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I° Encuentro Regional de Turismo
Cultural.
Universidad Católica de Salta - Instituto Jean Piaget -Fundación
Capacitar del NOA
Literatura y turismo cultural
Dra. Alicia Poderti
CONICET - UNSa
No sólo la documentación escrita, los objetos arqueológicos
y los monumentos pueden dar testimonio de nuestra historia y nuestras
tradiciones. También la literatura y los relatos orales generados
en las comunidades del NOA son poderosas fuentes de rescate del
imaginario colectivo.
Las leyendas pueden proveer elementos históricos en la anécdota
o en la toponimia. En este sentido, el ademán lingüístico
de las leyendas consiste en actualizar el pasado histórico
cultural de una comunidad, reinstalando y recomponiendo el ciclo
mítico, necesario para su vida cotidiana.
Un corpus de narraciones orales recopiladas recientemente en la
localidad de Coranzuli, en el departamento de Susques, situado al
noroeste de la provincia de Jujuy demuestra la influencia de los
relatos sobre la historia del Rey Inca en nuestra zona.
El motivo de la inversión de papeles es el motor fundamental
de estas narraciones que intentan recomponer el ciclo mítico
andino. La transgresión impuesta por la llegada de los españoles
busca ser contrarrestada por el accionar de un héroe, el
Inca, quien es capaz de devolver a su pueblo las condiciones de
vida que gozaran en el pasado. Las expectativas indígenas
centradas en el regreso del Rey Inca significan el resurgimiento
de una nueva era que se proyecta hacia el futuro. Los relatos legendarios
funcionan, en este sentido, como un mecanismo de resistencia étnica
y social.
Las leyendas que toman como personaje central la figura del Rey
Inca hacen confluir, en una misma textura, lo individual y lo colectivo,
la oralidad y la escritura, articulando una versión de los
hechos del pasado andino que demuestra la capacidad de las culturas
nativas para resignificar su propia historia. Así, la violencia
de la desaparición del Rey Inca deviene en un modelo que
no hace diferencia entre los modos de representación históricos
y literarios, con el fin de restaurar la justicia esperada por los
indígenas. Esta combinación simbólica se manifiesta,
en las narraciones que reactualizan el ciclo mítico del Rey
Inca, en algunas marcas significativas:
- Los límites espaciales sobre los que se extiende el reinado
del Inca se circunscriben a la región andina, y especialmente
a una extensa zona configurada como el ámbito del Tucumán
colonial, cuya ruta principal era el camino real o Camino del Inca
, eje de las culturas incaica, adoptado por los españoles:
"En el cerro Collamboy era el paradero. Ahí en la
cordillera de Chile, en la frontera de Chile, allí tiene
otro paradero. También tiene otra ciudad grande tamaño.
Pero todos los cerros ha dominado él. Ha dado límites,
todo eso ha dejado limitado el Rey Inca. Los mojones hasta ahora
están parados, los mojones que ha dejado. Ha dejado el Rey
Inca limitado todo. Como ser Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca,
todos sus valles están limitados por el Rey Inca Manco y
que hizo a la parte de la parte de nosotros, los dueños somos
de Sudamérica, los españoles todo, más que
aclarar en el mapa y listo por donde cuerta [corta], cuerta. Por
eso todo ha quedado limitado por el Rey Inca. Lo dejó en
ese libro. El Redotero (sic). Y de ahí lo han copiado, por
donde separa Chile, por donde separa la Argentina, así sucesivamente.
Es un libro grande que alzan ocho hombres. Ese libro grande que
lo llevaron los españoles. Y no sé si está
en Buenos Aires, o está en el extranjero."
