los Orozco por
ejemplo, posteriormente y con la transformación de su modo de
vida emigrarían al suroeste de Arizona, a
las zonas O´odham, como Gila Bend, la reservación de
Sells, Psinimo, Quijotoa, san Simón. Como puede observarse
respecto al conocimiento más o menos presente y preciso de los
antepasados sanguíneos (abuelos maternos y paternos, tíos
abuelos) y de ciertos miembros de la comunidad,202 el parentesco y la plena conciencia de las genealogías
familiares y de los vínculos sociales jugaba un papel muy
destacado en la articulación de los referentes simbólicos
culturales para la formación de la imagen de grupo. Además
se estimulaba el refuerzo de estas redes de ascendencia parental y
social a través de las ceremonias regionales (como el Buro,
san Francisquito) y las visitas entre comunidades.
Ahora bien, en lo que respecta a la relación
con las alteridades mestizas, es importante destacar que, a semejanza
de otras comunidades O´odham que tenían vecinos de una
raíz étnica diferente (como Quitovac o las Norias),
había un uso diferenciado de la tierra y del espacio social y
O´odham y mestizos no vivían en el mismo sitio. A pesar
de la proximidad geográfica, no había contigüidad
física entre ellos. La comunidad O´odham se ubicaba en
los lindes del río, en lo que actualmente pertenece a los
terrenos del ejido pápago, en la zona noroeste de la actual
ciudad de Sonoyta. En cambio los mexicanos vivían más
al sur, en lo que ahora es el área sureste de la actual
localidad de Sonoyta. Como reitera don Armando en su testimonio, los
O´odham estaban de un lado y los mestizos en otro.203 El espacio social de Sonoyta, como una región, estaba dividido
según la tradición cultural y ascendencia étnica,
así como por las relaciones de poder desigual entre los
mestizos y los O´odham, donde generalmente estos últimos
eran excluidos y discriminados por los primeros. La segregación
que esto suponía se basaba en la significación cultural
de la diferencia biológica de fenotipo, principalmente en este
caso con el color de la piel, que en el caso de los O´odham les
era tribuida una identidad estigmatizada y peyorativa por parte de
las alteridades circundantes: los rancheros, colonos, “los
blancos,” mestizos del pueblo.
A semejanza de lo que ocurría en el sur del
territorio O´odham, otro de los ejes de la vida comunitaria era
el trabajo colectivo. No obstante, en el caso de Sonoyta este tipo de
prácticas tenía una menor dimensión y también
se limitaba a las actividades laborales principalmente masculinas,
como era la elaboración y mantenimiento de los sistemas
mecánicos de riego vinculado a la agricultura y algunas
prácticas ganaderas. Otro ámbito donde había
estas prácticas comunitarias era la organización y
realización de las ceremonias y festividades principalmente
O´odham, como el caso de la danza del Buro y la fiesta de san
Francisquito, donde la autoridad tradicional y el grupo de los
mayores jugaba un papel muy importante. Algo muy vinculado a esto y
otro de los ejes de la vida social de la comunidad O´odham de
Sonoyta eran las instituciones de decisión comunitaria, cuya
principal manifestación era la figura de la autoridad
tradicional. No obstante, en algunos testimonios como el de doña
Josefina León, queda de manifiesto que los hombres mayores
(dentro de estos el gobernador tradicional) eran a su vez una
instancia de decisión.204 Cabe precisar que la figura de la autoridad o gobernador tradicional
se hacía cargo principalmente de su comunidad y de algunos
eventos de carácter regional que pudieran llevarse a acabo en
su comunidad, pero no era abarcaba la totalidad del territorio
O´odham. De hecho, había una autoridad por comunidad. En
Sonoyta el gobernador tradicional era José León Parra,
padre de doña Lily León, y el ámbito de
competencia de su actividad eran los problemas de diversa índole
pero de carácter comunitario.205 No obstante dentro de esto, y como previamente se mencionó,
los eventos culturales de carácter religioso ocupaban un lugar
especial, principalmente en la cuestión de la organización.
Sin embargo, la evidencia etnográfica para
el caso de Sonoyta, hace pensar que, probablemente, aparte del
gobernador tradicional de la comunidad, había un encargado
específico para la fiesta. De hecho, tanto doña Paulina
Romo como Josefina León recuerdan que había un
responsable para la fiesta de san Francisquito. El señor
Reyes, padre de doña Reyes, era quien se hacía cargo de
ese evento a principios de octubre. A semejanza de lo ocurrido con
otras prácticas culturales y en otras latitudes del territorio
O´odham como las Calenturas, es interesante destacar como hubo
una transmisión y relevo generacional basada en el parentesco
sanguíneo respecto a la tradición de la fiesta de san
Francisco en Sonoyta.
3.5 CULTURA
COMPARTIDA ENTRE LAS CALENTURAS Y SONOYTA.
Ahora, con el propósito de mostrar como se
va conformando la imagen de la comunidad (del “nosotros”)
a través de los diversos referentes de la vida cotidiana y las
actividades sociales de las comunidades las Calenturas-Pozo Prieto y
Sonoyta en la década de 1940,206 a continuación se tratan algunas de las diversas prácticas
culturales que fungían como espacios de encuentro y fomentaban
el reconocerse como colectividad a partir de la interacción
personal y del encuentro directo. Puede decirse que estas actividades
delineaban la vida comunitaria, pero también a nivel regional
fomentaban la convivencia entre diversos asentamientos del grupo
étnico; en esta sección si bien se insiste en las
semejanzas, también se resaltan las peculiaridades de cada
comunidad cuando las hay.
Por una parte, estaban las actividades de corte
cultural religioso que se nutrían tanto de la vieja y
prehispánica tradición O´odham como de la
influencia de la religión católica traída e
impuesta por los españoles. Dentro de las prácticas de
origen ancestral ocupaba un lugar especial la ceremonia del Venado
Buro por su capacidad para aglutinar y generar espacios de encuentro
comunitario, más allá de los límites de los
asentamientos de las comunidades de las Calenturas-Pozo Prieto –en
el suroeste- y Sonoyta –en el extremo noroeste, en la frontera
con Arizona-, pues a este evento asistían O´odham de
otros lugares de la geografía tradicional del grupo étnico.
Acerca del ciclo ritual O´odham, en la obra Legends
and Lore of the Papago and Pima Indians, tienen historias tradicionales y de transmisión oral
relacionadas a esta ceremonia del Buro llamadas “narraciones
acerca de la caza (Dean y Lucille Saxton, 1973).”
La ceremonia del venado buro, que coincidía
en fecha con la fiesta católica a san Juan, se realizaba desde
la tarde del 23 de junio para amanecer el 24.207 Según doña Lily León, hija del gobernador
tradicional de Sonoyta, esta ceremonia dependía complemente de
los O´odham208 y estaba enraizada en la adscripción étnica del grupo,
así como en su modo vida agrícola y propio de su
ancestral relación con el desierto. Por su parte, doña
Herlinda coincide en señalar que la danza del venado buro era
una ceremonia principalmente O´odham, a diferencia de la fiesta
de san Francisco, evento al que asistían y tenían un
rol más activo los mexicanos y mestizos. En el caso del
suroeste del territorio tradicional O´odham este evento se
llevaba a cabo en las proximidades de las Calenturas, en un sitio
llamado el Álamo,209 en el municipio de Caborca, muy próximo al asentamiento de la
Laguna Prieta. Era una ceremonia de dimensiones comunitarias al que
asistían la mayoría de los O´odham con sus
familias. De hecho, a decir de doña Alicia, sólo se
quedaban dos personas encargadas del Pozo Prieto y las Calenturas
mientras duraba la festividad, todos los demás asistían.210 Las familias se alistaban y un día antes de la ceremonia, el
22 de junio, salían en carretas hacia el Álamo que
estaba a un par de horas de las Calenturas.
En cambio, en el extremo noroeste en la frontera
con Arizona la danza del venado Buro se
realizaba cerca de una laguna, en el área del asentamiento
O´odham de Sonoyta (“la congregación pápago”),
a unos tres kilómetros del pueblo de Sonoyta y el propósito
era pedir el agua de verano para el ciclo agrícola de
temporal.211 Según comenta doña Herlinda, este evento se realizaba
en la zona de la antigua y ahora extinta capilla en honor a san
Francisco, cerca de donde vivían la familia Orozco, quienes
eran unos de los principales promotores de esta ceremonia y quienes
se encargaban de cazar al animal.212 A semejanza de lo que acontecía en Álamo, se preparaba
el sitio, se hacía una ramada.
La organización de la ceremonia recaí
en el gobernador tradicional de las respectivas comunidades. En las
Calenturas el gobernador era Iziquio Tiznado y junto con los hombres
de mayor edad (casi todos Choihua), que al parecer fungían
como una suerte de consejo de mayores, se organizaba la ceremonia.
De manera que cuando eran los días próximos al evento,
una suerte de comitiva, entre los que iba el gobernador tradicional,
se adelantaba para hacerse cargo de los preparativos en Álamo.