- El Rey Inca conoce donde se atesoran las riquezas que pertenecen
al pueblo, pero al ser muerto los minerales se esconden debajo de
la tierra. En este itinerario cíclico orden-caos, se suceden
grandes capítulos de reestructuración ambiental, en
los que las riquezas y los bienes pueden aparecer a flor de la tierra
u ocultarse, según el devenir de los ciclos divinos:
"... Y la riqueza estaba a flote de tierra. Donde quiera
sacaba oro, plata, lo que quería. Por eso los españoles
se han venido, en cuanto han descubierto, se han venido a sacar
el oro. Aquí en la cordillera cuantas minas no hay que ha
dejado todo. Pero el oro lo sacaba como maíz. Claro que el
Rey estaba vivo y la riqueza a flor de tierra. El era el dueño
de las riquezas, el Rey manda. El manda toda la riqueza. Igual tiene
que ser, supongamos en España, el Rey manda. El rey manda
todas las riquezas. Por eso hay oro, hay todo. Pero está
la riqueza encima, porque está el Rey. Así como Inglaterra,
todas esas partes, hay muchas naciones que maneja el Rey. Entonces
la riqueza está encima. Y si aquí hubiera estado vivo
nuestro Rey Inca, hoy somos... Aquí no se iba a conocer la
pobreza. Todos tenemos oro, todo mineral a flote. Y le hubieran
dejado que viva, por supuesto que hubiera sido. Y bueno, entonces,
Francisco Pizarro ha venido con setenta soldados y le han querido
llevar y él no quería ir. Para bautizarlo lo querían
llevar. Y no, no quería ir, porque no quería. Entonces
ofreció el oro, para que en fin, recompensara que lo dejen
ahí. Y no lo han querido dejar, lo han tenido que matar.
-Si no vas te matamos. Y bueno, lo mataron. Y ese instante que lo
mató se perdió la riqueza adentro."
- Los motivos de Inkarri se integran a estas narraciones orales.
Los relatos sobre Inkarrí se integran a ese cúmulo
de manifestaciones de la cultura popular andina. En general, los
diferentes relatos del ciclo mítico de Inkarri relevados
en el arco andino, coinciden en narrar que los conquistadores cercenaron
la cabeza del Inca, que desde entonces está separada de su
cuerpo. Cuando ambos se encuentren terminará ese período
de desorden, confusión y oscuridad que iniciaron los europeos,
y los hombres andinos (los runas) recuperarán su historia:
los conquistadores cercenan la cabeza del Inca, iniciando un período
de desorden natural que persiste hasta la actualidad:
"El Rey Inca vivía por acá, cerca de esto.
Era una persona, pero no vivía así como en una ciudad.
El tenía parece un palacio en un cerro. Ahí vivía.
(...) Entonces vino el Rey de España para llevarlo aquí
donde estaba él. Él, dice, se enterró en una
campana grande. Dice que tenía una salida para arriba de
la campana. Dice que le ha dicho: -Que le lleven mi cabeza, mi cuerpo
no. Entonces se metió en la campana él y sacó
la cabeza por arriba de la campana y era una campana pesadísima,
que nadie lo podía alzar. Y la campana que seguía
ajustando el cuello. Y justo el cuerpo quedó abajo de la
campana y la cabeza encima. Y la cabeza lo llevaron. Le cortó
la cabeza directamente con una sola campana se iba ajustando poquito
a poco hasta cortarlo totalmente (...).
Cuando lo mataron desapareció la cabeza, se fue al Cerro
Licancaur en Chile. Es un cerrito que parece una pirámide.
En el corazón de ese cerro dice que está la cabeza
del Rey Inca. Hasta ahora (...)."
Los relatos legendarios sobre el Rey Inca relevados en comunidades
del noroeste argentino, evidencian la continuidad del pensamiento
prehispánico. Aunque la superioridad del español convirtió
a las etnias autóctonas en pueblos desposeídos de
gran parte de sus prácticas culturales, es interesante marcar
que el lugar de enunciación desde el que se recrean estos
relatos coloca en un mismo nivel a invasores e invadidos. El Rey
Inca es tan poderoso como el Rey de España, y el enfrentamiento
entre estos personajes se desarrolla a partir de una relación
de paridad. Este plano de significaciones, que pulsa gran parte
del pensamiento andino a partir de la Colonia, es el que permanecerá
en la base de las grandes rebeliones del siglo XVIII, en la que
el discurso rebelde supone el re-conocimiento de los valores que
otorgan a los pueblos aborígenes su derecho a la existencia.