En el caso de Sonoyta el encargado era el gobernador tradicional José
León Parra. Doña Alicia, para el caso de las Calenturas
recuerda que los hombres adultos se reunían,
“si hacían sus juntas pues, sus
pláticas, ahí se juntaban, el Iziquio, mi tata
[Laureano], mi otro tata [Prospero]…[ ] tres, cuatro que se
juntaban ahí en la casa [ ]… que mi tata hacía
la lumbradita y ya se arrimaban. [ ] La
finalidad de la ceremonia era pedir agua [de lluvia], tenía
que ver esa ceremonia con la petición de agua, para la
siembra.”213
Pero, precisa doña Juanita, “aunque
hubiera agua, ellos ya tenían esa tradición de ir hacer
la fiesta.”214 Esta ceremonia estaba claramente vinculada al ciclo agrícola y
a las estaciones climáticas del desierto. De hecho,
frecuentemente la siembra empezaba justo a su retorno a las
Calenturas, días después del 24 de junio, cuando
llegaban, ya estaban las primeras lluvias.215
La ceremonia iniciaba el 23 de junio, en la tarde
de ese día los hombres jóvenes
de las Calenturas como Ángel Tiznado, Matías y Pedro
Choihua salían a perseguir al venado Buro en los alrededores
del Álamo;216 en Sonoyta era similar, pues doña Lily León comenta que
el día 23 los jóvenes, “eran puros hombres,”
salían a cazar el vendado Buro en los montes de las
inmediaciones y, una vez que traían el venado, lo cocían
y colgaban en un palo la carne. Para la persecución del
animal tenían un caballo especialmente veloz, pues el venado
tenía que atraparse con un lazo y estar vivo. En el sitio en
que capturaban al animal, los jóvenes cazadores mataban al
venado. Doña Alicia cree que le picaban el corazón, y
después, él que lo había lazado le cortaba la
cola. Cuando estaban próximos al Álamo, aquel que tenía
la cola del venado avisaba su llegada con gritos. Entonces, el
gobernador tradicional, Iziquio Tiznado, que esperaba bajo un
mezquite o en la ramada, los recibía con júbilo e
iniciaba un pequeño ritual. Una vez que llegaba la comitiva de
jóvenes, se entregaba la cola del venado al gobernador, quien
iniciaba una bendición colectiva y una suerte de acto ritual
de limpieza y sanación (limpia) que iba de la cabeza a los
pies, esto con el propósito de que se fueran los males y para
que les fuera bien. Mientras los hombres jóvenes salían
a cazar el venado, las mujeres iban a juntar el fruto del sahuro para
hacer una bebida fresca.217
Una vez que caí la oscuridad
iniciaba la danza en torno a la horqueta donde colgaban las ollas con
la carne del venado buro. Por la noche, después de
descuartizar el venado, las mujeres ponían la carne en unas
ollas de tierra grandes, lo ponían a cocer allí, abajo
del mezquite e iniciaba la ceremonia, que se componía de la
danza y la música. Entre los músicos había dos
raspadores, otro que tocaba una especia de jícara o cesta
grande (corita) y los cantadores entonaban melodías y letras
en O´odham; uno de los cantadores era Prospero Choihua, abuelo de doña Alicia y tío
don Matías. Respecto del instrumento musical que parecía
jícara, doña Juanita comenta que estaba hecho de piel
de venado o de res sobre una rueda y que se tocaba con dos varas como
una percusión.218 Por su parte, doña Paulina de Sonoyta comenta que la música
era a base de raspadores de madera y de cantos en lengua O´odham.219
La danza duraba hasta el
amanecer, toda la noche hasta que salía el sol. Bailaban todo
la noche hasta el amanecer del 24 y doña Herlinda originaria
de Sonoyta comenta que, cuando salía el sol, los danzantes se
iban a bañar la laguna; después se repartían la
carne cocida sin sal y se la comían. La danza consistía
en una línea recta en la que los danzantes se agarraban de la
mano, participaban tanto hombres como mujeres y bailaban moviendo las
piernas y los brazos; hacían un movimiento de arriba hacia
abajo, como llamando al agua.220 Por su parte, doña Lily, para el caso de Sonoyta comenta:
“[que en la danza participaban hombres y
mujeres] agarrados de la mano y al son de la música
doblan[ban] las corvas y se menean[ban].”221
Doña Alicia precisa que
había un orden establecido: primero los más viejos y
luego los medianos y ya los más jóvenes y ya los niños,
siendo Laureano Choihua quien guiaba la danza. Ni los músicos,
ni los danzantes hombres vestían una ropa especial, en cambio,
las mujeres, estrenaban sus vestidos nuevos o sus vestidos que
hacían;222 lo mismo ocurría en Sonoyta no había vestimenta
especial para la ceremonia, sin embargo, a diferencia de la danza del
venado Buro de las Calenturas en el Álamo, en Sonoyta los
danzantes parece que no se pintaban.
Además, doña Alicia comenta que su
mama le platicaba que antes las mujeres se pintaban, hacían un
tinte con base en flores endémicas.223 Por su parte, doña Juanita comenta que los danzantes se
pintaban con una tierra blanca los brazos:
“eran unas rayas redondas así y lo
mismo en las piernas, decían ellos que como son los buros, los
buros tiene manchas, una mancha que va corriendo.”224
Así, la idea era asemejarse al animal.
La danza duraba toda la noche y había breves intervalos de
algunos minutos para descansar. Rayando el amanecer, a las 4 ó
5 de la mañana, los danzantes hacían un círculo
y después una línea recta para el lado del sol. Acto
seguido se rompían la fila y los hombres, salían
corriendo, doña Juanita comenta:
“y [los danzantes
hombres jóvenes] se bañaban en el río, se
quitaban todas las manchas que se ponían, así, en los
brazos.”225
Después de esto, a los comensales se les
entrega un platillo hecho a base de carne cocida de venado buro sin
sal. Tanto doña Alicia como doña Juanita comentan
que no se le ponían sal, porque dicen que era de mal agüero
echarle sal.226
Como se apuntó antes, esta ceremonia era un
evento cultural de dimensiones regionales al que asistían, no
sólo los miembros de las Calenturas y el Pozo Prieto, sino
también estaban presentes los O´odham de la Papaguería
en Caborca, como don Ciriaco García, Miguel Choihua y doña
Chabela Pino. Pero, además, asistían algunos mexicanos
de localidades cercanas como la Laguna Negra y la mina de la
Antimonia, aunque parece que estos últimos no tenían un
papel destacado en la ceremonia. En el caso
del extremo noroeste del territorio tradicional O´odham esto se
acentuaba aún más y tenía un carácter
regional más amplio, incluso transfronterizo. Debido a la
ubicación de geográfica de Sonoyta (justo sobre el
límite internacional con EU), a la danza del venado buro
también asistían O´odham de los asentamientos del
suroeste de Arizona.227 Doña Herlinda recuerda que:
“muchos papaguitos [O´odham] venían
del otro lado [Arizona, EU].. [ ]. Venían de Gila Bend, venían
del [pueblo minero del] Ajo, venían
de San Lucy, venía de…, [ ]. De aquí de
Quijotoa, de san Simón, que son los pueblitos más cerca
que quedan [de] aquí a Sonoyta. [ ] ..porque venías
muchos papaguitos [O´odham] del otro lado [EU], de todas la
ranchería de aquí. [ ] De todas esas rancherías
que están pegadas a la línea.”228
Como puede observarse, este era un espacio de
convivencia y reconocimiento para la gente O´odham
tanto de los asentamientos del sur del territorio tradicional (como
las Calenturas) como los del norte, en el caso de Sonoyta. Además,
es relevante señalar que entre finales de la década de
1930 y principios de la de 1950 a parte de las Calenturas y Sonoyta
había otros sitios del territorio O´odham donde también
se realizaba dicha ceremonia. Doña Alicia recuerda que también
se hacía en Quitovac.229 No obstante, en la actualidad esta ceremonia ha caído
prácticamente en el olvido y sólo se realiza en el
suroeste de Arizona, en las comunidades fronterizas de Psinimo y la
Angostura, en la reservación de Sells.
El extremo noroeste presentaba una peculiaridad
importante. A diferencia de la ceremonia
del Buro que se realizaba en el Álamo, en Sonoyta una vez
concluida la ceremonia había una serie de actividades de
carácter lúdico para los asistentes. Es factible que a
estos eventos posteriores a la danza del buro asistieran gente del
pueblo y algunos rancheros. Doña Herlinda comenta que:
“[la gente, los O´odham y mestizos]
hacían carreras [de caballo], hacían argollas, coche
[cerdo] encebado, hacían baile.”230
Por su parte, doña Lily añade que,
además de las carreras, había la suerte del gallo
enterrado. Probablemente esta fiesta se realizó por última
vez en la comunidad de Sonoyta a mediados de la década de
1940, pues tanto doña Lily León y Paulina Romo, nacidas
en 1937 y 1938 respectivamente, como doña Herlinda nacida en
1940, recuerdan que eran niñas cuando presenciaron la danza
del venado buro por última vez.