Leyendas sobre Esteco
Otro cuerpo de leyendas da cuenta de un espacio histórico
que ha sido objeto de muchas investigaciones. En 1692, la ciudad
de Esteco fue destruida por un terremoto que sacudió a gran
parte de las fundaciones en el Tucumán colonial. La posición
estratégica de la ciudad la promovió entre las principales
poblaciones del Tucumán durante el período colonial,
tanto en sus aspectos económicos como culturales, por cuanto
estaba situada en la confluencia de las rutas comerciales más
importantes de estas regiones del Perú: el camino real o
del Inca. Éste partía desde Lima, capital del virreinato
del Perú, y se adentraba en la cordillera occidental pasando
por Potosí. Bajando por Charcas, atravesaba el Alto Perú
continuando por la quebrada de Humahuaca y el valle de Salta hasta
Esteco. Antes de seguir su itinerario hacia el sur, este camino
empalmaba con la llamada "ruta del infierno", que comunicaba
con el Paraguay, traspasando el corazón del Gran Chaco Gualamba,
en una travesía plagada de peligros entre las feroces naciones
indígenas.
Según algunos testimonios producidos por religiosos de la
Compañía de Jesús, la conducta de los habitantes
de Esteco era de exagerado lujo y orgullo. El Padre Lozano, en su
Historia de la Conquista del Paraguay, escrita hacia el año
1764, explica:
"El terreno de la nueva ciudad era igualmente ameno que
fecundo (...) creció mucho esta población con estas
comodidades pero la tiranía del tiempo que se alimenta de
destruir y deposita en las mismas ruinas sus trofeos, tiene un poco
de qué gloriarse en la asolación de esta ciudad con
sus continuadas vicisitudes, porque habiendo llegado a ser la más
opulenta de todo el gobierno de Tucumán, con tal demasía
que aún los brutos se calzaban de herraduras de plata y tal
vez de oro, después empezó a combatir con tal tesón
la desdicha que, a los sesenta años de su edad, ya no era
sombra de sí misma, reducida a miseria la opulencia, porque
faltando el servicio de los indios a estragos de algunas epidemias
y a rigores de los encomenderos, en castigo de su crueldad y de
su profusión, se fue poco a poco despoblando y, ultimamente,
en el espantoso temblor del año de 1692, se asoló
miserablemente, quedando sólo algunos vestigios de la ruina
que dan señal al escarmiento... (en Lamas, 1874)."
El padre de Olañate, también religioso jesuita, describe:
"Había en esta ciudad una casa con juegos y otros
vicios... que todos llamaban "el infiernillo" y con ser
cosa tán pública y perniciosa aún la misma
justicia no la podía remediar; y con la eficacia y celo de
un sermón de los nuestros se quitó del todo, agradeciéndolo
toda la ciudad" (en Reyes Gajardo, 1968: 34).
El relato legendario recreado por Carrizo, en su Cancionero
Popular de Salta (1933) enlaza los motivos del vaticinio con
la tragedia histórica, concentrando, en una misma narración,
varios motivos que se integran al cuerpo de leyendas sobre la ciudad
de Esteco:
"Es fama que un día llegó a Esteco un peregrino,
que vino a llamar a las puertas de estos ricos orgullosos y en todas
partes no recibía sino denuestos e insultos. Rezaba a gritos
por las calles y decía profetizando: '¡Se pierde Esteco!,
¡Se pierde Esteco!, ¡Salta saltará, San Miguel
florecerá y Esteco se hundirá!'. Pero era tomado por
loco y apedreado. Un día salió el peregrino de la
casa de una mujercita pobre que lo hospedaba, a predicar la humildad,
la caridad y la templanza, pero nadie lo escuchó tampoco
y viendo que ni chicos ni grandes, ni mujeres ni ancianos veían
el castigo de Dios que se aproximaba, regresó a la casa de
la buena mujer y le dijo que tomara a su hijo de meses y saliera
tras él, sin volver la cara al pueblo pervertido. Así
hizo la estaqueña y cuando hubieron vadeado el río
Pasaje, se sintió un sacudimiento de tierra y un estrépito,
la mujer volvió la cabeza movida por la curiosidad y vio
a Esteco envuelta en llamas y convertida en escombros. Era el día
trece de septiembre de 1692, a la diez y media de la mañana.