Otro evento religioso de suma importancia para los
O´odham de las Calenturas- Pozo Prieto y Sonoyta así
como para la gran mayoría de las comunidades del grupo étnico
en México era la fiesta de san Francisco, la cual se realizaba
el 4 de Octubre, tanto en el poblado de Magdalena de Kino como en la
comunidad de san Francisquito, en el norte y noroeste del territorio
tradicional O´odham. Doña Juanita y los hermanos
Lizárraga Neblina, doña Herlinda y don Aniceto, además
de doña Lily Léon comentan que también se
llevaba a cabo esta festividad en la población fronteriza de
Sonoyta, en la zona de la vieja capilla a san Francisco, pues ahí
también contaban con representación del santo.231
No obstante, las dos cedes principales eran
Magdalena de Kino y la comunidad de san Francisquito. Esta ceremonia
tenía raíces en la tradición católica y
fue parte del legado cultural que trajeron e impusieron en el
noroeste de México los jesuitas y franciscanos después
de la conquista, durante finales del siglo XVII y la primera mitad
del XVIII. Este evento tenía gran relevancia regional pues
asistían O´odham de las diversas comunidades del gran
territorio tradicional, desde los asentamientos del sur como las
Calenturas y el Pozo Prieto, hasta las comunidades del extremo norte
en el suroeste de Arizona como Sells, Pisinimo, la Angostura.232 Tenía, además, un carácter pluri-étnico
en la medida en que, si bien los O´odham eran quienes
organizaban dicho evento y jugaban un rol protagónico, también
asistían y participaban los mestizos y rancheros de
poblaciones como Magdalena de Kino y otros pueblos de la región
como Santana. Tanto doña Alicia como doña Juanita
comentan que asistían periódicamente a esta ceremonia
cada inicio de octubre. Doña Alicia recuerda:
“[Los O´odham de las Calenturas] nos
preparábamos para irnos a la fiesta de Magdalena [la fiesta de
san Francisco en Magdalena de Kino], eso si era seguro, cada año
la fiesta de Magdalena.”233
Salían en carretas jaladas por mulas el día
1ro de octubre y regresaban a su comunidad hasta el 5 de octubre.
Esta práctica cultural religiosa involucraba a todos los
miembros de la comunidad, las cuales se iban en carretas
principalmente a Magdalena de Kino.234 Al respecto doña Juanita narra:
“Íbamos todo nosotros ¿no? mi
familia [los López Juárez], Laureano [Choihua],
Prospero [Choihua], esos de ahí de las Calenturas, todos iban
pa Magdalena, así en carro.”235
No obstante, algunos de las familias de esta
comunidad a veces iban a otra de las localidades donde se celebraba
la fiesta de san Francisco. Doña Alicia precisa que su familia
iba a esa fiesta tanto a Magdalena de Kino como a la comunidad de san
Francisquito. Después de llegar, iban a ver al santo y
agradecerle los favores concedidos, a recibir la bendición.
Posteriormente lo velaban y ya entrada la noche se entonaban las
mañanitas en honor a san Francisco. Al día siguiente se
hacía una procesión presidida por el santo y se
celebraba una misa.
En Sonoyta, los O´odham,
en grupo, iban tocando varios instrumentos musicales (violín,
tambor, guitarra) en busca del gobernador tradicional, José
León Parra, quien era padre de doña Lily. De ahí
se desplazaban a la capilla donde festejaban a san Francisco y
finalmente se dirigían al pueblo y hacían visitas en
cada casa, todo esto acompañado por la música. Sin
embargo, varios de los O´odham de Sonoyta también
fueron, algunas veces, a esta celebración a la comunidad de
san Francisco. Doña Josefina León León,
originaria de Sonoyta y sobrina de doña Lily, recuerda que la
gente iba a esta fiesta al asentamiento de san Francisquito para
devolver un favor al santo, para pagar una manda.236 Al llegar a este poblado el 3 de octubre, la gente hacía una
parada en la cruz en las inmediaciones de la capilla, luego entraban
a la capilla y prendían una veladora, hacían una
oración y salían. Por la noche se velaba y le tocaban
música al santo. Doña Josefina recuerda que, antes
cuando ella era una niña, el día 6 se sacaba al santo
en peregrinación con un arco adornado con flores, los
peregrinos llevaban veladoras mientras entonaban cantos en O´odham
y en español y prendían cohetes. Al llegar a la primera
casa, posaban el santo en una silla o mesa y comenzaba tres danzantes
con mascaras y cascabeles a bailar una suerte de danza del venado,
iban descalzos y portaban pantalón corto. Cuando terminaban,
comenta doña Josefina:
“[se prendían] cohetes y ya hacían
oraciones. Luego se venía otra danza, pero ahí si
bailábamos todos. Eran como dos o tres piezas que se bailaban
en esa casa y volvían a sacar otra vez una oración, la
oración si era de buen ratito, en pápago [O´odham]
se podía hacer la oración.”237
Doña Josefina recuerda que los danzantes
eran O´odham norteamericanos del Cubo y del área de
Phoenix. La peregrinación seguía y repetían lo
mismo en cada parada de la procesión,
entonces todos bailaban en cada casa.238
En resumen, la danza del
venado buro y la fiesta de san Francisco eran los principales eventos
religioso-culturales239 que aglutinaban a los O´odham de las Calenturas y Sonoyta a
nivel local como comunidad y a nivel regional los insertaban en la
red de asentamientos del grupo étnico, tanto en Sonora como en
Arizona, y los hacían parte de una compleja articulación
de colectividades que se esparcía por todo el territorio
O´odham.
3.6 RELACIONES
INTERÉTNICAS EN LA REGIÓN O´ODHAM.
Como se
ha visto en las secciones previas, los O´odham no estaban ni
solos ni aislados en el desierto de Altar, sino eran parte de una
región donde compartían el espacio con otros grupos
sociales. Si bien tanto los O´odham de las Calenturas y Sonoyta
vivían en sus asentamientos con otros miembros del grupo,
también es cierto que tenían relaciones de diversa
índole con los mestizos. Sus vínculos iban desde
actividades meramente mercantiles y de intercambió, a la
asistencia a ceremonias y festividades y también a relaciones
familiares de diversa naturaleza. Se trataba, pues, de un sistema
interétnico en que los mestizos e indígenas estaban en
contacto.
Tras la educación y salud a Caborca y al
pueblo de Sonoyta. Por
lo que respecta a la satisfacción de ciertos servicios, cabe
mencionar que, debido a que las Calenturas al igual que la mayoría
de las comunidades O´odham, al carecer de escuelas y centros de
atención médica, tenían que ir a los poblaciones
mestizas cercanas a satisfacer estos servicios. Esto manifestaba el
momento en que se encontraba esta comunidad en pleno proceso de
modernización mexicana y en el cual la infraestructura de
salud y educación todavía se concentraba en las
ciudades. En lo concerniente a la educación para finales de
los años 1930s y principios de la década de 1940,
varios de los niños y jóvenes O´odham de las
Calenturas iban a la escuela a Caborca. Doña Alicia recuerda
que, cuando tenía aproximadamente 8 ó 9 años
entre 1945 y 1946, ella se iba a la escuela a Caborca junto con
Canuto Garibay, un ranchero vecino quien tenía una familia
numerosa de varios niños.240 Mientras duraba el ciclo escolar doña Alicia vivía con
la familia de Garabay en Caborca y, una vez que llegaban las
vacaciones, regresaba a las Calenturas. Destaca que a pesar de los
largos periodos que pasaba en esa población mestiza, una vez
que arriba a su comunidad, se comunicaba en O´odham, de ahí
que afirme:
“pues yo seguía
[hablando O´odham], nunca se me olvido el idioma [O´odham],
yo seguía hablando con ellos [los miembros de la comunidad de
las Calenturas].”241
Doña Alicia siguió con esta dinámica
de movilidad por un par de años hasta que dejó la
escuela a finales de la década de 1950.242 Doña Alicia no fue la única que estuvo en esta
situación, también fueron a la escuela en Caborca
Benito y sus hermanos Guillermo y Raúl, hijos del gobernador
tradicional Iziquio Tiznado. No obstante, también es preciso
mencionar que no todos los niños y jóvenes de las
Calenturas pasaron por la experiencia de ir a la escuela en Caborca,
tal fue el caso de los hermanos López Juárez, quienes,
a pesar de tener un estrecho y frecuente contacto durante su infancia
y adolescencia con esa localidad mestiza, no asistieron a las
instituciones de educación básica.243 Además de los infantes que asistían de las Calenturas,
a la escuela también iban niños con ascendencia O´odham
pero cuyos padres y/o parientes ya vivían en Caborca, como
fue el caso de don Ramón Choihua y sus hermanas y hermanos,
quienes eran primos de doña Alicia, o de doña Mercedes
García Valencia y sus hermanas, quienes eran nietas de don
Ciriaco García. Ambos, don Ramón y doña Mercedes
pasaron su niñez en esa localidad mestiza semi-urbana y, de
hecho, don Ramón nació en Caborca, mientras doña
Mercedes nació en las Calenturas pero llego aún siendo
niña a Caborca.
El caso de la comunidad de Sonoyta fue similar.
Por lo que respecta al caso de la educación, debido a que no
había escuela en la comunidad O´odham de Sonoyta,
algunos niños y jóvenes recorrían diariamente la
distancia entre el asentamiento y el pueblo para ir a la escuela
primaria al poblado de Sonoyta.244 Algo similar ocurría respecto a los servicios médicos,
pues a falta de clínicas o dispensarios médicos, tanto
los O´odham como los mestizos acudían a ver a un médico
de ascendencia oriental que vivía en el pueblo de Sonoyta.
Recibir atención médica y servicios
de salud fue otro de los motivos para tener relación o vivir
en la población mestiza de Caborca por cierto lapso de tiempo.
Doña Alicia menciona que regreso a esta localidad en 1956
debido a que su tía Cristina, quien la había criado a
causa de la ausencia de su madre,245 se enfermó de gravedad. De manera que doña Alicia, su
tío Matías y su tía Cristina estuvieron
alrededor de un año viviendo en la Papaguería, en la
zona oeste y periférica de Caborca mientras Cristina recibía
atención médica y los cuidados de doña Alicia.246 Sin embargo, no hubo mejoría y Cristina murió en 1957,
fue enterrada en el panteón O´odham del Bisaní.
Durante esta temporada en Caborca, doña Alicia conoció
a un joven mestizo Méndez, con quien posteriormente se
casaría.
Los viajes para comerciar y consumir. Los intercambios económicos y la
adquisición de ciertos bienes y productos fueron otro de los
motivos para ir a Caborca, no obstante, en esas ocasiones las visitas
eran cortas y espaciadas. Tanto doña Alicia como doña
Juanita señalan que cierta porción de la producción
agrícola estaba destinada al intercambio, parte
de la cosecha se la llevaban a Caborca para venderla.247 Doña Alicia, al abundar sobre el tema, precisa que obtenían
ciertos productos que ellos no producían mediante la venta del
maíz pollero y el fríjol que cosechaban en las
Calenturas. Cambiaban sus mercancías por harina en un comercio
de Caborca, se llevaban manteca azúcar.248 De hecho, doña Juanita comenta que en el caso de su familia,
los López Juárez, después de la época de
siembra pasaban una buena temporada en Caborca y se mantenían
de la parte de la producción agrícola que estaba
destinada a la venta, además de la elaboración para
intercambio y autoconsumo de productos alimenticios a base de
cereales como el maíz y el trigo.249
Por otro lado, también los O´odham del asentamiento de
Sonoyta realizaban principalmente sus intercambios económicos
en el pueblo de Sonoyta. Ahí vendían parte de las
cosechas de maíz y trigo, así como la producción
agrícola de los huertos frutales, era también ahí
donde adquirían los productos y satisfactores que no producían
por ellos mismos. Es importante destacar que, si bien estos O´odham
tenían un modo de vida basado en la producción agrícola
parcialmente orientada al autoconsumo, a diferencia de otras
comunidades del grupo étnico este asentamiento tenía
una economía más orientada a la venta e intercambio
mercantil. Probablemente esto se debía, por una parte, a que
tenían un mejor insumo de agua y recursos naturales que otros
sitios, lo que les permitía una mejor, mayor y más
diversa producción de productos agrícolas. Pero, por
otro lado, también tenía que ver con el hecho de la
cercanía con el pueblo mestizo y la existencia de un mercado
potencial.
Las visitas familiares. Por último, las visitas
familiares, que generalmente coincidían con el intercambio y
adquisición de bienes y productos, eran otro de los motivos
para ir de las Calenturas a Caborca. Varios de los miembros de las
Calenturas tenían familiares directos o indirectos, además
de otro tipo de los lazos sociales, en esa localidad mestiza. En este
sentido es conveniente mencionar que, por ejemplo, los padres de don
Ramón Choihua Pino, quienes eran parientes de la madre y
abuelos de doña Alicia y vivían en el área oeste
de Caborca en la Papaguería; algo similar ocurrió con
los López Juárez y la familia Tiznado y García,
quienes tenían parientes habitando en la misma zona.
En el extremo noroeste, las visitas familiares
entre O´odham de Sonoyta y mestizos así como las fiestas
y ceremonias eran otras de la ocasiones de contacto. Es preciso
recordar que dentro de las ceremonias, algunas eran casi
exclusivamente O´odham, como el caso de la danza del venado
buro. Pero, había otras festividades que eran un punto de
encuentro y reunían personas con diversas tradiciones
culturales, como la fiesta de san Francisco el 4 de octubre o la
fiesta de la Flores en mayo.
3.7 POLÍTICAS
DE LA MEMORIA EL IMAGINARIO DE SER O´ODHAM “ANTES”
Y “ALLÁ.”
Una de las primeras preguntas que guiaron la
investigación fue saber cómo se auto percibían
estos O´odham en las diferentes etapas de la genealogía
histórica de cambio que los había llevado a
reconfigurarse como grupo. No obstante, en el desarrollo del trabajo
de campo se hizo evidente que hubo varios rupturas y continuidades y
que para fines de registrar estos cambios era pertinente trazar
ciertos periodos. Uno de los más importantes, sin duda, fue la
vida en las comunidades del desierto entre 1930 y 1940. Para ese
tiempo la mayoría de los O´odham con los que se trabajó
eran niños y adolescente y surge la respectiva interrogante
histórica de ¿cómo se veían ellos
durante esta etapa del proceso (la vida en
el desierto) y en relación con su pasado?
En general y como se vio en los diversos
testimonios mediante los cuales se describió la vida en las
comunidades, esta parte de su vida está claramente asociada a
sus antepasados. El vínculo con lo acontecido no se limitaba
únicamente a ser hijo de cierta familia. Ser miembro del grupo
no sólo era llevar los apellidos Choihua, Tiznado, García
y López Juárez en el caso de las Calenturas o Lizárraga
Neblina, Léon, Orozco y Romo Robles en Sonoyta. Sus padres y
abuelos encarnan un pasado caracterizado por una estrecha relación
con el desierto y en la que el vínculo con la tierra, la flora
y la fauna era fundamental. El desierto era su hogar. No sólo
porque de él obtenían los recursos que necesitaban para
vivir, sino porque ahí también se anclaba su historia
como familia y comunidad. Manifestación de esto, pero a nivel
del uso del espacio geográfico y social, eran los
desplazamientos a través del basto territorio O´odham.
Ya fuera ir a las parcelas en grupo y elaborar sistemas de riego en
el bajío de las Calenturas y en el río de Sonoyta, o
irse a cazar a las montañas cercanas o recolectar pityas y
flor sahuaro en las inmediaciones; además de las visitas a sus
parientes a otras comunidades, la asistencia a las ceremonias de la
danza del Buro y san Francisquito. Como señalan tanto Candau como Halbawachs, con los marcos
sociales de la memoria principalmente el espacio, es en los diversos
lugares O´odham por los que transitaban y habitaban la
comunidad donde se ancla la memoria. Esto no quiere decir que la
memoria sólo se reactiva una vez que van a esos viejos sitios,
sino también que el recuerdo de las diversas etapas de la vida
están ligados a los espacios vividos y las imágenes e
impresiones que de ellos tienes estos O´odham. Así, la
infancia y adolescencia se liga a la parcela, al hogar y la familia,
al sitio del Álamo donde se realizaba la ceremonia de la danza
del venado buro, a la capilla de san Francisco en Sonoyta, a la
comunidad de san Francisquito y el pueblo de Magdalena de Kino con la
celebración a san Francisco. Pero también la primera
etapa de su vida está relacionada a la frontera y las
comunidades O´odham de Arizona y, en menor medida, a los
poblaciones mestizas con las que entraban en contacto: Caborca y
Sonoyta. Sus ancestros eran, efectivamente, la gente del desierto.
Además, la “tradición” estaba claramente
ligada a esta generación de los antepasados. Ellos eran los
que sabían y organizaban desde la ceremonias de la danza del
venado buro y la fiesta de san Francisquito, hasta aquellos que
sabían como hacer sistemas de riegos, rastrear al venado,
pizcar la pitaya, sin olvidar que tenía sumamente presente la
larga cartografía de los sitios O´odham dentro del
territorio tradicional así como las genealogías
familiares, tanto de sus comunidades como de los asentamientos
vecinos. Obviamente dentro de esto también entran prácticas
cotidianas y productivas como la lengua O´odham y la
elaboración de cerámica utilitaria que realizaban las
mujeres. A los “viejos” se les atribuía todos
aquellos saberes que ya no se les legaron a estos O´odham de la
generación de doña Alicia y doña Herlinda y que
caracterizaban la vida de los asentamientos en el desierto hasta
buena parte de la 1ra mitad del siglo XX. Era una etapa que de alguna
manera se idealiza un poco y que se asociaba a la plenitud, tanto
respecto al uso de recursos naturales y ciertos bienes materiales,
como a ciertas prácticas culturales asociadas a la adscripción
étnica de sus padres y abuelos.
Sin embargo es interesante destacar que, no
obstante que vivieron en comunidad en el desierto y que
hipotéticamente había las condiciones para transmitir
ciertos saberes y prácticas a las nuevas generaciones, como la
organización y realización de la danza del venado buro,
la lengua, esto no aconteció. Y lo interesante es que para
estas fechas todavía no estaban en un claro proceso de
movilidad a ciertos centros urbanos.
También hay una percepción
generalizada, tanto entre los miembros originarios de las
Calenturas/Pozo Prieto como de Sonoyta, de que antes las familias del
grupo étnico eran más unidas entre si y que las
relaciones sociales estaban principalmente orientadas con y hacia los
miembros de la mismo grupo étnico. Si bien esto es cierto
sobre todo para el caso de las generaciones mayores, también
acontecía que ya había un contacto cercano con los
grupos mestizos. En los testimonios se reitera de manera directa e
indirecta que uno de los vínculos más robustos con la
comunidad, pero también con el pasado, eran las genealogías
familiares y sociales. La manifestación concreta de esto eran
las conexiones directas entre ciertos apellidos y determinados
asentamientos: en las Calenturas, como se recordará, estaban
los grupos familiares de los Choihua, las Tiznado, los García,
los López Juárez, mientras en Sonoyta estaban los
Lizárraga Neblina, los Romo Robles, los León, los
Orosco, los Laborin, entre otros. Había una conciencia muy
clara y presente de los árboles genealógicos y como
determinados apellidos estaban relacionados a ciertos lugares del
territorio O´odham. La familia era una red de solidaridad
extensa que por mucho excedía los límites del núcleo
básico de padres e hijos y se extendía trascendiendo
los confines de la comunidad origen y en ocasiones de la frontera.