La mujer quedó hecha piedra y la ciudad pavesas, víctima
de su orgullo y vanidad. Han pasado doscientos treinta y nueve años
y pocos escombros quedan ya de lo que fue la ciudad. Cuesta trabajo,
entre los montones de tierra, poder definir, esto fue templo, aquello
cabildo, aquí estuvo un molino y allá un horno de
fundición. Arboles añosos han invadido el recinto
de la ciudad maldita. la Sodoma americana está ahí
cerca de la confluencia del río Las Piedras con el Pasaje,
algunos han desenterrado objetos de plata, otros efigies de santos
y los más ladrillos, tejas, clavos y cerraduras. Yo he visto
piedras de molino, acequias borradas, y es creencia general que
la estatua de piedra de la mujer con el niño en los brazos,
se hace visible de tiempo en tiempo entre la hojarasca del monte,
en la otra banda del río, al pie del cerro Lumbreras"
(Carrizo, 1933: 32?33).
Salta en el espacio andino
Hagamos un salto en el tiempo y transportémonos hasta el
primero años del siglo XX, cuando aparece en la escena nacional
la corriente literaria llamada "regional" o "regionalista".
La lectura de una literatura denominada regional, en las investigaciones
actuales, se fundamenta en la observación de los registros
culturales que participan en cada texto, registros que están
en íntima relación con las referencias geográficas,
históricas y sociales que conforman un discurso diferenciado.
De este modo, la literatura argentina se desarrolla en dos vías:
por un lado, los textos literarios que funcionan referencialmente
en la Capital Federal en tanto cosmópolis central y centrífuga
del país, y por el otro, aquellos cuya circulación
cultural remite a las diversas regiones en sus particularidades
sociales. Los textos literarios del segundo grupo quedan automáticamente
incluidos en la categoría de lo regional, que comprende derivaciones
tales como el nativismo, el localismo y el costumbrismo. Todas estas
variantes refuerzan la idea de que los lenguajes literarios se constituyen
geoculturalmente.
Como expresa Rodolfo Kusch: "A nivel metodológico
cabe considerar entonces, desde un punto de vista geocultural, que
existen unidades estructurales que apelmazan lo geográfico
y lo cultural constituyendo una totalidad difícil de penetrar,
a no ser que la misma unidad proporcione los medios para hacerlo".
La región que se dibuja en la prosa de Juan Carlos Dávalos
se circunscribe principalmente a los valles calchaquíes en
sus respectivos ámbitos -desde los valles cercanos hasta
las alturas y desde el sur salteño hasta el extremo noroeste-
y en sus distintos grados de transculturación. Los personajes
de este ámbito, que se encarnan en hombres, animales, paisajes,
vehiculizan la voluntad de rescate de un extenso material léxico
y de las raíces precolombinas, configurando el espacio cultural
que sentará las bases del llamado "regionalismo"
o "nativismo" literario, que tanto se ha discutido en
las generaciones siguientes. Pero esa exploración de los
caudales folk y el sitial que Dávalos ha ocupado en la historiografía
literaria como "escritor de tierra adentro", se asientan
en un esfuerzo de construcción realizado por este creador:
"Es indiscutible que Dávalos organizó esa
cultura. Por una parte incorporó y dio jerarquía literaria
a todos los materiales que proporcionaba una región inexplorada
por la literatura. Y se acercó a esos materiales con la mayor
amplitud de perspectivas" (Fontenla, 1987: IV).
No obstante la preponderancia del ambiente vallístico, Dávalos
también enfoca -sobre todo a partir de Los Gauchos-
la región selvática conocida como "La Frontera".