Era una época a la que claramente estos
O´odham le asocian una fuerte condición de cohesión
social en diversos órdenes: 1) la familia nuclear y extendida,
2) la comunidad local, principalmente, pero también y en menor
medida el grupo étnico, 3) el grupo O´odham a nivel
regional y fronterizo. Es interesante destacar que si bien se resalta
esta idea de unidad, también está presente, aunque
quizás no con mucha claridad, que ya había un intenso
proceso de cambio de la organización social y de ciertas
prácticas. La brecha cultural y de hábitos de vida
entre estos O´odham y sus padres se fue acrecentando y más
aún cuando la convivencia con los grupos mestizos fue más
constante e intensa. Ellos mismos se ubican como la generación
de un cambio abrupto e irreversible que los reposiciona en una
situación diferente con el pasado y sus familiares.
Ahora bien, respecto al repertorio de prácticas
culturales que estos O´odham les asociaban y caracterizaban a
sus padres y abuelos y de alguna manera articulaban el imaginario de
ser parte de un grupo, cabe destacar que las condiciones específicas
en cada caso concreto no eran las mismas. Había, como
previamente se ha señalado, una diversidad interna dentro del
grupo étnico en su conjunto, vinculadas a las diversas
latitudes del territorio tradicional O´odham. Si bien es
posible encontrar una serie de paralelos entre las comunidades de
Sonoyta y las Calenturas y el Pozo Prieto, también conviene
señalar que había diferencias en las formas en que se
manifestaba el imaginario de grupo a través de su
comportamiento como colectividad.250 En un ejercicio de reconocimiento de la diferencia interna y de la
voz propia de cada localidad es necesario no omitir estas
peculiaridades y, por el contrario, señalarlas.
(a) En lo que respecta al uso del territorio y las
prácticas de movilidad, principalmente en las actividades de
orden productivo, encontramos que los O´odham de las Calenturas
en el extremo suroeste del territorio se desplazaban a finales de
primavera al asentamiento agrícola y en invierno iban al
asentamiento ganadero. Pero, en cambio, los miembros de la comunidad
de Sonoyta, por su situación geográfica y la abundancia
de recurso hidráulico gracias al río, no presentaban
estos cambios de residencia estacional y tenían una producción
agrícola más diversa y abundante. La economía
agrícola de este asentamiento se orientaba más a la
venta.251 Mientras para los miembros de las Calenturas ser O´odham, en
relación con el territorio, era recorrer el desierto siguiendo
las lluvias entre un asentamiento y otro, para las personas de
Sonoyta era la proximidad y el uso del río.
(b) Respecto a la lengua acontecía algo similar a los patrones
de desplazamiento. En las Calenturas el uso de la lengua O´odham
era la forma de nombrar y convivir con el grupo y el mundo desde las
generaciones más chicas como doña Alicia y doña
Juanita hasta los adultos como don Matías, don Laureano y don
Próspero. En Sonoyta, en cambio, el O´odham sólo
era la lengua de los mayores, principalmente los abuelos y algunos
padres, pues muchos de los adultos y los niños ya se
comunicaban en español. Quizás en esto también
influyeron los matrimonios cruzados entre O´odham y mestizo,
como en los casos de los padres de doña Herlinda, doña
Lily León y doña Paulina Romo. El vínculo con
los antepasados a través de la lengua era más fuerte en
las Calenturas que en Sonoyta.
(c) En lo concerniente a las líneas de
parentesco había también algunas situaciones disímiles.
Mientras en las Calenturas la mayoría de los matrimonios eran
entre el mismo grupo étnico y casi todos los miembros tenía
por ambas líneas parentales ascendencia O´odham, en
cambio en Sonoyta las uniones con miembros de diferentes contextos
culturales y con tradiciones diversas ya eran mucho más
frecuentes; al grado de que eran casi la norma predominante.252 Esto es un factor muy relevante pues uno de los criterios para
concebirse como O´odham era el vínculo con el pasado y
la tradición a través de las genealogías
familiares.
(d) Esto también se vio reflejado en la organización
social, pues al parecer el trabajo colectivo era más intenso y
representaba un eje articulador más importante en las
Calenturas que en Sonoyta. Lo anterior también estaba
determinado por las condiciones geográficas y orográficas
de cada uno de los asentamientos. Pero destaca que uno de los
referentes fuertes que se asocian al “ser O´odham”
era el trabajo comunitario.
(e) Y los puntos anteriores sin duda están influenciados por
la relación de los miembros de estas comunidades con los
sujetos sociales circundantes. Como menciona Barth, el juego
dicotómico y excluyente del “nosotros” (O´odham)
/ “ellos” (los otros: mexicanos, rancheros) que, si bien
siempre tiende a marcar un límite, no siempre opera de manera
que refuerce el carácter colectivo de las unidades culturales
que se encuentran entre sí. De hecho, en el caso de la
comunidad de Sonoyta, están menos presentes algunas de las
prácticas culturales, valores y normas que caracterizaban a
sus ancestros O´odham y, sin duda, en esto jugó un papel
importante la proximidad geográfica y física con los
rancheros y los mestizos del pueblo de Sonoyta. Pero también
la frecuencia y características de las relaciones y vínculos
entre O´odham y mestizos. En la Calenturas, en cambio, el
contacto con los mestizos y los rancheros era menos intenso y
frecuente.
(f) Y en esto, a su vez, fue determinante la
ubicación en la geografía regional así como la
localización específica dentro del territorio O´odham
de ambas comunidades. La comunidad de Sonoyta se ubicaba sobre la
línea fronteriza y estaba muy cercana a la garita
internacional de Sonoyta Lukeville, lo que la colocaba en un
importante centro regional de intercambios económicos y en un
lugar de paso obligado y la hacía susceptible a múltiples
influencias de grupos sociales no indígenas. En cambio, las
Calenturas estaban un lugar de poco tránsito y menos
atravesado por las dinámicas regionales, por los que los
procesos sociales de esta comunidad obedecían más a
lógicas y ritmos internos.
No obstante, a nivel de las relaciones con otras
comunidades O´odham acontecía lo mismo que con otros
grupos sociales. Los O´odham de las Calenturas tenían un
contacto cercano con los O´odham de la Papaguería en
Caborca, con algunas personas de san Francisco que les ayudaban en la
cosecha y con el encuentro anual en la fiesta de san Francisquito.
Sonoyta, en cambio, por ser cede de las ceremonia del Buro y de la
fiesta de san Francisco era un vigoroso centro de encuentro O´odham;253 además, la cercanía geográfica de Sonoyta con
las comunidades O´odham cercanas a la línea fronteriza
tanto en Sonora como en Arizona le permitía un contacto más
frecuente.254 Más allá del fuerte criterio de adscripción
local que caracterizaba a las Calenturas y Sonoyta, también
jugaban un papel destacado las dinámicas y relaciones
regionales con otros asentamientos del grupo étnico dentro del
imaginario de lo que era ser O´odham.
En la vida en los asentamientos del desierto, el
sentido de ser parte de una comunidad se daba en la articulación
del “antes” y el “allá”, como amplias
coordenadas espacio temporales –y no siempre con límites
precisos- que remiten a los O´odham a la experiencia de haber
compartido parte de su existencia con sus padres y abuelos, la
vivencia de haber sido participes de un modo de vida distinto y mucho
más ligado simbólica y concretamente al desierto. Los
elementos simbólicos constituyen el desierto como origen
territorial, espacial y ancestral se manifiestas en una serie de
lugares concretos a los que estaban vinculados y donde transcurría
diversas etapas de la vida O´odham: el asentamiento de origen,
las parcelas de la siembra y los ríos, los montañas del
venado buro y donde se recogía pitya y la flor del sahuro, el
Álamo y la capilla de san Francisco, la comunidad de san
Francisquito y Magdalena de Kino, sólo por mencionar algunos
de los más importantes.
3. 8 LA
“COMUNIDAD” Y LOS “OTROS.”
A pesar de las condiciones sociales y geográficas
en que vivían los O´odham a principios del siglo pasado,
no estaban solos del todo. La idea de que estaban aislados en el
desierto es parcialmente errónea, lo que si es un hecho es que
el contacto, tanto con las comunidades vecinas del grupo étnico
como con actores sociales externos
(mestizos, rancheros, agricultores, propietarios), era complejo y
selectivo. Por otro lado, aquí no se obvia que, en función
de la ubicación dentro del territorio tradicional y de los
vínculos sociales previos, había comunidades del grupo
étnico que tenían un nivel de contacto con diversos
grupos de mestizos mucho más intenso. Es cierto que había
asentamientos de difícil acceso que se avocaban principalmente
a la reproducción de sus condiciones sociales de existencia y
tenían un claro y preponderante carácter de vida local,
comunidades como el Bajío, el Cumarito y las Calenturas. Pero
también había asentamientos que por su proximidad a
centros económicos mestizos de importancia regional tenía
una convivencia más frecuente con otros grupos sociales, como
fueron los casos de Quitovac donde había minas y los miembros
del grupo étnico convivían con gambusinos y rancheros o
Sonoyta, la cual estaba a pie de frontera y era un punto obligado de
paso en la ruta hacia el suroeste de Arizona.
Ahora bien, retomando a Barth, uno de los ejes
para la conservación y afirmación del grupo es el
límite étnico, que a nivel del imaginario esto se
manifiesta en la compleja relación entre los miembros del
grupo –a diversos niveles- (“nosotros”) y el
“otros” sujetos sociales con los que se está en
contacto (“ellos”). A semejanza de otros grupos sociales,
con los O´odham, los “otros” desempeñan un
papel importante en el proceso identitario comunitario y esto se
expresó en que la adscripción al grupo étnico se
dio sobre el contexto del re-juego entre la autodefinición al
interior del grupo (endo-definición y autoadscripción)
y las valoraciones que los “otros” tenían sobre
los O´odham (exo-definición y la hetero-adscripción).
En el caso específico de las comunidades abordadas, la
auto-adscripción aconteció sobre el telón de
fondo de que el grupo étnico se basaba en la familia, el
trabajo comunal, la autoridad tradicional y el consejo de ancianos;
además de otros elementos culturales en común –como
la lengua, el parentesco, ceremonias, entre otros-, y que, a su vez,
eran usados como marcadores de la diferencia específica del
grupo.
Hay dos ejes ordenadores en el análisis de
los “otros” en la memoria e imaginario O´odham: el
espacio-territorio y el tiempo y las relaciones sociales. El
espacio-territorio esta presente en los testimonios como uno de los
marcos sociales que definen al grupo. Concretamente el uso del
territorio a través de diversas prácticas
socioculturales y de carácter productivo. El territorio era el
conjunto de lugares sociales que ordenaban y por los que transcurría
la vida O´odham. El desierto, como el territorio tradicional,
aglutinaba la multiplicidad de referentes diferenciados que definían
el ser O´odham: era la casa, era la tierra que proveía
de comer, eran las plantas que se recolectaban y los animales que se
cazaban. El lugar donde yacían los antepasados y de donde
procedía la familia, era el lugar de las ceremonias.
El otro gran eje de la memoria es el tiempo, cuyos marcadores
biográficos y sociales son los eventos cuya expresión
concreta son las prácticas específicas como las
ceremonias, el trabajo comunitario, visitas familiares, etc.
En el caso de estas comunidades sabemos que, debido al proceso de
movilidad geográfica, esta relación con la otredad
experimentó cambios severos, especialmente cuando los miembros
del grupo étnico se marcharon e instalaron en las ciudades de
Sonoyta y Caborca. La influencia de los “otros” sobre los
O´odham no ha sido siempre la misma, ni ha tenido los mismos
matices, por el contrario, ha ido variando según la etapa que
se aborde del proceso histórico del grupo étnico.
La dimensión relacional puede ser observada
al interior y exterior del grupo étnico. De hecho, la vida en
los asentamientos O´odhams en la ciudad se caracterizaban por
una fuerte adscripción local al interior del grupo étnico,
no obstante su universo relacional era amplio y puede dividirse en
dos grandes ejes: 1) el vínculo con ellos mismos y los
diversos subgrupos a nivel del grupo étnico, 2) y por otro
lado, la relación con los “otros” (mestizos).
La relación al interior y exterior del grupo étnico
puede observarse en los distintos contextos territoriales
A nivel de la comunidad de origen, tanto en las Calenturas como
Sonoyta, tenemos que un primer nivel era la propia familia, en este
sentido la relación se daba en los espacios de la esfera
doméstica (el hogar, la cocina) y las parcelas. El primer
nivel de vínculo era pertenecer a cierto grupo de parentesco
(por ejemplo Choihua en las Calenturas o León en Sonoyta),
inserto en la tradición e historia O´odham; era también
sembrar la tierra y pertenecer a un hogar. Otro nivel eran las
relaciones con las familias vecinas, con las cuales se compartía
el espacio físico de la comunidad y de las tierras de cultivo,
además de las actividades como la siembra y la convivencia
comunal. Y, por último, la relación con la comunidad
entera, principalmente a través de ciertas prácticas de
orden comunitario, como el trabajo colectivo de la tierra y las
ceremonias de la danza del venado buro y la fiesta al santo san
Francisco.
No obstante, también es cierto que otro
nivel de relación fundamental para concebirse O´odham
era el vínculo con los antepasados directos y remotos, vivos y
muertos. Los ancestros eran, tanto el vínculo con la
tradición, como aquellos que les habían enseñado
a habitar y vivir del desierto. Eran la génesis sociocultural
que les permitía insertarse en una narrativa histórica
de continuidad, que los remitía al pasado y les posibilitaba
mantener y reproducir un modo de vida propio. Ser O´odham era
ser parte de un pasado con una cultura propia y una larga historia
anclada en el desierto. Esto no se limitaba a una serie de prácticas
productivas, sino también a una serie de valores y
significados que les permitían hacer frente y relacionarse con
el mundo. Ejemplo de esto, como señalan doña Alicia y
doña Herlinda, fueron tanto el trabajo comunitario –que
iba desde las labores de la tierra hasta la organización y
realización de las ceremonias-, como las formas de
organización de las autoridad tradicional y los matrimonios al
interior del grupo étnico.255
Por último estaba la relación con
las comunidades vecinas del grupo étnico. El contacto con los
otros O´odham se daba en contextos espacio temporales muy
específicos, particularmente en las ceremonias del Buro y san
Francisquito; recuérdese que tanto para los miembros de las
Calenturas como para los de Sonoyta, ambas ceremonias tenían
gran relevancia. Respecto a la ceremonia del Buro, los miembros de
los Calenturas se encontraban con sus parientes de la Papaguería
en el Álamo,256 mientras los O´odham de Sonoyta, en la vieja capilla a san
Francisco de su asentamiento, se encontraban con gente del Ajo, de la
Angostura, de Cubo, Pisinimo, Zacatón, comunidades del grupo
étnico del suroeste de Arizona.257 La fiesta de san Francisco era más grande aún y
aglutinaba O´odham de todo el territorio tradicional, tanto de
Sonora como de Arizona. Ambos eran eventos en que se reforzaba el
carácter regional y trans-comunitario de ser O´odham;
pero también encuentros con los “otros.”
Si bien ambas comunidades compartían esta serie de referentes,
en las Calenturas la adscripción local era más
acentuada, pues tenían un menor contacto con otras comunidades
O´odham, mientras que Sonoyta, por ser un punto de encuentro
para miembros del grupo étnico de ambos lados de la frontera,
tenía una adscripción con un carácter regional
más sólido.
Ahora bien, respecto a la relación con los grupos sociales
exteriores al grupo étnico la situación era diferente
en ambos asentamientos. Para esas fechas la relación de los
O´odham con sus vecinos rancheros, propietarios y mestizos se
perfilaba como uno de los elementos claves para entender la posterior
serie de cambios.
En el caso de las Calenturas la adscripción
étnica local era muchos más fuerte que en Sonoyta,
debido en parte a que esta comunidad tenía un modo de vida
basado en actividades productivas propias de la tradición
prehispánica O´odham (la agricultura, la caza y la
recolección) con un régimen de autosubsistencia y con
la autoproducción de bienes. Por otra parte, como mencionan
tanto doña Alicia como doña Juanita, hasta finales de
la década de la década de los cuarenta, a excepción
del propietario mestizo Canuto Garibay, quien no estaba muy cerca, no
había nadie más en la región.258 Las tierras no tenían cercos ni delimitaciones jurídicas
precisas, sólo de facto pertenecían a los miembros de
las Calenturas a través de su uso para siembra, pastoreo de
ganado, caza y recolección. Estos O´odham veían
el espacio geográfico de su comunidad de origen, las tierras
de cultivo, el Álamo (donde se celebraba la danza del buro) y
las montañas donde cazaban y recolectaban pitaya y flor de
sahuro como su territorio inmediato y no lo compartían con
nadie; prácticamente no había otros grupos sociales en
la región con los que interactuaran la gente de las
Calenturas. El grueso de su interacción social se orientaba
principalmente al interior de la comunidad y estaba organizado por
los diversos lugares sociales (la casa, la parcela, la comunidad, el
Álamo, etc) en que vivían y transitaban y que
articulaban su territorio. Y debido a que su vida se concentraba
principalmente en la siembra y el ganado, tampoco veían o
entraban cotidianamente en contacto con nadie más.
La convivencia con los mestizos y rancheros se daba fuera de la
comunidad y durante ciertos eventos festivos o cuando, debido a las
falta de escuelas y centros médicos, los O´odham iban a
Caborca a recibir algún servicio o a adquirir bienes que no
podían producir ellos mismos. Respecto a las ceremonias, los
O´dham de las Calenturas convivían una vez al año
y de manera muy selectiva con algunos mestizos y rancheros en la
ceremonia de san Francisco, ya fuera en la comunidad de san
Francisquito o en el pueblo de Magdalena de Kino, pues por un lado
estaban los miembros del grupo étnico y por otro parte el
resto de los participantes: rancheros y mestizos de los pueblos
vecinos. Las personas ajenas con las que más contacto tenían
eran con aquellos que vivían en Caborca y una de las
principales actividades que llevaba a los miembros de las Calenturas
a esta localidad era el intercambio de productos y la adquisición
de bienes que ellos no podían producir. Las otras actividades
que los llevaban al encuentro con los mestizos eran la educación,
recuérdese que a mediados de los años 1940 y por un
lapso de varios años, doña Alicia así como los
hijos de Iziquio Tiznado asistían a la escuela; y una vez
acabado el ciclo escolar regresaban a las Calenturas. No obstante,
esta experiencia no duro muchos años. El otro motivo para ir a
Caborca era recibir atención médica, como fue el caso
de Cristina Choihua en 1956.