Y también es importante rescatar la ruta descripta por Dávalos
en su cuento "El viento blanco". Su protagonista -Antenor
Sánchez-, es un personaje extraído de la vida real
que presta a Dávalos las características del hombre
comprometido en un episodio cotidiano de la economía regional:
el arreo de ganado hacia Chile y Bolivia.
En el texto de Dávalos, los arrieros habrán de enfrentar
una serie de conflictos que signarán su itinerario a través
de las montañas. Así, el clímax narrativo va
creciendo a medida que se aproxima la gran tormenta de nieve que
tejerá el trágico desenlace.
Más cerca en el tiempo, podemos recorrer la región
plasmada en la escritura de Manuel J. Castilla. Ésta, como
un intento de recuperación de la raigambre altoperuana de
las provincias norteñas, excede la circunscripción
administrativa de Salta, extendiéndose más allá
de la frontera nacional, hacia el altiplano boliviano y las minas
de Potosí y Oruro. Como ha expresado Horacio Salas: "...los
versos de Castilla trazan una suerte de geografía de una
amplia región del norte argentino, que se interna en Bolivia,
se apuna en las alturas, se calcina en el Chaco.." (1998).
Esa estructuración castillana del espacio se articularía
en un sistema poético indigenista de vanguardia, surgido
en el sur de Perú hacia fines de la década del '20,
y al que Castilla habría tenido acceso durante sus viajes
a Bolivia, en donde se radicó posteriormente Gamaliel Churata,
fundador del grupo Orkopata. Este sistema no sólo se difunde
con independencia de los centros hegemónicos, Lima y Buenos
Aires, sino que cruza las fronteras nacionales regidas por esos
centros.
Aquella construcción tiene que ver con una pertenencia cultural
que se expresa en el espectro lingüístico de la producción
castillana, que emparienta las características idiomáticas
de la ciudad de Salta con las de otras regiones, como el Chaco salteño,
los Valles Calchaquíes y la región fronteriza con
Bolivia, y recibe influencias de culturas aborígenes como
la guaranítica (a través de las comunidades tobas,
chiriguanas y matacas) o el quechua/ aymara.
Estos testimonios literarios dan cuenta de cómo se estructuran
las regiones geoculturales y la fuerte influencia de la vertiente
andina sobre nuestra historia y tradiciones.
La cultura y el turismo están profundamente unidos, así,
en Salta, hubo un momento en el que, desde el punto de vista político,
las dos áreas funcionaban juntas y promovían, entre
otras acciones, la edición de libros. En esa etapa, bajo
el sello de la "Dirección Provincial de Turismo y Cultura",
fueron publicados textos de los escritores Manuel J. Castilla, Juan
Carlos Dávalos, Raúl Aráoz Anzoátegui,
José Ríos, Néstor Saavedra, José Fernández
Molina, María Angélica de la Paz Lescano, José
Hernán Figueroa Aráoz, Mercedes Clelia Sandoval, o
Walter Adet, con su recopilación de Poetas y prosistas
salteños, entre otros.
En la actualidad, una idea que podría conectar, el turismo
con la literatura sería la recuperación de las casas
de nuestros escritores. Recordemos que en Córdoba puede visitarse
la casa de Leopoldo Lugones, y en Misiones la casa de Horacio Quiroga
es un importante centro turístico. En Salta tenemos la casa
de Juan Carlos Dávalos, en 20 de febrero al 600 y la casa
de Manuel J. Castilla en el Pje. Sargento Cabral 978... Estos lugares
aún no han sido explotados turísticamente y sería
importante realizar este esfuerzo por la difusión de nuestra
cultura en su conjunto.
Así, junto a la implementación de proyectos de envergadura
para potenciar los servicios turísticos, que incluyen la
optimización y difusión de nuevos circuitos turísticos
arqueológicos, antropológicos, fotográficos
y de aventura, debe agregarse la creación de un mercado turístico
basado en las raíces literarias de Salta.
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