No obstante, el eje de la vida de los O´odham
de las Calenturas estaba en el desierto y sus tierras, ni Caborca ni
el modo de vida mestizo caracterizado por el trabajo asalariado y por
una economía mercantil eran parte de su cotidianidad.259
Los mestizos eran
sujetos sociales con un contexto cultural diferente a los que se veía
esporádicamente y sólo en determinadas ocasiones:
resolver situaciones que ellos no podían solucionar por si
mismos (salud y educación) y obtener bienes necesarios que no
sabían o podían producir. Además entre los
mestizos y los O´odham había relaciones desiguales que
generalmente beneficiaban a los primeros. Como comenta don Ramón
Choihua, estos O´odham casi no iban a Caborca, se la pasaban en
las Calenturas; la mayor parte de su vida transcurría en la
localidad de origen en el desierto. Es conveniente recalcar que el
mestizo no es el “otro” cualquiera (no es un grupo social
indiferenciado), sino solo aquel que significativo para nosotros en
alguna medida y frente al cual se define cierto nivel de la vida del
grupo de referencia.260
Para analizar los grupos sociales no indígenas
primero con los que los O´odham tenían relación
se encontró, en el transcurso de la tesis, la manera en que
los O´odham nombraban a los sujetos con los que tenían
contacto (ya vimos que como “mexicanos”, “mestizos”).
Luego se vio que el tipo de relaciones sociales que se mantienen, ya
fuera índole comercial, laboral, e intercambio, amorosas,
discriminación, de parentesco, y, finalmente, que significados
se mueven en la relación; es decir si la alteridad era un
espejo, ¿qué les reflejaba, que les refleja de ellos
mismos a los O´odham, cómo y de qué forma le
ayuda a elaborar su “nosotros” comunitario? Los rancheros
o mestizos, mexicanos no interesan sólo como sujetos sociales,
sino como categorías sociales con significado que
contribuyeron a delinear y definir el tipo de relaciones que los
O´odham tenía con el mundo y con su propio imaginario de
comunidad, o sea como el “otro” frente a la cual se
define el nosotros O´odham. En la parte final se aborda la
diferencias entre el uso que los O´odham hacían de los
términos “mestizo” y “mexicano” para
designar a los sujetos sociales con los que tenían relación,
pero no eran parte del grupo.
En el imaginario de estos O´odham los
mestizos no tenía un papel exclusivamente preponderante, ellos
–los miembros del grupo étnico- también se
definían así mimos en función de su modo de
vida, de su relación con los antepasados y con la tradición
O´odham. El ámbito local era prácticamente el eje
de su vida social, vivían en las Calenturas y sus alrededores,
nombraban al mundo en O´odham y se relacionaban principalmente
con los miembros de sus familias y con los otros miembros de la
comunidad. Analizando el criterio de auto-adscripción de esta
comunidad en esta época (ser O´odham era un modo de vida
en el desierto, el uso del territorio y la pertenencia a una
comunidad, ser parte de una genealogía familiar y la memoria
social del grupo) no se encuentra un peso significativo a los
“otros.” No obstante, como se verá en los
siguientes dos capítulos, esta situación cambió
drásticamente durante la década de 1950. Pero, hasta
finales 1940, la brecha con sus antepasados no era tan radical,
frente a ellos se definían como sus descendientes y
continuadores de su legado cultural.
La situación de los O´odham de
Sonoyta con los “otros” era significativamente diferente
y el peso de los mestizos en el imaginario de los miembros del grupo
étnico tiene que ser comprendido por el tipo de relación
que con ellos entablaban. Ellos no estaban solos en el territorio que
habitaban por el contrario, el pueblo mestizo de Sonoyta se
encontraba a poco más de 3 kilómetros de distancia de
la comunidad O´odham, además de los rancheros y
propietarios mestizos cercanos. Como se recordará, debido a
la abundancia de agua por la cercanía con el río, los
O´odham de Sonoyta focalizaban prácticamente toda su
actividad productiva en la agricultura y buena parte de la cosecha se
orientaba a la venta. Justamente los mestizos y rancheros de Sonoyta
eran una parte significativa de los compradores del maíz, el
fríjol y otros cultivos. Estos “otros” estaban
vinculados en buena medida a la economía del asentamiento
O´odham de Sonoyta; si bien los mestizos eran quienes los
discriminaban y agredían, también eran parte de los
compradores de la cosecha.
Por otra parte, la cercanía geográfica posibilitó
que prácticamente todos los hijos de O´odham de la
generación de doña Herlinda y doña Paulina
tuvieran acceso a la educación primaria de manera cotidiana.
Don Servando, sobrino de doña Lily,
recuerdan que iban diario a la escuela. Esta institución jugó
un papel clave para ir incorporando de manera paulatina a los
descendientes de los viejos O´odham a un modo de vida mercantil
y semi-urbano y reforzar la supuesta idea de la necesaria convivencia
con los mestizos. Así, a diferencia de las Calenturas y otras
comunidades, en Sonoyta los miembros de la generación de doña
Lily entraron en contacto mucho antes y de manera más intensa
con los grupos de mestizos.
La asistencia a instituciones de educación básica no
era la única vía de contacto, también había
varios eventos de corte cultural religioso donde se encontraban los
O´odham y los miembros del pueblo. Había fiestas propias
del pueblo de Sonoyta, como la de san Isidro el 15 de mayo y la de
las flores el 5 de mayo, a las que asistían los miembros del
grupo étnico, no obstante que eran organizadas por mestizos.
De hecho, a ceremonias típicamente O´odham como la danza
del venado buro y la fiesta de san Francisco -ambas realizadas en la
vieja y desaparecida capilla de san Francisco- asistían
también los miembros del pueblo de Sonoyta.
Aparte estaba la actividad mercantil de venta e intercambio de
productos, que era uno de los puentes de comunicación más
estables entre la comunidad O´odham de Sonoyta y el pueblo de
Sonoyta. No obstante, esto no implicó que el cariz de las
relaciones fuera armónico y equitativo. Más bien, y a
semejanza de lo ocurrido en otras latitudes del territorio
tradicional, estaba marcado por la discriminación y la
desigualdad.
En Sonoyta los mestizos eran una presencia mucho
más constante para los O´odham, además la línea
de demarcación y distancia entre los miembros del grupo étnico
y los habitantes del pueblo era bastante más ambigua. Esto se
debía a que a diferencia de las Calenturas donde la mayoría
de los ancestros eran O´odham, en Sonoyta había una
situación mucho más atenuada respecto al papel de la
genealogía del grupo étnico, así como de los
vínculos con el pasado y los ancestros. Si bien es cierto que
los miembros de la generación de doña Lily y doña
Herlinda tenían un claro vínculo con los viejos
O´odham, también era cierto que ellos tenían un
fuerte componente mestizo.
De hecho, la mayoría
de los padres de las generaciones nacidos entre las décadas de
1930 y 1940 en la comunidad de Sonoyta, eran matrimonios cruzados,
uniones entre un miembro del grupo étnico y una persona ajena
al grupo, sobre todo mestiza. Así, muchos de los descendientes
O´odham también tenían antepasados mestizos y
estos últimos no representaban “otro” extraño
por completo, al contrario también se tenían cierta
familiaridad con esa rama de la ascendencia. El “otro” no
era tan “otro” ni absolutamente ajeno, era un pariente
cercano o remoto, sin embargo esto no impedía ni matizaba el
que se dieran relaciones de poder desiguales, donde generalmente a
los O´odham era a quienes se les estigmatizaba.
El caso de la lengua es ilustrativo al respecto.
Ya desde la generación de doña Lily en adelante, el
O´odham no fue más la lengua de las nuevas generaciones,
sino que su uso se restringía a los padres y abuelos y a la
comunicación entre estas generaciones mayores. Los jóvenes
hicieron del español su lengua principal y el vehículo
para nombrar el mundo. Esta situación no se remita sólo
a esta práctica sociocultural, sino que abarcaba múltiples
ordenes. En la comunidad de Sonoyta el modo de vida se acercaba más
a la vida de los mestizos en el pueblo de Sonoyta: la comunidad
tenían más bien un economía orientada a la
venta, no se presentaban los patrones de movilidad característicos
de los viejos O´odham, había menor recolección de
plantas y frutas del desierto; en una situación similar estaba
la cacería y el trabajo comunitario era menos intenso, ya no
había casi matrimonios al interior del grupo étnico.
Los grupos de mestizos no sólo estaban más cercanos
geográficamente, sino también eran los compradores de
la producción agrícola, eran compañeros de
escuela, parientes remotos y cercanos –por lo menos uno de los
padres no era miembro del grupo étnico-; en fin, eran sujetos
sociales diferentes pero con los cuales se tenían una relación
cercana y frecuente. El “otro” poco a poco fue afectando
el vinculo de los descendientes de los O´odham con sus
antepasados, los viejos miembros del grupo étnico. Los pocos
descendientes que tenían una genealogía O´odham
más contundente y de mayor peso,261 fueron aquellos (como los Laborin, los Orosco, entre otros) que se
fueron a trabajar temporalmente a EU y posteriormente fijaron su
residencia en el suroeste de Arizona, en las áreas del grupo
étnico como las reservaciones de Sells, en el suroeste y san
Lucy, al noroeste del territorio tradicional O´odham.
Como puede observarse, entre la generación de doña
Lily y sus abuelos ya se gestaba una brecha, que no sólo
residía en el ejercicio de la lengua O´odham, sino
también en otra serie de prácticas que eran
transmitidas a través de esta lengua (historia social, los
cantos de las ceremonias, las largas genealogías O´odham);
la lengua no tenía una importancia intrínseca por sí
misma, sino por el hecho de que era unos de los principales vehículos
mediante los cuales se legaba la tradición a las generaciones
venideras.
Así, al no hablar la lengua O´odham,
la generación de doña Lily se quedaba de facto
parcialmente fuera o en una posición de participación
marginal de buena parte de las prácticas culturales que
caracterizaban la vida de sus antepasados en el desierto. Por otro
lado, también la relación de significativa distancia
con los mestizos fue disminuyendo, no por el mero deseo de
comunicación y comprensión, sino porque cada vez más
había prácticas, códigos y valores que se
compartían parcialmente y que nuevamente no pueden reducirse
al uso del español como lengua, sino también a los
contenidos culturales que se transmitían y a la experiencia de
habitar los espacios sociales regidos por el modo de vida mestizo (la
escuela, las tiendas, etc.).
Aquí es importante mencionar que si bien las personas de
Sonoyta y las Calenturas, en específico la generación
de doña Lily y doña Alicia (nacidos en las décadas
1930-1940), se adscribían como O´odham, también
recalcan que ya no eran como los viejos O´odham (los pápagos
crudos), como sus abuelos y padres. Muchos de ellos ya no conservaban
importantes prácticas socioculturales propias de la tradición
de sus antepasados –como la lengua-, de ahí que señalen
que eran miembros del grupo pero de una manera distinta a la de sus
ancestros; por ello y en el afán de dar cuenta del cambio y la
continuidad, recalcan que son descendiente de los viejos. Así,
en función de la historia de vida, de los referentes que tenía
y de la relación tanto con su grupo de procedencia como con
otros grupos sociales próximos, había diversas maneras
de ser O´odham; en este caso nos avocamos a la forma propia de
la generación de doña Alicia y doña Lily. No
obstante esto no significó que la discriminación y la
desigualdad hayan desaparecido o incluso disminuido. Los O´odham
de Sonoyta vivieron, en una situación de desventaja, un fuerte
proceso de inserción en un modo de vida urbano capitalista
caracterizado por el trabajo asalariado y por la primacía del
individuo sobre los valores comunitarios.
3.9 CONCLUSIONES.
Tras la descripción de la vida en estas dos comunidades en la
primera mitad del siglo XX es posible destacar que, así como
hay varias características fundamentales que comparten,
también hay diferencias socioculturales importantes que le dan
a cada caso un cariz específico. El territorio O´odham,
así como los diversos poblados que lo componían, no
eran homogéneos. Respeto a las características en común
entre los O´odham de las Calenturas y Sonoyta encontramos las
siguientes: 1) Ambas tenías actividades culturales, que
fungían como uno de los principales referentes simbólicos
que articulaban su adscripción étnica. Destacan
principalmente el caso de las ceremonias, tanto las vinculadas a la
tradición prehispánica (la danza del Buro), como a las
derivadas de la herencia católica española (la fiesta
de san Francisco). Aparte de ser eventos regionales donde se
encontraban con O´odham de otras localidades de Sonora y
Arizona y reforzaban los lazos sociales a escala inter-comunitaria,
en estas festividades también se demostraba la capacidad de
organización y acción comunitaria de las
Calenturas-Pozo Prieto y Sonoyta.
2) Otro punto en común es que ambos asentamientos basaban su
modo de vida en una estrecha relación con el desierto y
recogían la herencia de sus antepasados respecto a los saberes
acerca de su entorno natural. En ambos localidades la agricultura
jugaba un papel preponderante, más en Sonoyta por estar a pie
de río. Cabe resaltar que el cultivo de la tierra era una de
las principales actividades mediante las cuales los O´odham se
relacionaban y hacían uso del territorio, aunque no era la
única; también estaban las ceremonias, las visitas
familiares, los intercambios de diversa índole.
3) Aunado al modo de vida, estaba el trabajo comunitario que giraba
en torno a la labor agrícola y los sistemas de irrigación
mecánicos. Tanto en Sonoyta como en las Calenturas, los
hombres elaboraban y mantenían canales de riego y diques de
agua para abastecer los campos de cultivo; esto también era
legado de los antepasados. 4) En este orden de cosas, como se vio, el
papel de los antepasados remotos y directos jugaba un papel clave en
estas comunidades, no sólo porque les transmitían una
serie de conocimientos y prácticas que les permitían
subsistir y hacer del desierto su hogar, sino porque además
eran las largas genealogías familiares y sociales de las que
estos O´odham eran resultado. Como reiteradamente se mencionó,
se era O´odham porque los padres y los abuelos lo había
sido y habían habitado el desierto desde hacía siglos.
5) Además, estas comunidades conservaban la forma de
organización a través de la autoridad tradicional, “el
gobernador”, que en las Calenturas fue Iziquio Tiznado y en
Sonoyta fue José León Parra. Parte de estas estructuras
de deliberación comunitaria eran también los hombres
mayores, quienes, junto con el gobernador, tomaban las decisiones de
orden comunitario y eran quienes veían por la organización
y realización de las ceremonias.
6) También hay que resaltar que ambas comunidades compartían
relaciones de poder desiguales con los grupos sociales circundantes
(los rancheros y los mestizos de las localidades cercanas), lo que se
manifestó a través de la discriminación y
exclusión que padecían los O´odham. Pero como se
verá, el caso de Sonoyta era más acentuado.
7) Para concluir la parte de las semejanzas, conviene resaltar que,
dentro de los procesos de adscripción con un claro contenido
local, los O´odham de estas comunidades compartían un
fuerte núcleo de significados en común y que ser
O´odham en ese tiempo se articulaba en torno a los ejes de: a)
la relación con la tierra y el territorio, b) de ser parte y
vivir en la comunidad de origen, c) así como tener presente y
reafirmar la filiación a una genealogía parental, d) lo
que, por último, desemboca en ser consciente y participe a
nivel local y regional de la historia social y sagrada del grupo.
Ahora bien, las
diferencias entre Sonoyta y las Calenturas (entre 1930 y 1940) no
eran nimias y daban a cada caso un cierto perfil específico.
1) El ejercicio de la lengua, por el peso que antes y hasta la fecha
tiene, es uno de los ejes de diferenciación social interna.
Mientras en las Calenturas el O´odham fue la lengua con la que
se nombraba el mundo y se socializaba sin importar la edad pues
prácticamente todos hablaban la lengua tradicional, en
Sonoyta, el ejercicio de esta práctica cultural estaba
limitado a los abuelos y algunos de los padres, siendo el español
la lengua de los jóvenes, los niños y buen parte de los
padres.
2) Otro de los rasgos distintivos fueron las prácticas de
movilidad. Sonoyta, por estar a pie de río y tener una fuente
de agua casi permanente, era una comunidad que dependía casi
exclusivamente de la agricultura, por ello no se desplazaban en el
verano y el invierno. En cambio, los O´odham de las Calenturas,
a pesar del peso importante que tenía el cultivo de la tierra,
recurrían a movimientos cíclicos al Pozo Prieto para
obtener agua y otros recursos, ya fuera mediante la recolección
de pitaya, duraznilla y flor de sahuaro o la cacería.
3) Lo anterior también tiene que ver con el hecho de que, si
bien ambas comunidades tenían intercambios de productos, la
economía de Sonoyta tenía un tinte mucho más
mercantil y estaba más orientada a la venta de productos. Sin
por esto olvidar que el grueso de los alimentos que consumían
ambas comunidades eran auto-producidos. La Calenturas era más
una economía mixta de auto-consumo y venta.
4) Por otro lado, los matrimonios endogámicos, que eran una
práctica ancestral a través de la cual se reproducía
el grupo, tenían un peso distinto en las Calenturas y Sonoyta.
En las Calenturas, salvo alguna excepción como los López
Juárez, la mayoría de las familias eran encabezados por
uniones donde ambos padres eran O´odham. En cambio, en Sonoyta
la gran mayoría de los matrimonios eran mixtos (O´odham
y mestizo), de hecho, de las personas con las que se trabajó
originarias de esa comunidad, ninguna mencionó que sus dos
padres fueran del grupo étnico, sólo uno de ellos era
O´odham.
5) Esto tiene que ver con otro punto clave, la relación
cotidiana y extraordinaria con los grupos sociales no indígenas.
Mientras las Calenturas era una comunidad parcialmente aislada (en la
región donde estaban eran prácticamente los únicos
habitantes), la comunidad de Sonoyta estaba a unos kilómetros
del pueblo de Sonoyta y había un contacto mucho más
cercano, frecuente e intenso con los mestizos y rancheros. Además,
Sonoyta, por su ubicación geográfica (ser una localidad
fronteriza), era un punto de encuentro y paso para aquellos que de
México iban a EU y viceversa. El pueblo de Sonoyta era un
centro regional para el intercambio de diversos productos. En cambio,
las Calenturas no se encontraban en un punto geográfico de
importancia regional en el que confluyeran diversos actores o
procesos sociales. Sus vínculos con los mestizos se limitaban
casi exclusivamente a las visitas a Caborca y alguna que otra
festividad, los encuentros eran selectivos y no muy frecuentes.
NOTAS
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